¿Cómo formamos pareja?

pareja

El hombre nace de la madre y tiene un vínculo de total dependencia; la presencia del padre es necesaria para que estimule el desarrollo de la masculinidad, por encima de la feminidad. Si el hombre se queda en el ámbito de la madre la experimenta como poderosa y no puede tomar el padre, entonces lo masculino queda restringido y no puede ser un hombre adulto que haga pareja. Queda invadido de feminidad y termina compitiendo con la mujer. El hombre que no se vincula con el padre, es el favorito de las mujeres, el amante, el Don Juan, el seductor, el héroe.

La mujer nace de la madre y asume la feminidad, luego se acerca al padre con quien conoce el mundo masculino. Este recorrido finaliza cuando vuelve a la madre, quien se convierte en su modelo de identificación. La mujer que se queda en el ámbito del padre se llena de masculinidad y no puede identificarse con la madre, se convierte entonces en la favorita, la amante perfecta, la seductora, pero no en la mujer adulta que tiene una relación de pareja estable.

Cuando se hace el recorrido completo, se trata al otro sexo como un igual, no se compite, ni se envidia a la pareja, se es complemento.

El hijo que está al lado del padre respeta a la madre y a la mujer; el que se queda en la madre, domina, subyuga y abusa de la mujer. La hija que vuelve a la madre respeta al padre y al hombre; la que se queda en el padre, manipula, controla, domina y maltrata o explota al hombre.

Cómo formamos pareja

A lo largo de su trabajo terapéutico, Hellinger muestra que la elección de pareja depende exclusivamente de la manera como nos hemos relacionado en nuestro hogar y si estamos o no implicados en algún enredo familiar. Esto, por supuesto, lo ha dicho también la terapia sistémica. Ellos lo explican de la siguiente manera: cuando una mujer se casa con un hombre, éste la percibe con su sistema, es decir, según la imagen interior de mujer que tiene en su sistema. Lo mismo ocurre a la inversa.

Ahora bien, si ambos cónyuges configuran sus constelaciones, los dos tienen también la posibilidad de ver en qué puntos percibían de manera diferente al otro; por tanto, si esta imagen se corrige, la percepción del cónyuge se vuelve más real.

Así, si nos ha sido difícil formar pareja estable, ya sea porque somos compulsivamente infieles o porque a quien elegimos se muestra, a la larga, inadecuado, esto depende de la relación que establecimos con nuestra madre o padre en la infancia y, adicionalmente, es importante tener en cuenta si estamos suplantando una función de estos personajes.

El estar cumpliendo con una función que no nos corresponde debilita nuestra alma y cuerpo, además de que nos mantiene muy ocupados; así por ejemplo, para no ser desleal con la madre y hermanas luego de que el padre ha muerto, el hijo, inconscientemente, puede decidir que no formará pareja estable y para evitar la tentación caerá en enredos emocionales aunque, por supuesto, esto lo deja vacío e insatisfecho.

La profundidad del vínculo puede deducirse de sus consecuencias. La separación del primer amor es la más difícil, es la que más duele. Vínculo no equivale a amor. El amor puede ser escaso y el vínculo profundo. O, por otra parte, el amor puede ser profundo y el vínculo, ínfimo. Para que un nuevo vínculo pueda ser llevado con éxito, el primero debe ser resuelto de una manera positiva. El vínculo se resuelve reconociéndolo y valorando a la primera pareja. Quien rechaza y desprecia el primer vínculo, impide el vínculo siguiente.

Este artículo es una parte de “Las constelaciones familiares” las siguientes partes se encuentra a continuación:

Parte 1 – Introducción
Parte 2 – Los Órdenes del Amor
Parte 3 – La Conciencia Familiar
Parte 4 – ¿Cómo se realiza una Constelación Familiar?
Parte 5 – ¿Cómo formamos pareja?

Referencias
Luis A. Oblitas. “¿Cómo hacer psicoterapia exitosa?” Los 22 enfoques más importantes en la práctica psicoterapéutica contemporánea y de vanguardia. PSICOM Editores. Bogotá D.C. Colombia 2004. Pág. 585

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