Aprendiendo a decir bien las cosas


Desarrollo:

La forma de decir las cosas puede cambiar el ánimo y disposición de quienes te escuchan.

Soñar que había perdido todos los dientes inquietó enormemente a un poderoso rey de antaño, quien al despertar de la pesadilla mando a llamar de inmediato a uno de los sabios del condado, un hombre especialista en interpretar sueños.

A su llegada, el rey le relato detalladamente cada una de las escenas vividas durante el sueño. Luego de escucharlo con atención, el hombre dijo con voz angustiada: “! Qué desgracia mi señor!, cada diente caído representa la pérdida de un pariente de vuestra majestad”.

“insolente”, grito el rey enfurecido. “! como te atreves a decirme semejante cosa? Fuera de aquí”. Inmediatamente llamó a su guardia y le ordenó que le diera cien latigazos a ese sabio irreverente.

Más tarde ordenó que le trajesen a otro sabio y le contó lo que había soñado. Este, después de escuchar al Rey con atención le dijo: “! Excelso señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que sobrevivirás a todos vuestros parientes”.

Al escuchar aquel mensaje, el rostro del rey se ilumino con una gran sonrisa y, con voz agradecida, ordenó a sus súbditos que le dieran cien monedas de oro, al sabio honesto que le había pronosticado augurios.

Posteriormente, cuando el sabio salía del Palacio con los bolsillos llenos de oro, uno de los cortesanos le dijo admirado: “! No es posible!, la interpretación que habéis hecho del sueño es la misma que el primer sabio hizo. No entiendo por qué al primero le pago con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro”.

El sabio respondió: “Recuerda bien amigo mío, que todo depende de la forma en el decir….uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender a comunicarse”.

De la comunicación depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra. Lo importante es saber decir la verdad en cualquier situación o circunstancia, claro no cabe duda que lo más importante de decir la verdad es la forma en que la digamos ya que si se dice de manera inadecuada provocara grandes problemas.

A veces pienso que la verdad puede ser como una joya preciosa, que si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la envolvemos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura, ciertamente será aceptada con agrado.

En psicologia clinica es de vital importancia saber comunicarse y saber decir la verdad, como lo detalle en la historia anterior, existen miles de casos en los que decir la verdad puede costar la vida de una persona o la angustia de una familia completa.

Un claro ejemplo en psicologia clinica es cuando llega un paciente con enfermedad terminal, ¿Cómo le dices, que dentro de poco tiempo se morirá? ¿Cómo le dices, que dejara de existir? ¿Cómo le dices, que no hay cura para su enfermedad?, es claro que deberás de decir la verdad, pero recuerda que debes de ser lo más cauteloso posible para no afectar de manera negativa en el paciente, bueno este es mi criterio, pero ¿Qué dices tú, o como le dirías a tu paciente que tiene una enfermedad terminal ? ¿Qué para este tipo de enfermedad no existe cura?

Subjetividad

subjetividad

Desarrollo:
Subjetividad, es el carácter de lo que es subjetivo, es decir, propio del modo de sentir o de pensar del sujeto y no del objeto en sí. El individuo subjetivo considera al objeto (lo externo) sólo a través de su conciencia. Subjetividad se opone a objetividad.

El filósofo alemán Immanuel Kant postuló en Crítica de la razón práctica (1788) que “los principios prácticos son subjetivos cuando lo que prescriben no es considerado por el sujeto como válido más que para su propia voluntad”. Lo subjetivo en filosofía puede conducir a un cierto relativismo, concepto según el cual cada individuo posee su propia verdad.

A través de la subjetividad el individuo puede ser captado como tal, en su integridad vital y existencial. Sus juicios son unilaterales, se forman desde el punto de vista propio y las referencias al yo son constantes. En psicología, lo subjetivo es todo aquello que se produce sin un estímulo externo aparente.
Se puede definir la subjetividad como el proceso psíquico cronológico y lógico por el cual un sujeto se convierte en tal, desde los primero años de su vida (Fernando De Greef).

La subjetividad es un concepto que para poder comprenderlo es necesaria la fusión de dos ciencias: la Filosofía y la Psicología. El aporte de la Filosofía es que la subjetividad “se refiere a las específicas interpretaciones que disciernen cualquier aspecto de la experiencia”. Así mismo, el aporte de la Psicología es que esas interpretaciones “son únicas para la persona que las experimenta, son cualidades subjetivas de las experiencias mentales y sólo son accesibles a la conciencia de esa persona, aun cuando ciertas partes de la experiencia son objetivas y accesibles a cualquiera, otras son únicamente producto de la persona misma.

Si me hubieran hecho objeto sería objetivo, pero me hicieron sujeto…
José Bergamín (1895-1983) Escritor español.

La subjetividad en la primera y segunda tópicas (Más allá del principio del placer y El yo y el ello).
En el lenguaje de Freud, se conocen por ‘tópicas’ las clasificaciones estructurales que describen el aparato psíquico en diversas instancias o sistemas. Freud propuso dos: hasta 1923, consideraba que el psiquismo se dividía en consciente / preconsciente / inconsciente; pero en El yo y el ello, publicado en 1923, mantiene que las divisiones básicas se establecen entre el Yo, el Superyó y el Ello.

En Más allá del principio del placer, Freud se cuestiona la idea de que el principio del placer sea la instancia rectora del curso de los procesos anímicos. Si así fuese, “la mayor parte de nuestros procesos psíquicos tendría que presentarse acompañada de placer o conducir a él, lo cual queda enérgicamente contradicho por la experiencia.” Un trastorno psicológico, que muestra variantes, le conduce a este cuestionamiento: se trata de la obsesión de repetición que aparece en los sueños de los enfermos de neurosis traumática (los que hoy en día se consideran pacientes con trastorno de stress postraumático) y en algunos juegos de los niños. Freud supone que la obsesión de repetición (que traslada al paciente de forma recurrente en su sueño a una situación muy desagradable que hubo de pasar, verbigracia, un accidente o la muerte de un ser querido o, en el caso del niño, la larga ausencia del padre) representa el intento de la psique por dominar absolutamente el acontecimiento traumático y debe entenderse como algo que se manifiesta “primariamente y con independencia del principio del placer”. Eso significa que Freud ha encontrado una primera excepción a uno de sus principios generales más conocidos: el de que los sueños representan la satisfacción imaginativa de deseos reprimidos. Ahora bien, lo más importante es que Freud repara en este momento que la obsesión de repetición manifiesta en los sujetos un instinto diferente al que hasta entonces había considerado como fundamental y único. El instinto de conservación, que, a nivel de especie, se expresa en la pulsión sexual o erótica, “se halla en curiosa contradicción con la hipótesis de que la total vida instintiva sirve para llevar al ser viviente hacia la muerte. De manera que Freud se ve obligado a admitir que, junto al instinto que busca el placer, existe otro instinto contrario en el ser viviente, que le empuja hacia la muerte, una especie de pulsión de muerte. Todo instinto es, según Freud, “una tendencia propia de lo orgánico vivo a la reconstrucción de un estado anterior, que lo animado tuvo que abandonar bajo el influjo de fuerzas exteriores, perturbadoras”: eso significa que los instintos, sexuales o destructivos, liberan la energía acumulada por la estimulación externa o interna para hacer retornar al organismo a un estado de equilibrio.

¿En qué consistiría la redescripción freudiana en este punto? Si la subjetividad está sujeta a estas fuerzas, las cuales operan desde el inconsciente, entonces las dimensiones conscientes de la psique quedan devaluadas a funciones laterales o de segundo orden. Freud señala que “la conciencia no puede ser un carácter general de los procesos anímicos, sino tan sólo una función especial de los mismos”. Por tanto, la conciencia es la punta consciente y extraña de un enorme iceberg de naturaleza inconsciente. Este carácter superficial de la conciencia es demostrado por Freud a través de la embriología: la conciencia, localizada en la corteza cerebral, habría permanecido ligada a la percepción sensible –y al sentido ingenuo de realidad que suele suministrar- y en parte ajena a la estimulación interna procedente del inconsciente. La conciencia sería, pues, una especie de isla absolutamente solitaria en medio de un océano subjetivo inconsciente. Ahora bien, su carácter de instancia intermedia entre la estimulación externa y la interna, del que Freud sacará bastante partido en El yo y el ello, le abocan a una existencia inestable, carente de la continuidad y firmeza que tradicionalmente se habían asociado a la conciencia o yo. Esta conclusión acaba siendo reforzada cuando Freud descubre, a través del examen del desarrollo de la libido en el niño, que el yo es “el verdadero y primitivo depósito de la libido, la cual parte luego de él para llegar hasta el objeto”. Si ese desplazamiento no se llega a producir, el yo deviene en fases ulteriores del desarrollo psicosexual el objeto anómalo del deseo, convirtiéndose en el origen y el centro del trastorno narcisista.
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Socialización

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Socialización

La socialización es el proceso mediante el cual los individuos pertenecientes a una sociedad o cultura aprenden e interiorizan un repertorio de normas, valores y formas de percibir la realidad, que los dotan de las capacidades necesarias para desempeñarse satisfactoriamente en la interacción social con otros individuos de ésta. “el individuo no nace miembro de una sociedad”, sino que “es inducido a participar” en la sociedad a través de la internalización de sus normas.
El proceso de socialización, que debemos conceptuar como la asunción o toma de conciencia de la estructura social en la que un individuo nace, es factible gracias a los agentes sociales, que son las instituciones e individuos representativos con capacidad para transmitir e imponer los elementos culturales apropiados. Los agentes sociales más representativos son la familia y la escuela. Por lo general se distingue la socialización primaria aquella en la que el infante adquiere las primeras capacidades intelectuales y sociales, y que juega el papel más crucial en la constitución de su identidad de los procesos de socialización secundaria, en los que instituciones específicas como la escuela o el ejército proporcionan competencias específicas, más abstractas y definibles. Sin embargo, esto no implica que los efectos de la socialización secundaria sean menos duraderos o influyentes; a través de los mecanismos de control social, estos pueden resultar internalizados tan efectivamente como los adquiridos en la infancia. La experiencia social es la base sobre la que construimos nuestra personalidad, esto es, el entramado, relativamente consistente, de las formas de pensar, sentir y actuar de una persona.

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