Como controlar la agresividad infantil

 controlar la agresividad

La agresividad infantil suscita cuestiones como ¿puede ser tratada?, ¿Qué podemos hacer para controlarla?, ¿cuándo y cómo podemos esperar resultados satisfactorios en el tratamiento?, ¿desde qué niveles debemos acometer la intervención para que sea realmente efectiva?

Como controlar la agresividad

Desde tiempos remotos la sociedad ha tratado de diversas maneras de cómo controlar la agresividad. Las políticas empleadas para este fin siempre han sido “castigar a aquel que viola la ley con el fin de prevenir males mayores”. Adoptando la postura de los juristas, la mayoría de los adultos sostienen que la amenaza del castigo mantiene la ley y el orden y que contribuyen a mantener y a fortalecer los cimientos de la sociedad. Sin embargo, la experiencia, lejos de confirmar esta hipótesis, evidencia que aun aplicando grandes penas a los infractores de la ley no se consigue eliminar el problema de la agresividad.

Los psicoanalistas creen que internamente existen dentro de nosotros “sentimientos” de violencia o estallidos violentos que solamente se puede reducir mediante la catarsis. Es decir que como personas acumulamos violencia y necesitamos dar salida a esta represión a través de interacciones violentas y actividades físicas.

Comparto la idea que tienen los psicoanalistas de la agresividad sin embargo el agresor difícilmente deja de manifestarla cuando consigue estas “descargas”, es más, en la mayoría de los casos sirven de refuerzo. Sin embargo, esta explicación no satisface plenamente el concepto de agresividad ya que una persona agresiva siempre tendrá tendencia a la agresión y difícilmente deja de manifestarla cuando consigue estas “descargas”, es más, en la mayoría de los casos sirven de refuerzo para que la conducta se vuelva a repetir.

Durante el año de 1975 Konecn realizo diversos estudios que junto con Albert Bandura lograron concluir que el estallido agresivo sirva en realidad como catarsis y que por lo general resulta mucho más beneficioso dejar transcurrir un tiempo para que disminuya considerablemente el deseo de agredir a las personas que nos ofenden o provocan, salvo si durante este tiempo no dejamos de dar vueltas al tema o siempre lo tengamos en mente. Esta teoría es traducida al término terapéutico con el nombre de la técnica del “Time Out” o el tiempo fuera.

Un consejo que los padres le dan a sus hijos en situaciones de malos tratos escolares suele ser: “si te pegan, pega”. Aunque para la mayoría de los padres esta conducta es “buena” en realidad la idea de agredir a aquellos que nos provocan, lejos de provocar un grado de satisfacción provoca que la agresividad del niño explote y ante cualquier circunstancia similar posterior siempre querrá pelear.

En ocasiones el provocador al ver que es agredido, genera un sentimiento de venganza y así el ciclo de agresividad y de violencia empieza a crecer.

Para prevenir este tipo de conductas es necesario contrarrestar la agresividad haciendo énfasis en la importancia de la comunicación, cobrando especial relevancia la técnica del role-play o interpretación de papeles.

Entonces, debemos analizar las conductas agresivas del niño para que cesen en sus ataques antes que sea demasiado tarde, a mi criterio uno de los factores determinantes de la agresividad infantil es la “capacidad de autorregulación”; cuando le hacemos “darse cuenta” al niño de sus acciones ya sean positivas o negativas se generan una serie de elementos cognitivos y conscientes acerca de la realidad. Es aquí en donde se puede inhibir la conducta agresiva ya que el niño empieza a tener idea de lo “bueno o lo malo”. En palabras de Lawrence Kohlberg seria que el niño empieza a tener el desarrollo de la  moral.

La “autoconciencia” puede ayudar a inhibir los impulsos agresivos activados por los sentimientos desagradables. Ser consciente de estos sentimientos desagradables ayuda a reducir considerablemente la reacción agresiva, especialmente si ésta es evaluada como comportamiento incorrecto. Aunque claro, esto puede que no resulte en todos los casos ya que cada niño tiene una concepción diferente acerca de lo bueno y lo malo.

Como controlar la agresividad

Estos son algunos procedimientos  que el educador puede adoptar para controlar la agresión en el grupo colectivo o individual de niños:

  • Enseñar la cooperación en vez de la competitividad
  • Acciones prosociales y constructivas
  • Técnicas de modificación de conductas
  • Refuerzos gratificantes

Programa de entrenamiento y modificación de conducta

Durante el año de 1975 Patterson y colaboradores crearon un programa de entrenamiento que llevaron a padres y educadores a un proceso de asesoramiento. Los resultados fueron satisfactorios en el tratamiento con niños y adultos jóvenes. A continuación dejare un esquema de su planteamiento:

Según Patterson

  1. El niño debe conocer cuándo una acción es positiva, cuándo no lo es, así como las consecuencias de la misma.
  2. Establecer un programa de recompensas y castigos con un sistema de puntos o fichas canjeables, especificado en un contrato mutuamente acordado.
  3. Aplicación del programa.
  4. Revisión y modificación, si procede.
  5. Ampliación del contrato.

Existen otros procedimientos basados en la psicología cognitiva proponen que la agresión se puede controlar si logramos reducir la reactividad emocional negativa que se desarrolla ante elementos o sucesos que son valorados como hostiles, es decir, si cambiamos precisamente la valoración negativa que de ellos hacemos. Así, si las agresiones emocionales son, en gran medida, reacciones generadas por una fuerte agitación interna y es sabido que dejarse llevar por ella sólo lleva a acrecentarla.

 Claro, el tratamiento debe incluir por tanto no sólo técnicas de control del comportamiento agresivo, sino también, en un segundo momento el entrenamiento en habilidades sociales y comunicación.

Por lo tanto, al parecer la única alternativa posible al comportamiento agresivo está basada en la educación y en la rehabilitación.

Referencia:

Cerezo Ramírez, Fuensanta “Conductas agresivas en la edad escolar, aproximación teórica y metodológica” Como afrontar el problema de agresión entre escolares. Ediciones Pirámide. Madrid, España. 2007. Págs. 205

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