Biología del autismo y el síndrome de Asperger

Biología del autismo

Biología del autismo y el síndrome de Asperger: En 1982, cuando Niko Tinbergen escribió un libro en el que afirmaba que una de las causas del autismo era la ansiedad,  todavía podía sostener que se trataba de un síndrome cuyas causas eran exclusivamente psicogénicas. Con psicogénico se refería a «puramente mentales», como si la mente no tuviera conexión alguna con el cerebro y nos encontráramos ante un niño de desarrollo normal excepto en un aspecto: el emocional.

Biología del autismo

En un gran número de investigaciones biomédicas se ha refutado la idea de que lo que causa el autismo sean factores exclusivamente psicológicos1  . En ellas se han hallado muchas diferencias entre un cerebro típico y uno afectado de autismo. En este artículo resumiremos todo lo que sabemos sobre la biología del autismo y el síndrome de Asperger.

El escáner cerebral es la mejor herramienta de la que disponen los científicos para estudiar el cerebro autista en vida de la persona. (resonancia magnética) La tecnología ha ido variando a lo largo de las décadas.

En los años setenta del siglo pasado se hacía una TAC (tomografía axial computarizada); en los ochenta, una SPECT (tomografía de emisión monofotónica), y en la década de 1990 se recurría al PET (tomografía por emisión de positrones). Ya en el siglo XXI  han sido muy útiles las RM (resonancias magnéticas).

Volumen total y crecimiento del cerebro

Lo más sorprendente que hemos hallado es que los niños autistas atraviesan por una fase de hipercrecimiento cerebral en los primeros años de vida, es decir, su cabeza (y cerebro) crecen por encima de la media. Esto se aprecia claramente midiendo las circunferencias craneales (colocando una cinta métrica alrededor de la cabeza del niño) pero también en las imágenes de los escáneres cerebrales (que nos muestran el tamaño del cerebro en un momento concreto del desarrollo).

No tenemos claro qué produce ese crecimiento excesivo y acelerado del cerebro. Los estudios post mórtem parecen indicar que, en ellos, la densidad celular es mayor (hay más neuronas o células nerviosas) en ciertas regiones del cerebro, como el hipocampo y la amígdala cerebral. También contienen más dendritas (conexiones entre neuronas). En algunas regiones, como el lóbulo frontal, el crecimiento excesivo es algo generalizado (hiperplasia). En cambio, otros investigadores han dado con la anomalía contraria: menos neuronas, por ejemplo, en la amígdala cerebral. Tenemos que seguir investigando para aclarar estas diferencias.

Diferencias en la estructura del cerebro

Si comparamos distintas regiones del cerebro vemos que hay más diferencias en unas que en otras. Hemos comprobado que la amígdala (encargada de las respuestas emocionales y el reconocimiento de las emociones en los demás), el hipocampo (responsable de la memoria), el núcleo caudado y partes del cerebelo (responsables del cambio de atención y la coordinación) son más pequeños en autis tas. Sin embargo, la amígdala es más pequeña que la media en adolescentes y adultos con autismo pero mayor que la media en niños pequeños. Existe un subgrupo de afectados de autismo que tiene un cerebelo anormalmente grande.

Además, los autistas tienen más materia gris  y materia blanca,  sobre todo en los lóbulos frontales (especialmente en el prefrontal dorsolateral y el córtex prefrontal medial). La materia gris contiene las células de las que están hechas las células nerviosas, y la materia blanca, sus axones (o conexiones). La materia gris computa la información neuronal que luego transporta la materia blanca. Algunos estudios indican que el exceso de materia gris sólo se da a edades tempranas (hasta los cinco años). Tendremos que hacer más estudios para confirmar este modelo de evolución. El incremento de la materia gris podría deberse a un exceso de células nerviosas.

Diferencias en el funcionamiento del cerebro

El SPECT, el PET y la RM no sólo nos dan imágenes de la estructura del cerebro, sino que nos muestran la actividad cerebral mientras el paciente realiza algún tipo de tarea. Se suele medir el flujo de sangre oxigenada ya que los neurocientíficos asumen que si el flujo de sangre oxigenada en una región del cerebro es mayor cuando el paciente hace algo (como ver rostros) que cuando se le pide que realice una tarea de control (como ver rostros invertidos), esa región del cerebro debe estar implicada en la realización de la tarea (por ejemplo, mirar rostros) y por eso necesita más sangre oxigenada. Se entiende, por tanto, que los aumentos o disminuciones del flujo de la sangre en las distintas regiones del cerebro durante la realización de una tarea indican diferencias en el funcionamiento del cerebro, es decir, en cómo trabaja para realizar una tarea.

Hemos hallado que cuando los autistas intentan leer la mente (pensar sobre los pensamientos, sentimientos e intenciones o emociones de otras personas) siempre muestran hipoactividad de una  red de regiones cerebrales que se denomina cerebro social.

Referencia: Baron-Cohen, Simon. “Autismo y Sìndrome de Asperger” Editorial Alianza. Traducido y Publicado del material original Oxford University Press. “Autism and Asperger Syndrome”.Madrid, España. 2008. pág. 123o

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