Crítica a las pruebas de inteligencia

 pruebas de inteligencia

A traves de los tiempos se han diseñado diferentes pruebas de inteligencia, muchas de ellas suscitan una serie de controversias que hasta hoy en dia son criticadas por autores que no estan de acuerdo con la efectividad de las pruebas de inteligencia.

Pruebas de inteligencia

Muchos críticos (entre ellos Ginsberg y Sattler) creen que las pruebas de inteligencia sólo evalúan un conjunto muy limitado de habilidades: comprensión verbal pasiva, la habilidad para seguir instrucciones, sentido común y aptitud escolar. Por ejemplo, Blum en el año 1970 presento la siguiente crìtica: “Las pruebas de inteligencia miden con qué rapidez puede resolver la gente problemas relativamente sin importancia cometiendo tan pocos errores como sea posible, en lugar de medir cómo aborda problemas relativamente im- portantes, cometiendo tantos errores productivos como sea necesario y sin que el tiempo sea un factor a considerar”.

Otra crítica relacionada es que si sólo existe una cosa que midan todas las pruebas de inteligencia, ésta es la habilidad para presentar pruebas. Esto podría explicar por qué la gente que tiene un buen desempeño en una prueba de CI suele tenerlo también en otras pruebas. También podría explicar por qué las puntuaciones de una prueba de inteligencia tienen una correlación tan estrecha con el desempeño escolar, ya que las calificaciones académicas también dependen en gran medida de las calificaciones de pruebas. Sin embargo, las revisiones recientes de la evidencia demuestran que tanto las calificaciones escolares como las pruebas de inteligencia son buenos predictores del éxito ocupacional.

Esto sugiere que las puntuaciones en las pruebas de inteligencia (tanto en aquéllas de CI como en las que se aplican en el aula) no reflejan solamente la habilidad para presentar pruebas. Por consiguiente, esta crítica particular de las pruebas de inteligencia quizá tenga que reconsiderarse.

Otros críticos sostienen que el contenido y la aplicación de las pruebas de CI discriminan a las minorías. Como hemos visto, en Estados Unidos la mayoría de las pruebas de CI requieren un dominio considerable del inglés estándar, lo cual sesga las pruebas a favor de las personas blancas de clase media y alta. Además, los examinadores blancos de clase media tal vez no estén familiarizados con los patrones de habla de los niños negros de bajos ingresos o con los niños que provienen de hogares en los que el inglés no es el idioma principal, una complicación que dificulta el buen desempeño en la prueba. Además, algunas preguntas pueden tener significados muy diferentes para niños de diferentes clases sociales. Por ejemplo, la Stanford-Binet pregunta “¿Qué debes hacer si te golpea un niño más pequeño?” La respuesta “correcta” es “Alejarme”. Pero para un niño que vive en un ambiente donde la supervivencia depende de ser rudo, la respuesta “correcta” puede ser “Devolverle el golpe”. Sin embargo, esta respuesta recibe un cero.

Hasta las pruebas que se suponen libres de cultura pueden acentuar precisamente las diferencias culturales que están diseñadas para disminuir al mínimo, lo que va en detrimento de los examinados.

Por ejemplo, al presentarles la fotografía de una cabeza a la que le faltaba la boca, un grupo de niños asiático-americanos respondió diciendo que faltaba el cuerpo, por lo que no recibieron crédito. Para ellos, la ausencia del cuerpo debajo de la cabeza era más notable que la ausencia de la boca.

Aunque algunos investigadores creen que las pruebas de mayor uso y más estudiadas no están sesgadas contra las minorías, no todos están de acuerdo. La cuestión de si las pruebas son injustas con las minorías estará con nosotros por algún tiempo. Si las pruebas de inteligencia se utilizaran sólo con oscuros propósitos de investigación, sus resultados no importarían demasiado, pero como se emplean con muchos propósitos importantes, es crucial que entendamos sus fortalezas y sus debilidades.

Referencia: Morris, G. Charles. “Psicología” Decimotercera edición. Editorial Pearson. México. 2009. Pág. 321

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