Análisis Transaccional Eric Berne

Analisis transaccional Eric Berne

Relaciones Sociales
LA TEORÍA de las relaciones sociales que ha sido delineada con alguna extensión en Transactional Analisis, puede concretarse como sigue.

Spitz ha descubierto que los niños pequeños privados del contacto físico durante un largo periodo, tienden a declinar irremisiblemente y están propensos a sucumbir eventualmente a una enfermedad intercurrente. En efecto, esto significa que lo que él llama privación emocional, puede tener un resultado fatal. Estas observaciones dan paso a la idea del hambre de estimulo, e indican que las más favorecidas formas de estímulo son aquellas proveídas por la intimidad física, conclusión no difícil de aceptar sobre la base de la experiencia diaria.

Un fenómeno parecido se observa en los adultos sometidos a la privación sensorial. Experimentalmente, una privación así puede provocar una psicosis transitoria, o cuando menos dar lugar a perturbaciones mentales temporales. En el pasado, la privación sensorial y social tenía efectos similares en individuos condenados a largos periodos de confinamiento solitario. En verdad, el confinamiento solitario es uno de los castigos más temidos aun por prisioneros acostumbrados a la brutalidad física,3,4 y es ahora un procedimiento conocido para inducir a la sumisión política. (A la inversa, la mejor de las armas conocidas contra la sumisión política, es la organización social.)

En lo biológico, es probable que la privación emocional y sensorial tienda a traer o provocar cambios orgánicos. Si el sistema reticular activador del cerebro no es suficientemente estimulado, pueden ocurrir cambios degenerativos en las células nerviosas, al menos indirectamente. Esto puede ser un efecto secundario debido a la nutrición deficiente, si bien ésta, en si, puede ser un producto de la apatía, como en los niños que padecen marasmo. De aquí puede establecerse una cadena biológica que lleva, desde la privación emocional y sensorial, a la apatía, a los cambios degenerativos, y la muerte. En este sentido, el hambre de estímulo tiene la misma relación con la supervivencia del organismo humano, que el hambre de alimentos.

Así, no sólo biológicamente, sino también Psicológica y socialmente, el hambre de estímulo es, en muchas formas, paralela al hambre de alimentos. Términos como mal nutrición, saciedad, gourmet, asceta, artes culinarias, y buen cocinero, son fácilmente transferidos del campo de la nutrición al campo de la sensación. La sobrealimentación tiene paralelo en la sobrestimulación. En ambas esferas, bajo condiciones corrientes en que hay suficientes provisiones disponibles y un diverso menú es posible, la elección quedará determinada por la idiosincracia del individuo. Es posible que algunas o muchas de estas idiosincracias estén constitucionalmente determinadas, pero esto no tiene relación con los problemas que discutimos aquí.

El interés del siquiatra social, en el asunto, está en lo que sucede cuando en el curso normal del crecimiento el niño es separado de la madre. Lo que se ha dicho hasta aquí, puede concentrarse en el “coloquialismo”: 7 “Si no te acarician, tu espina dorsal se secará.'” por tanto, cuando el periodo de es trecha intimidad con la madre ha terminado, el individuo se encuentra, el resto de su vicia, enfrentado con un dilema contra el que su destino y supervivencia lo empujan constantemente. Por un lado están las fuerzas biológicas, sicológicas y sociales que se oponen al camino de la intimidad física, al estilo infantil; del otro, están sus esfuerzos constantes por conseguirla. En la mayoría de los casos acaba por transigir. Se resigna a más sutiles y aun simbólicas formas de intimidad, hasta que un simple saludo llega a servir, hasta cierto punto, a su propósito, aunque su original anhelo de contacto físico permanezca incólume.

Este proceso de transacción puede llamarse en varias formas, tales como sublimación; de cualquier modo que se le llame, el resultado es la parcial transformación del hambre de estímulo infantil en algo que puede llamarse hambre de reconocimiento. Conforme las complejidades de la transacción aumentan, cada persona se vuelve más y más individual en su búsqueda de reconocimiento, y son estas diferencias las que prestan variedad a las relaciones sociales y las que determinan el destino del individuo. Un actor de cine puede necesitar cientos de “caricias” semanales de admiradores anónimos para evitar que se “seque su espina dorsal”, mientras que un científico puede conservarse mental y físicamente sano con una “caricia”, al año, de un maestro respetado.

“Caricia” puede usarse como término general para el contacto físico; en la práctica puede tomar varias formas. Algunas personas acarician, literalmente, a un niño; aquéllas lo abrazan o le dan palmadas, mientras otras lo pellizcan juguetonamente o le dan golpecitos con la punta de los dedos. Todas esas formas tienen sus análogos en conversación, así que podría uno predecir cómo trataría un individuo a un niño, con solo escucharlo hablar. Extendiendo su significado, la palabra “caricia” puede emplearse para denotar cualquier acto que implique el reconocimiento de la presencia de otro. Así, caricia puede usarse como la unidad fundamental de la acción social. Un cambio de caricias constituye una transacción, la cual es la unidad de las relaciones sociales.

En cuanto se refiere a la teoría de los juegos, lo principal es que cualquier relación social tiene una ventaja biológica sobre la falta de relaciones. Esto ha sido experimentalmente demostrado en el caso de ratas, a través de sorprendentes, experimentos llevados a cabo por S. Levine.8 En ellos quedó demostrado que no sólo el desarrollo físico, mental y emo¬cional era afectado por el contacto directo, sino también la bioquímica del cerebro y aun la resistencia a la leucemia. Lo significativo de estos experimentos fue que tanto el contacto suave, como los dolorosos choques eléctricos, eran igualmente efectivos para fomentar la salud de los animales.

La valuación de lo que se ha dicho hasta aquí nos anima a proceder entonces con mayor confianza y seguridad a la si-guiente sección.

La necesidad de programación tiene el mismo valor de supervivencia que el hambre de estímulo. Y tanto el hambre de estímulo como el hambre de reconocimiento expresan la necesidad de evitar la inanición sensorial y emocional, las cuales llevan al deterioro biológico. La necesidad de programación expresa el ansia de evitar el aburrimiento. Kierkegaard ha señalado los peligros que resultan de la falta de programación del tiempo. Si persiste algún tiempo, el aburrimiento se vuelve sinónimo de inanición emocional y puede tener las mismas consecuencias.

El individuo solitario puede programar su tiempo en dos formas: actividad y fantasía. Un individuo puede permanecer solitario aun en presencia de otros, como saben todos los maestros de escuela. Cuando uno forma parte de un grupo de dos o más personas, hay varias opciones para programar el tiempo. En orden de complejidad son: 1) Rituales, 2) Pasatiempos, 3) Juegos, 4) Intimidad y 5) Actividad, las cuales pueden formar la matriz para cualquiera de los otros. La meta de cada uno de los miembros del grupo es obtener tantas satisfacciones como sea posible, de sus transacciones con los otros miembros. Mientras más accesible es, más satisfacciones puede obtener. La mayoría de la programación de sus operaciones sociales es automática. Ya que alguna de las “satisfacciones” obtenidas bajo esta programación, tales como las autodestructoras, son difíciles de reconocer en el sentido usual de “satisfacciones”, sería mejor sustituir esa palabra con un término como “ganancias” o “ventajas”.

Las ventajas del contacto social giran alrededor del equilibrio psíquico y somático. Están- relacionadas con los siguientes factores:

1) Alivio de la tensión.
2) Evasión de situaciones peligrosas.
3) Obtención de caricias.
4) Conservación de un equilibrio estable.

Todos estos detalles han sido investigados y discutidos minuciosamente por psicólogos, fisiólogos y sicoanalistas. Traducidos a términos de psiquiatría social, pueden ser designados como 1) ventajas primarias internas, 2) ventajas primarias externas, 3) ventajas secundarias y 4) ventajas existenciales. Las tres primeras son paralelas a las “ganancias de enfermedad” descritas por Freud: la experiencia nos ha demostrado que es más útil investigar las transacciones sociales desde el punto de vista de las ventajas ganadas, que tratarlas como mecanismos de defensa. En primer lugar, la mejor defensa es no comprometerse a ninguna transacción; en segundo lugar, el concepto de “defensa” sólo cubre una parte de las primeras dos ventajas, y el resto, junto con la tercera y la cuarta ventaja, se pierde desde este punta de vista.

Las formas más gratas del contacto social, estén o no incluidas en una actividad matriz, son los juegos y la intimidad. La intimidad prolongada es rara y, aun así, es primordialmente una cuestión privada; por lo común, las transacciones sociales significativas toman la forma de juegos, y este tema es el que nos concierne principalmente aquí. Para mayor información acerca de la programación de tiempo, el libro del autor sobre la dinámica de grupo, debe ser consultado.

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