El cerebro está a tu disposición, pero debes usarlo bien

Una de las principales quejas que reciben los jóvenes estudiantes en las aulas es la de “por qué no utilizas tú cerebro”. Se repite hasta la saciedad la frase “es que no piensas”, hasta tal punto que parece como un mantra.
Quizás este tipo de frases te son familiares. Todos/as hemos pasado por una etapa en la escuela/instituto donde nuestra impulsividad como jóvenes era un tema a discutir con los adultos.

Ahora como adultos parece que nos hemos desplazado al polo opuesto: “pensamos demasiado”. Estamos en muchas ocasiones preocupados/as por las cosas que no fueron bien (pasado), por los asuntos pendientes la semana que viene (futuro), por los planes o tareas del día (presente)…
Nos sentimos prisioneros de un exceso de pensamientos y cavilaciones.

¿A qué se deben estas maneras de funcionar?

Se deben a una mente poco entrenada o a un cerebro que no está en un rendimiento óptimo.

Los jóvenes no disponen de una maduración completa de su cerebro (el área del prefrontal, que es la encargada de la planificación y toma de decisiones, aún no está del todo desarrollada). Justamente este factor, junto a un gran incremento hormonal hacen que sus comportamientos sean impulsivos y poco reflexivos.

Los adultos están en muchas ocasiones sumergidos/as en el estrés. Cuando estamos estresados/as hay muchas áreas del cerebro que se bloquean como serían las relacionadas con la atención, la memoria, el aprendizaje, la gestión o la regulación emocional…

Los jóvenes y adultos sufren del mismo problema: su cerebro no está en un estado óptimo

Entonces, ¿qué podemos hacer para disponer de un mejor estado?

En primer lugar, hay que comprender que hacer un buen uso del cerebro es un entrenamiento como si estuviéramos estimulando cualquier músculo del cuerpo. No podemos empezar levantando 100 quilos en nuestra primera sesión de entrenamiento.

Esto es lo que nos ocurre cuando queremos por ejemplo empezar con prácticas de relajación, ejercicios de meditación, pautas de mindfulness (atención plena), o dinámicas para hacer auto reflexiones u organización de los propios recursos. Queremos hacer mucho en muy poco tiempo.

El primer punto es aprender a decir: “PAUSA”. Para poder aprovechar el máximo nuestro cerebro hemos de saber pararnos. Si no tenemos margen para el descanso, para la reflexión, entonces no vamos a poder cambiar nuestros patrones.

El segundo punto consistiría en la reducción del estrés. Si estamos estresados/as no podemos pensar bien, ni actuar correctamente. Podemos hacer: respiraciones, visualizaciones, paseos tranquilos, deporte, prácticas de escritura, reuniones con amigos/as o familiares….

El tercer punto consiste en poder pensar maneras distintas de apreciar la situación. Aquí nos referimos al concepto del pensamiento lateral (este tipo de pensamiento se caracteriza por buscar nuevas vías o alternativas a las maneras habituales de comportarse o de reaccionar).

Estas pautas van a ayudarnos a que nuestro cerebro cambie de estado. Que podamos pasar de la impulsividad o del exceso de preocupaciones, a una mayor calma y mejor toma de decisiones.

Los cambios no son de la noche a la mañana, pero cada día vas a poder disfrutar de sus beneficios.

cerebro

ORIOL LUGO
Psicólogo e investigador de la Universidad Ramón Llull.

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