5 actitudes más frecuentes del suicida la #3 es la más aterradora

Las  actitudes más frecuentes del suicida han sido obtenidas gracias a los indices de suicidio según la OMS en la que explican las 5 actitudes más frecuentes de las personas previas a suicidarse.

El presuicida tiene diversas formas de presentarse, y también son muy diferentes los mensajes que quiere transmitir. A continuación describiré algunas de las posibles significaciones de la conducta suicida:

Actitudes más frecuentes del suicida

  1. Llamada de socorro: toda conducta suicida es como un grito en el desierto de la propia soledad y desesperación del sujeto, que pretende sentir el amparo de otro ser humano.

En este caso del terapeuta. En numerosas situaciones, el sólo hecho de sentirse escuchado es un buen remedio contra sus ideas autodestructivas. Por esto, el cliente, principalmente, lo que desea es hablar con alguien, independiente de su profesión (psicólogo, psiquiatra, médico de Atención Primaria etc.)

2. Victimación: es el caso del usuario más preocupado por transmitir su malestar y desgracia, que su propia intención suicida. ”Mire que desgraciado soy, que hasta estoy pensando en el suicidio”, suele ser su mensaje. Aún en estos casos, no podemos pasar de largo, aunque detectemos que el consultante desea presentarse como “victima” ante los demás, pero tampoco nos podemos aliar con su sentimiento de degradación ante la vida.

Una actitud serena, pero también clarificadora de la situación objetiva, puede arrojar luz en las tinieblas del “presuicida”.

3. Sadismo: es la otra posibilidad: no agredirse sino agredir al otro. Son esas consultas cargadas de irritabilidad, intento de agresiones verbales del terapeuta. Incluso la misma comunicación de su deseo de muerte se realiza en un contexto descalificador del especialista. En estas consultas se establece un imaginario pulso entre: las agresiones del cliente y la actitud sanadora del terapeuta. De la salud mental y conocimientos de éste, dependerá que la relación terapeuta-paciente no se convierte en una riña de patio de vecinos. El terapeuta deberá estar preparado para “soportar” estas agresiones, y metabolizarlas una vez que termine la consulta. De lo contrario, se sentirá “tocado” por las ideas suicidas del usuario.

4. Culpabilización: es posiblemente una de los factores más decisivos en la consumación de la ideación suicida. Sobre todo en las “pérdidas” (muerte de un ser querido, etc.) el sujeto lo puede vivir como una imposibilidad para reparar esa “herida”, al mismo tiempo sentirá que ha perdido al ser querido porque no hizo lo suficiente para salvarlo. Esta situación es más evidente en las parejas de ancianos: la muerte de uno de ellos puede desencadenar un fuerte sentimiento de culpa en el otro, que le puede conducir al suicidio. En estos casos, ayudar en el proceso de elaboración del duelo, es el mejor remedio. También “la culpa conocida” (ante un desfalco, un incesto, etc.) puede conducir al suicidio.

5. Reacciones en cortocircuito: son conductas suicidas impulsivas como respuesta a una vivencia muy traumática: separación, diagnóstico de enfermedad mortal, etc. El consultante expresa su deseo de morir, al no soportar la angustia que le produce el acontecimiento traumatizante. La acción terapéutica debe ir dirigida a parar ese impulso suicida a través de intervenciones de contención: la disponibilidad, el contrato de no suicidio, entre otras.

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