Amnesia infantil

Amnesia infantil

Diversas investigaciones en el campo de la memoria demuestran que nuestros recuerdos personales más tempranos tienden a remontarse a los tres y cuatro años de edad. Es raro que la gente recuerde hechos ocurridos antes de los dos años de edad. Este fenómeno en ocasiones se denomina amnesia infantil.

Amnesia infantil

No se sabe exactamente por qué a la gente le resulta difícil recordar eventos de sus primeros años de vida, aunque se han propuesto varias explicaciones. Una hipótesis sostiene que la amnesia infantil se debe a que el encéfalo del niño no está totalmente desarrollado al nacer. En el año 1997 Jacobs y Nadel señalaron que el hipocampo, que es tan importante en la formación de la memoria episódica y semántica, no se forma plenamente sino hasta los dos años. Otra teoría sugiere que la amnesia infantil ocurre porque el pequeño no posee un claro sentido de sí mismo. Sin un sentido del yo, los niños muy pequeños encuentran difícil organizar e integrar sus experiencias en un esquema coherente de memoria autobiográfica. Otros teóricos afirman que los recuerdos infantiles se pierden porque los niños pequeños no poseen las habilidades lingüísticas necesarias para fortalecer y consolidar las experiencias tempranas.

Un caso de memoria extraordinaria

Uno de los casos documentados más famosos de memoria extraordinaria proviene del trabajo del distinguido psicólogo Alexander Luria. Durante más de 20 años, Luria estudió a un reportero ruso llamado Shereshevskii (“S”). Posterioremente en la mente de un mnemonista (1968), Luria describe como “S” podía recordar una gran cantidad de trivialidades sin sentido así como fórmulas matemáticas detalladas y arreglos complejos de números. Era capaz de repetir con facilidad listas de más de 70 palabras o números después de haberlos escuchado o visto una sola vez.

 “S” y otras personas con memoria excepcional no nacieron con un don especial para recordar las cosas. Más bien, desarrollaron con cuidado técnicas de memoria usando ciertos principios. Por ejemplo, Luria descubrió que cuando “S” estudiaba largas listas de palabras, formaba una imagen gráfica para cada elemento. Por ejemplo, cuando leía una lista larga y aleatoria de palabras, “S” visualizaba una calle bien conocida, asociando específicamente cada palabra con algún objeto a lo largo del camino. Cuando se le pedía recitar las listas de palabras, daba un paseo imaginario por la calle, recordando cada objeto y la palabra asociada con él. Al organizar sus datos de una manera que le era significativa, podía vincularlos más fácilmente con el material que ya existía en su me- moria de largo plazo. A su vez, esta conexión le proporcionaba muchas más claves de recuperación de las que habría tenido para hechos aislados carentes de significado.

Desarrollar una memoria excepcional requiere tiempo y esfuerzo, Los mnemonistas, personas que son sumamente hábiles para usar técnicas de memoria, con frecuencia tienen razones poderosas para desarrollar su memoria. “S” aprovechaba sus habilidades de memoria en su trabajo como reportero.

Ante datos de investigación como éstos, un investigador de la memoria concluyó: Una de las cosas más interesantes que hemos descubierto es que el mero hecho de tratar de recordar las cosas no asegura que la memoria mejorará. Lo que hace la diferencia es la decisión activa de mejorar y el número de horas que dediquemos a ello. La motivación es mucho más importante que la capacidad innata.

Referencia: Morris, G. Charles. “Psicología” Decimotercera edición. Editorial Pearson. México. 2009. Pág. 260

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