atención aquí y ahora – Terapia Gestalt

atención aquí y ahora - Terapia Gestalt

Sinopsis:

Los principios en los que se apoya la gestalt: el reconocimiento de lo obvio, el libre fluir en el aquí y ahora y el continuo de conciencia, son explicitados como pautas para el proceso terapéutico. Participan de la paradoja castanedeana de ser al mismo tiempo herramientas para la lucha y aquello que se quiere conquistar. Son instrumentos que facilitan el ingreso a un mundo experiencial y conceptualmente nuevo, nuevo por dos razones; una porque es novedoso para el neurótico acceder a un mundo carente de neurosis, y ésto vale para cualquier tipo de psicoterapia. La otra, porque se trata de un modo de vida, más allá del concepto de salud o enfermedad que filosóficamente se erige sobre los principios ya enunciados.

Reconocimiento de lo obvio: Es imprescindible insistir en la importancia de reconocer lo obvio, que es todo aquello que podemos registrar a través de nuestros órganos perceptivos o de su prolongación en el campo de la ciencia física o química. Obvio es “lo que es”. Adjudicarte un significado que trascienda a “lo que es” es trasladar ‘lo que es’ al reino de “lo que podría ser”. Si, por ejemplo, alguien se está moviendo, lo obvio es ese movimiento, y no la motivación o finalidad que, podríamos atribuirle libre fluir en el aquí y ahora; “Aquí y ahora” deja de ser un concepto cuando se logra no interrumpir lo que se esta sintiendo ni forzar acción alguna en relación con ese sentir. “Aquí y ahora” es la experiencia misma. La experiencia es tiempo presente, lo que pasó ya es recuerdo, y lo que va ha ocurrir no existe. Experiencia es tiempo y espacio en el reino de lo sensible. Cuando se dacomo pauta a los pacientes, les explicamos la importancia de ir registrando lo que van sintiendo a medida que lo van sintiendo, corporal o anímicamente. Estas sensaciones pueden estar vinculadas a sí mismo o alguna otra persona, respecto de la cual se les pide que abandonen ideas previas o historias en común. Así también, traten a sus recuerdos, sueños, fantasías, no como algo que ya ocurrió, sino como algo que está ocurriendo. Esto es actualización. También, les alertamos respecto de sus expectativas, ana o catastróficas, explicándoles que la angustia les delata cuando se han salido del presente para intentar controlar el futuro. La operación que sienten circula por la brecha abierta entre el presente y el futuro.

Contínuo de conciencia: El contínuo de conciencia – herramienta implica un permanente trabajo sobre la atención a cada pequeño acto cotidiano, a cada sensación y sentimiento que se experimenta e incluso a las distracciones y fugas, tanto más frecuentes cuanto mayor es el grado de neurosis.

El trabajo sobre la atención es descrito en el punto correspondiente a reaprendizajes en el capítulo “Herramientas…”

De todos modos, cuando es usado como pauta, nos remitimos a preguntarle algo, que para nosotros es evidente en ese momento: “¿Te das cuenta qué estás haciendo con tus manos? ¿Qué sientes en este momento? ¿Qué tienes ganas de hacer?”. Porque neurosis es interrupción. Es bloqueo de la energía. El neurótico usa distintos modos para lograr sus objetivos. Diferentes maneras de evitar el libre fluir de la emoción y su concreción en sensaciones y movimientos que tienen precisa localización en diversos grupos musculares.

El otro aspecto a ser tenido en cuenta está ligado, también a la interrupción, pero esto hace a la vida toda y no sólo a una emoción determinada. Se trata de una clara censura existencial y está vinculada a lo que Perls llamó “capas de la neurosis”, Perls describe la estructura neurótica como compuesta de cinco capas o estratos. Capa de los clichés: Esta es la capa de la banalidad cotidiana: ¿Cómo está usted? Y otras frases armadas. Puede llamarse también la capa de los lugares comunes. Incluye, más profundamente, las conductas que adoptamos Cuando jugamos nuestros roles sociales. Aunque Perls no se refiere a esto último, se me ocurre visualizarlo como un esfumado entre esta capa y la que podríamos llamar verdaderamente la capa de los roles. En la capa de los roles sociales, clichés desarrollamos nuestra peculiar manera de comportarnos de acuerdo al rol desempeñado. El gesto con el que nos vinculamos con el conductor de un taxi, la majestuosidad con que se pasea un profesor, la gravedad paternalista de un médico la “simpatía” de un vendedor. El lenguaje cotidiano llama a esto roles, de ahí que es fácil la confusión con la siguiente capa que corresponda a los rolespsíquicos.

Capa de los roles: Así como no puedo imaginar al distinguido profesor manteniendo la distinción en la intimidad de su cuarto de baño, en la capa de los roles la máscara que nos ponemos cuenta con nosotros como público al que va dirigido el espectáculo. Yo puedo imaginar que de veras soy generosa y magnánima, o impotente como un bebito o severa y lúcidamente moral. Además la frecuencia hecho mano a determinadas conductas que forman parte de las descripciones de las distintas personalidades y de los tratados de psicopatología, me induce a creer que yo “soy” así o de esta otra forma, que este es mi modo de ser o mi patología personal. Sin embargo, No deja de ser rol y las emociones que acompañan a este juego pertenecen a una capa mas superficial de esta estructura “acebollada” que soy. Porque puedo penetrar mas profundamente en mí que esto. Y si sola o acompañada me arriesgo a aventurarme más profundamente que ésto. Y si sola o acompañada me arriesgo a aventurarme más allá de mis miedos (punto fóbico) caigo de lleno en un nivel mas profundo de mi ser. Capa de la antiexistencia: Cuando renunciamos a jugar roles (yo no soy ni esto ni lo opuesto) la vivencia se corresponde a la nada existencial, percibida muchas veces como niebla, oscuridad, vacío. El quedarse detenido al borde de esto constituye el “impasse”. El impasse es vivido como la seguridad última ante el miedo a la muerte.

Un punto nada más separa este modo de existir de lo desconocido: el punto fóbico. Atravesarlo es entrar en una nueva forma de existencia y el impasse asegura la posibilidad de quedar adherido a un modo de vivir sin vivir, conocido y tranquilizador. ¿Cómo se sale del impasse? Del impasse no se sale. Es semejante al cristal que nos cierra el paso en el laberinto de los juegos infantiles. Sólo se puede retroceder y tomar por otro camino, que permita esta vez salvar el obstáculo del punto fóbico. Cuando se es atravesado (pequeño gran acto de arrojo existencial), se cae en la capa que Perls llamó implosiva. La vivencia es la del cierre de todas las puertas. Y la postura parece la de alguien que quisiera meterse adentro de si mismo. Permanecer en esta situación lleva un tiempo variable.
A veces el pasaje por la misma es tan rápido que pasa casi inadvertido. Otras veces transcurre un tiempo considerable. La división entre capa de antiexistencia y capa implosiva está al servicio de la claridad expositiva. Es difícil reconocer un límite entre la vivencia de la nada y la conducta corporal implosiva. Cuando seguimos de cerca un trabajo al que acompañamos hasta con nuestra respiración, es difícil poder determinar en qué momento tomamos aire y nos lo guardamos preparados al salto nosotros también, al vivo pasaje de la vida a la muerte. Porque lo que ocurre es que de pronto algo crece en este “vacío fértil”. Y crece al punto de producir un estallido de todo el ser. La capa explosiva es la salida de todo lo que germinó y creció. Es un himno de vida. Perls distingue cuatro modos de “explotar”: hacia la ira, la alegría, la pena y el orgasmo. De todos modos, la intensamotricidad y emotividad de esta explosión deja a quien lo vive de modo similar al que acabara de vivir un orgasmo. La explosión equivale al cierre de una gestalt incompleta. Y el bienestar que lo acompaña, con su cortejo organísmico de respiración, ritmo cardíaco y relajación muscular, son nada más que el reposo previo a la formación de una nueva gestalt. Más allá del problema de salud y enfermedad es la vida misma del hombre la que se expresa a través del libre fluir de la emoción, de la absoluta conciencia de su existir y de la “total disponibilidad” de la energía para hacer frente al restablecimiento del equilibrio entre lo interno y el ambiente (homeostasis).

La terapia gestáltica apunta a la integración de la personalidad, permitiendo rescatar .aquellos aspectos alienados del individuo, puestos afuera, y rechazados en los demás, proyecciones, que llevan una carga tal de energía que la personalidad toda se empobrece y desvitaliza en el esfuerzo de mantenerlos alejados.

Estas proyecciones se refieren no sólo a aspectos vividos como desagradables para el sujeto, sino también a aquellas partes de su cuerpo y de su sensorio, que de algún modo vive como no propios, lo que Perls llamó “hoyos de la personalidad” Es así, que muchos “ponen” (proyectan) sus ojos en los demás, en lugar de usarlos para mirarlos, y de éste modo, lo que consiguen es sentirse mirados y hasta perseguidos por los otros. Si lo que “donan” son sus miembros, entonces, se sienten verdaderamente paralíticos, pretendiendo que los demás provean a sus necesidades.

En terapia gestáltica también nos interesamos en que el individuo se vea libre de introyectos. Esto significa que ideas y opiniones que no le son propias y que fueron “tragadas” por él sin digerir (órdenes maternas, modos de vida familiares), pasen a ocupar precisamente los huecos; dejados por las proyecciones, y de este modo, la personalidad se ve afectada por una estructura de seudo integración, inarmónica y desvitalizada.

Nos importa también, el reaprendizaje de nuevas formas de conducta más. Acordes con su situación actual. Frecuentemente, observamos que nuestros pacientes echan mano a conductas que antes les fueron útiles, y hasta lograron mantenerlos con vida, y que hoy no les sirven para nada o les impiden manejarse con “la flexibilidad” que las distintas situaciones del vivir requieren,
Por eso concedemos importancia al entrenamiento motor, sensorial y lingüístico que abren nuevas perspectivas al reaprendizaje de diferentes maneras de ser y estar en el mundo. La terapia de grupo permite, en mayor medida que el tratamiento individual, el acercamiento del individuo a su núcleo fóbico, ya sea a través de la propia experimentación, o corno resultado de la identificación con el trabajo de los otros. También, por la mayor facilidad con que en el seno del grupo se realiza el rescate de proyecciones. De ahí que tanta gente se resista a “hacer grupo”. Es más “violatorio”.

Las relaciones humanas, basadas en el juego de depositaciones y proyecciones, de introyecciones e identificaciones, ofrecen un mosaico fascinante, donde los propios límites se funden en una marea de semejanzas, aproximaciones y rechazos, cuya mera enunciación basta para dar una idea que engloba, tanto a las dificultades de la tarea de esclarecimiento, como a la manera de encararlas. Encontrarnos con los demás, es hacerlo con nosotros mismos, con nuestras partes dispersas, con nuestras polarizaciones, para integrarnos. El grupo es el continente, es el receptor, es el trasmisor, el sensibilizador de energías descargadas o reprimidas. Todo lo que ocurre en él es aquí y ahora, y con eso trabajamos, con lo que logramos juntar, la energía dispersa. Es con esta energía que nos movemos, única que nos permite sentir nos cuenta, y rescatar así esa parte negada y bloqueada que alienamos en nosotros. Cuando los seres humanos se encuentran en un grupo con el propósito expreso de ser verdaderos consigo mismos y con los demás. Cuando disponen de tiempo suficiente para que esta verdad florezca. Cuando están atentos a su proceso interno y a sus circunstancias, y nada que venga del pasado irrumpe, ni se entregan a ningún tipo de especulación acerca del futuro. Cuando se permiten sumergirse totalmente en su “aquí y ahora”. Entonces, pueden permitirse el gozo siempre renovado de estar vivos, crecer en cada contacto, responsabilizarse por entero de su propia vida y de !as consecuencias de sus propios actos y palabras. Y sentirse creativos individualmente y con los demás.
Claro que ésto implica dos condiciones: Verse libre de los fantasmas del pasado, y estar entrenados en el arte de conectarse con sus sentimientos y sensaciones para saber darles curso sin interrumpirlos y con plena conciencia.

Es así, que los ayudarnos o sumergirse en el mundo de la vivencia, a agudizar los sentidos y a hacerse dueños de su imaginación, a transformar los “como si” en “sí”, a actualizar sueños y recuerdos. Los fantasmas que acosan al neurótico son sus odios históricos (introyectos de los que no se ha liberado aún) y que no per-cibe como tales. Muchas veces revisten la forma de un amor inadecuado, sumiso y sin fuerzas.

Sus miedos irracionales están también vinculados a sentimientos históricos; y sus objetos, son los mismos que los de sus odios: las tremendas, sobrecogedoras, amadísimas y terroríficas figuras de papá y mamá. La frustración, vivida como destino, pertenece a esa lejana época, y es traída hasta nuestros días a través de una firme vocación de fracaso. El desvalimiento, real “allá y entonces”, sólo es la forma que revisten los hoyos de la personalidad “aquí y ahora”. (No tengo brazos, no tengo piernas, dame de comer en la boca que así no me muero). A través de ésto, los psicópatas, por ejemplo, desarrollan el encanto que creen necesitar para sobrevivir. Siendo el proceso psicoterapéutico, un proceso de darse cuenta,”siendo el objetivo de nuestra terapia, como el de todas, la integración del hombre, esto es la aceptación de sus aspectos rechazados y la liberación de aquellos que no le atañen, nosotros nos valemos de recursos que facilitan este darse cuenta, a través de nuevas formas de expresión que no privilegian la verbal.

La terapia gestáitica en los grupos ha ¡do enriqueciéndose desde los primeros trabajos de Perls hasta nuestros días, Para Perls el grupo sólo existía como telón de fondo, el campo donde se desarrollaban sus experimentos. Su visión consideraba como figura, únicamente a la persona que ocupa “la silla caliente”, quien realizaba su trabajo, fuera éste la resolución de una queja o el trabajo con sueños. El grupo sólo tenía para Perls cualidades de figura, durante los breves instantes en que lo utilizaba para facilitarle al paciente de turno, e! cierre de sus gestalts incompletas, a través de la posibilidad de una creciente discriminación en la ecuación figura – fondo. Zinker conceptualiza explícitamente su tarea como terapeuta gestáltico, a través de una dinámica en la cual el grupo sólo oca-sionalmente actúa como fondo, y la alternancia figura-fondo es rica, variada y permanente. Nosotros, en nuestra tarea, nos sentimos más cerca de Zinker. Con los sueños, por ejemplo, nos movemos permitiendo que en un primer momento, funcionen como propiedad exclusiva del soñante, para luego instrumentarlos como propiedad de todos y creación colectiva.

El trabajo de psicoterapia en un grupo, contempla dos aspectos: el de tratamiento propiamente dicho, que implica el trabajo sobre la neurosis (proyecciones, introyecciones, confluencia, re-troflexión, deflexión, que son los bloqueos da la energía según Perls), y el de la reestructuración de la personalidad a través del aprendizaje de un modo de vida más pleno, que incluye la posibilidad de una utilización más amplia de las propias instancias.

Nuestro rol como terapeutas gestálticos, es el de acompañantes del proceso, inductores de experiencias, proveedores de pautas elementales y guías de los que llamarnos “trabajos” (diálogos con los aspectos introyectados o proyectados por el sujeto). Así los ayudamos a distinguir entre sensación o sentimiento por un lado, y pensamiento, juicio y fantasía por otro: Les alentamos también a asumir responsabilidad plena frente a lo que sienten, sin ceder a la tentación de atribuírselo a los demás, y menos aún a imaginar que no son ellos mismos los que están sintiendo (… “vos me das dolor de cabeza”, “te siento tan desamparado”).
En todo caso con lo que nos encontramos es con el bagaje del paciente. Lo que él nos trae: la queja. Lo que nosotros vemos: su cuerpo. Y siempre lo que acontece: su relación consigo mismo, con el terapeuta y con el grupo.

El terapeuta, a su vez, dispone de un repertorio variado, propio de la terapia gestáltica, de trabajos propiamente dichos (ver “Quejas”), un peculiar modo de trabajar los sueños, las fantasías dirigidas y los juegos y ejercicios.

La diferencia entre paciente y Terapeuta es formal, circunstancial y temporal. Por debajo de las apariencias, el encuentro de unos y otros produce modificaciones profundas en ambos. Las herramientas que Castaneda pone en manos riel guerrero (hombre que quiere llorar la batalla del conocimiento y conquista de sí mismo) son las mismas para terapeutas y pacientes. Ambos cuentan con el miedo que es inherente a esta clase de lucha. El respeto por el enemigo (conocimiento de las propias resistencias), el estado de alerta (los ejercicios para fortalecer la aten-ción sirven a este fin) y la confianza en sí mismo, que en el terapeuta va creciendo a la par que la de su paciente, que nace y se fortifica. El alta, pues, es para ambos.

Jamás nos permitimos interpretar o explicar, porque el mundo del otro nos está vedado: sólo podemos inferir algo a través de nuestras propias vivencias como personas. Además, el flujo constante figura-fondo, que es el devenir de nuestra experiencia sensible, no puede ser fijado en el tiempo para ser explicado, sin que ello detenga el ritmo de la vida. Porque “figura” es lo inmediato, lo que surge del interior del ser o de su circunstancia ambiente. Figura es la experiencia, el aquí y ahora y la necesidad. Es lo que clama por su inmediata satisfacción, tan sólo para volver a integrarse a un fondo del que ya surge una nueva figura. Este ritmo, esta alternancia figura-fondo, es la vida, y nosotros llamamos gestalt a esta alternancia.
Como terapeutas, nuestra tarea es contribuir al cierre de las gestalts que quedaron incompletas, es decir ayudar; a acabar con las situaciones inconclusas. Como seres humanos, nuestra tarea es la de todos: volver al fondo lo que nunca debió salir de allí, porque no se nutre del aquí y ahora.

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