10 objetivos terapéuticos de la terapia centrada en el niño

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Existen objetivos terapéuticos generales que son consistentes con la teoría y el enfoque centrado en el niño. En el año 2002 Landreth sugirió lo siguiente respecto a los objetivos que se deben manejar en terapia de juego en niños:

Los objetivos generales de la terapia de juego centrada en el niño son consistentes con el esfuerzo interno y autodirigido del niño hacia la autorrealización. Una premisa primordial es proporcionarle una experiencia de crecimiento positivo en presencia de un adulto comprensivo que le ofrece apoyo a fin de que pueda descubrir sus fortalezas internas. Dado que la terapia de juego centrada en el niño se enfoca en la persona del niño más que en su problema, se insiste en facilitar sus esfuerzos por convertirse en una persona más adecuada y afrontar los problemas actuales y futuros que pueden tener impacto en su vida. Con ese fin, los objetivos de la terapia de juego centrada en el niño consisten en ayudarlo a:

  1. Desarrollar un autoconcepto más positivo
  2. Asumir una mayor responsabilidad consigo mismo
  3. Volverse más autodirigido
  4. Llegar a aceptarse más
  5. Lograr ser más independiente
  6. Mostrar autodeterminación en la toma de decisiones
  7. Experimentar un sentimiento de control
  8. Volverse sensible al proceso de afrontamiento
  9. Desarrollar una fuente interna de evaluación
  10. Llegar a confiar más en sí mismo

Terapia centrada en el niño

En el avance hacia esos objetivos de la terapia centrada en el niño se desarrolla la relación terapéutica, que surge cuando el terapeuta comunica aceptación y comprensión.

Durante la terapia de juego centrada en el niño. Los niños empiezan a reconocer su valor interno cuando el terapeuta de juego responde de manera sensible a la parte emocional interna de su persona mediante la aceptación y reflejo de los sentimientos expresados de manera verbal o no verbal. Como parte de este proceso, el terapeuta de juego centrado en el niño por lo general evita hacer preguntas. Éstas tienden a llevar a los niños del mundo de la emoción al mundo de la cognición, lo cual en esencia frustra la lógica del desarrollo para el uso de la terapia de juego. Las preguntas también estructuran la relación de acuerdo con la agenda del terapeuta, lo que dirige la atención más a éste que al niño.

En la terapia de juego centrada en el niño se evita cualquier tipo de evaluación. Los niños son alentados pero no elogiados debido a que el elogio establece un patrón evaluativo. Las afirmaciones evaluativas privan al niño de la motivación interna, toda vez que en ese punto la dirección es del adulto. En consecuencia, el terapeuta permite que sea el niño quien dirige y evita de manera diligente interferir en el juego del niño. Lo anterior no debe eliminar la participación en el juego del niño, pero esta participación debe hacerse bajo su dirección. La participación implica que el niño sea director y coreógrafo de la experiencia de juego, mientras que el terapeuta sólo sigue las claves del niño. Se interfiere en el juego del niño cuando se le hacen preguntas, se le ofrecen soluciones o sugerencias, o se le permite manipular al terapeuta para que se convierta en un maestro o haga cosas para el niño. Los niños no aprenden a autodirigirse, autoevaluarse ni a ser responsables cuando el terapeuta evalúa u ofrece soluciones.

Por ultimo, Landreth ofrece un recordatorio importante:

En la terapia de juego centrada en el niño no se hace intento por controlar al niño, por lograr que sea de cierto modo o por llegar a una conclusión que el terapeuta ha decidido que es importante. El terapeuta no es la autoridad que decide qué es mejor para el niño, lo que éste debería pensar o cómo debería sentir. Si ese fuera el caso, el niño se vería privado de la oportunidad de descubrir sus fortalezas.

Referencia: Charles E. Schaefer. “Fundamentos de terapia de juego”. 2a edición.: Editorial El Manual Moderno, — México. 2012. Pág. 134.
 tr. por María Elena Ortiz Salinas.

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