Autismo: Un trastorno muy poco frecuente identificado  

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El autismo es un trastorno muy poco frecuente identificado y descrito hace tan sólo cincuenta años. Dos psiquiatras, Leo KANNER y Hans ASPERGER, describieron independientemente el síndrome a principios de la década de 1940. La característica que les sorprendía de los niños objeto de sus estudios era su falta de contacto normal con las personas, su completo ensimismamiento y soledad emocional, que dio lugar al nombre de “autismo” de autós, la palabra griega que significa “mismo”.

KANNER:
Estos niños han venido al mundo con una incapacidad innata para formar el contacto afectivo usual con las personas proporcionado biológicamente.

Lo más sorprendente, cualesquiera que sean las restantes características de los autistas, es su incapacidad para relacionarse con otras personas de una manera humana ordinaria. Sufren autismo quizá cuatro de cada diez mil niños. El número preciso depende de los criterios utilizados para el diagnóstico. Se diagnostican como autistas a más niños que niñas, en una razón de cerca de cuatro a uno. Esto indica que es un trastorno de origen biológico. Sin embargo, se diagnostica partiendo de la base de anomalías de la conducta.

Los síntomas utilizados como fundamento para el diagnóstico son los siguientes:  En primer lugar, está la anormalidad en las relaciones de los niños autistas con otras personas, que les lleva a la soledad incluso en situaciones en las que están rodeados por otros. En segundo lugar,  está la deficiencia en el desarrollo del lenguaje y, quizá más fundamental, en la capacidad para comunicarse incluso sin lenguaje, su capacidad para “ponerse en contacto” o “lograr comunicar”. En otras palabras, está afectada seriamente su destreza pragmática, su capacidad para comunicarse de manera ordinaria. En tercer lugar,  los niños autistas no realizan espontáneamente el juego de ficción. Los niños autistas pueden jugar de una manera muy repetitiva u obsesiva, como pasar un juguete de una mano a otra infinidad de veces. El cuarto síntoma:  la obsesión de los niños autistas con movimientos, rutinas o intereses estereotipados.

Estos síntomas, por su misma naturaleza, no se pueden manifestar al principio de la vida de un niño. Así, normalmente no hay sospechas de autismo durante el primer año de vida. En el momento actual, no existe ningún método para su diagnóstico temprano. Algunos bebés no responden fácilmente a los estímulos sociales, pero lo hacen después, y algunos niños que más tarde se diagnosticarán como autistas son completamente normales en esa época.

Poco después de que el autismo se describiera por primera vez se sugirió que podía deberse a interacciones anormales dentro de la familia. Esto se basaba en el hecho de que se diagnosticaban como autistas a más niños de clase media, algo que ya no ocurre y pudo deberse a que se examinaban más pacientes de hogares de clase media. Se basaba también en el hecho de que el autismo no parecía ser hereditario. Sin embargo, esto sería improbable en todo caso, porque los individuos autistas muy raras veces tienen hijos propios y porque el trastorno en sí es muy poco frecuente. Un hallazgo sorprendente en favor de la causalidad genética es el hecho de que el 2% de los hermanos de niños autistas también lo son. Parece claro que el trastorno es de origen biológico, aunque todavía no está determinado qué es precisamente lo que va mal. Se busca un déficit subyacente que explique todos los síntomas del autismo: las anomalías en las relaciones sociales, en el desarrollo del lenguaje y en el juego.

Referencia: Astington. J.W. “El descubrimiento infantil de la mente” 2da. Edicion. Editorial Morata. Madrid, España. 1998. Pàg 182

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