Características esenciales de la terapia cognitivo-conductual

Características esenciales de la terapia cognitivo-conductual

El término terapia cognitivo-conductual (TCC) se utiliza para describir toda una amplia variedad de intervenciones diferentes. Sin embargo, estas intervenciones suelen compartir una serie de características esenciales para su desarrollo en el proceso terapéutico. A continuación explicare las características esenciales de la terapia cognitivo-conductual. 

Características esenciales de la terapia cognitivo-conductual

La TCC se sustenta en una determinada teoría

Los terapeutas que trabajan la TCC saben que esta terapia se basa en modelos empíricamente comprobables que determinan la base y el fundamento lógico de las intervenciones, por ejemplo: según la TCC los afectos y la conducta están determinados en su mayor parte por las cogniciones, así como el centro de interés y la naturaleza de la intervención (cuestionar las distorsiones o rectificar las posibles deficiencias).

La TCC se basa en un modelo de colaboración

Un rasgo fundamental de la TCC es el proceso de colaboración. Según la TCC el joven (niño o adolescente) desempeña un papel activo en lo referente a reconocer sus metas, establecer sus objetivos, experimentar, practicar y supervisar su propio rendimiento. El modelo pretende facilitar la adquisición de un autocontrol mayor y más eficaz, lo que vendría posibilitado por el aliento y el apoyo [supportive framework] brindados por el profesional. El papel del terapeuta consiste en establecer una asociación [partnership] que aliente al joven a lograr una mejor comprensión de sus problemas y a descubrir otras formas alternativas de pensar y de actuar.

La TCC tiene un plazo limitado

Es una terapia breve y con un plazo limitado, el cual no suele prolongarse habitualmente más allá de unas 16 sesiones, y en la mayoría de los casos la duración es todavía mucho menor. El que se trate de una intervención breve por naturaleza contribuye a fomentar la independencia y favorece la autoayuda.

La TCC es objetiva y estructurada

La TCC constituye un modelo estructurado y objetivo que guía y orienta al joven a lo largo del proceso de evaluación [assessment], formulación del problema, intervención terapéutica, seguimiento [monitoring] y valoración [evaluation]. Los objetivos y las metas de la intervención se definen explícitamente y se revisar constantemente. La supervisión [monitoring] y la revisión [review] constantes constituyen una forma de valorar los progresos en base a comparar el rendimiento actual con las evaluaciones que determinaron la línea de base.

La TCC se centra en el aquí y ahora

Los tratamientos cognitivo-conductuales se concentran en el presente, abordando los problemas y las dificultades actuales. No pretenden “desvelar traumas inconscientes tempranos, ni tampoco el papel de las contribuciones biológicas, neurológicas y genéticas a las disfunciones psicológicas sino, antes bien, tratar de sentar las bases de una forma diferente de procesar el mundo que resulte más adaptativa”.

Un enfoque de tales características tiene visos de ser altamente valorado de entrada [high face validity] por los niños y los adolescentes, que pueden sentirse más interesados y motivados por abordar las cuestiones en tiempo real y en el aquí y ahora, en lugar de esforzarse por analizar y comprender sus posibles orígenes.

La TCC es un proceso de autodescubrimiento y experimentación

Se trata de un proceso activo que fomenta el hábito de hacerse preguntas y de cuestionar y poner en entredicho los supuestos y las creencias. El paciente no es únicamente un receptor pasivo de los consejos o las observaciones del terapeuta, sino que se le anima a cuestionar y aprender a través de un proceso de experimentación. Se comprueba la validez de los pensamientos, los supuestos y las creencias, se descubren y ponen de manifiesto otras explicaciones alternativas, y se ensayan y evalúan otras formas de valorar los hechos y las conductas.

La TCC es un modelo basado en la adquisición de nuevas habilidades

La TCC constituye un enfoque práctico y centrado en la adquisición de habilidades con objeto de aprender otras formas alternativas de pensar y de actuar.

A los jóvenes se les anima a practicar las habilidades y las ideas que se discuten durante las sesiones de terapia dentro del marco de sus rutinas diarias, con deberes prácticos para casa que constituyen el aspecto esencial de muchos de los programas de intervención.

Referencia: John Wiley & Sons Ltd, “Think Good – Feel Good” England. Editorial desclée de brouwer, s.a., España. 2007. Pág. 26. Traducción: Francisco Campillo Ruiz

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