Desarrollo de la personalidad del niño –Psicoanálisis

Desarrollo -de la- personalidad- del -niño –Psicoanálisis
Sinopsis:
En este post solamente mencionare la teoría freudiana sobre la estructura de la personalidad con particular referencia a los niños. Considerare la teoría de la personalidad a partir del niño recién nacido, avanzando hasta los últimos años de la niñez.
En el momento de nacer, la personalidad del niño está compuesta principalmente por el id. En momento, el id es y seguirá siendo el depósito de los instintos, que pueden definirse como los representantes mentales de urgencias y tienen una base somática.

Desarrollo:
Al nacer, el niño tiene apenas un ego rudimentario. A partir de ser rudimentario, trato de decir que va creciendo e incrementándose, alcanzando gradualmente, en las primeras semanas de la vida, la separación entre lo consciente y lo inconsciente, la vigilia y el sueño.
Freud ha comparado el ego con un hombre montado a caballo. A medida que su conocimiento y experiencia huestes van aumentando, su manejo y dominio del caballo mejorará. Lo mismo sucede con el ego. El niño desarrolla poco a poco una noción de sí mismo a partir de su estado primitivo y arcaico originario. Adquiere dominio sobre su cuerpo y sobre sus impulsos íntimos, y se relaciona con el mundo externo de la manera más realista. Por último, el ego se convierte en la porción de la personalidad que sirve de mediadora entre el mundo instintivo interior y el mundo ambiental exterior. Es el asiento de la conciencia y la porción de la personalidad a la que denominamos el ” yo”.
Entre el ego y el id se establecen las primitivas fronteras entre lo consciente inconsciente. Un funcionamiento mental siempre permanece por debajo de la noción consciente por fuera de la capacidad del individuo para lavar al plano consciente a la voluntad. Esta división entre lo consciente y lo inconsciente al principio es instintiva en el lactante, y sólo gradualmente cobra nitidez a medida que el niño se va haciendo mayor. A la actividad mental inconsciente se le aplica el término del proceso primario, Este tipo de pensamiento que se distingue en la actividad mental consciente, que se denomina proceso secundario.
En el inconsciente no se aplica la lógica, como sucede en lo consciente, y el tiempo no tiene ningún efecto sobre los procesos inconscientes, si bien influye sóbre los que son conscientes. En el inconsciente pueden coexistir los opuestos y el mundo exterior no tiene efecto sobre el.
Mecanismos de defensa
Una de las principales funciones del ego es la formación de los mecanismos de defensa. Estos mecanismos son los métodos, que operan inconscientemente en su totalidad, mediante los cuales se le debemos impulsos y íntimos inconscientes e indeseables. Los mecanismos se forman característicos a través de la niñez.
Las operaciones defensivas del ego comienzan durante la infancia y persisten para toda la vida. Renacimiento en adelante los impulsos instintivos presionan sobre el ego para descargarse; el ego embrionario acaba de considerar seguros estatales algunos de sus impulsos, y les permite acceso a la conciencia, mientras que a otros les considera peligrosos. El ego, por lo tanto elige sus mecanismos de defensa contra estos impulsos indeseables.
La sublimación
La sublimación es el único mecanismo de defensa que puede considerarse eficaces, porque ordena y permite la descarga de los impulsos instintivos. Realiza esto modificando carácter de los impulsos para impartirles formas socialmente más aceptables. La sublimación entraña primariamente impulsos pregenitales que son los que se hallan en el niño normal antes de alcanzar la primacía genital. El exhibicionismo, el voyerismo, la curiosidad infantil, el sadismo y la destructividad son impulsos pregenitales en el niño preescolar pueden y suelen hallar válvulas de escape inaceptables para las demás personas. Toleramos que el niño pequeño se levante de vez en cuando la camiseta o exhiba su cuerpo desnudo, pero lo inducimos a no hacerlo. El niño normal podrá conservar algunos de estos impulsos y modificar su manera de expresar los adoptando un comportamiento socialmente más aceptable, o sea que los sublima.
El niño exhibicionista puede convertirse en actor, mientras que el niño sádico puede sublimar posteriormente este impulso siguiendo el pugilismo, por ejemplo
El grado de éxito de la sublimación es variable o por lo menos éstas difieren en la medida en que se apartan de su pauta infantil original. En psiquiatría todavía existe incertidumbre, no solamente en cuanto los orígenes de la sublimación, sino también a la forma de fomentarla. Algunos impulsos pregenitales todavía se hallan en actividad en todas las personas, y redundaría en beneficio del individuo y de la sociedad que fueron sublimados y no ejecutados en su forma original, o reprimidos mediante defensas que representan un derroche de energías.
Los demás mecanismos de defensa consumen excesiva energía mental o deforman en cierta medida la realidad. Por lo general se enumeran unos 12 o más mecanismos de esta naturaleza, pero muchas veces es difícil determinar con exactitud en casos individuales cuál de ellos está funcionando debido a que se superponen.
Todos estos mecanismos operan por debajo del nivel de la conciencia y su utilidad como defensa disminuye en cuanto el individuo adquiere clara noción de ellos.
La proyección
La proyección es uno de los mecanismos de defensa más precoces y primitivos. El lactante tiene un ego inmaduro que concibe todo lo placentero para él como suyo, y todo lo que es placentero como ajeno. Literalmente proyecta sobre el mundo externo las sensaciones placenteras que surgen dentro del, y esta actividad es precursora de la proyección que hará ulteriormente de las porciones de su personalidad que haya inaceptables para los demás. Como podría esperarse la proyeccion no es infrecuente en niños; en consecuencia, tiende a proyectar sus propias ineptitudes sobre los demás para sentirse más cómodos. El niño de edad escolar que se enfurece por problemas de aritmética, no solamente afirma que el problema es “estupido”, sino que se lo han dado por un ” estúpido capricho del maestro”. En realidad está proyectando lo que tiene que sea su propia ” estupidez”.
La introyeccion
La introyeccion es otro mecanismo de defensa precoz y primitivos que utilizan todos los niños de hasta dos años, es una especie de forma mágica de introducir en uno mismo algo del mundo externo, para adquirir las propiedades y poderes de esa persona u objeto externo. A veces la introyeccion tiene el propósito adicional de destruir la cosa o la persona introyectada, así como el canibalismo de algunas tribus primitivas les hace devorar a los enemigos eliminados para asegurar poder fortalecer vencedor. Es relativamente infrecuente que los niños expresen claramente con palabras las ideas de introyeccion durante la segunda infancia, pero una excepción a esta regla fue el caso de una niña de nueve años a la que atemorizaba y fascinaba los gorilas. En su tratamiento dijo que los gorilas la devoraban y que ya los devoraban. Le parecía que comiendo un gorila recibiría la fuerza y omnipotencia que deseaba, pero también temía represalias por sus deseos. La introyeccion es un mecanismo de defensa primitivo; en consecuencia, se la observa mejor en los niños de muy corta edad o en los más grandes que presenta un serio estado psicopatológico, como la niña que acabamos de mencionar.
La identificación
La identificación es una forma más refinada de introyeccion. Consiste en adoptar las cualidades de otra persona y en convertir a esas cualidades en parte de la propia persona. La mayoría de las veces, pero no siempre, la identificación de su mecanismo de defensa y, como tal, ocurre en una variedad de formas. Durante los años del aprendizaje de la marcha y de lenguaje, cuando el niño comienza reconocer el poder de los adultos, se apega a ellos mediante la identificación, pero de tal manera que el adulto es la persona todopoderosa y el mismo sólo es un dependiente. Más adelante, cuando culmina la situación edipica el varón se identifica con el padre de la manera que elimina figurativamente al padre y convierte al niño en padre. Este es un tipo de identificación sustitutiva de naturaleza básicamente agresiva. Por último, durante la fase de latencia, el niño se identifica con el progenitor del mismo sexo de tal manera que copia su padre, en vez de eliminarlo. Éste tipo de identificación tiene una naturaleza indicativa y es esencial para la maduración normal.
La identificación con el agresor (por Ana Freud)
Es un mecanismo de defensa común en la niñez. Como los niños son más chicos que los adultos y también dependen de ellos, muchas veces se los coloca en posición de tener que aceptar pasivamente algo que se les hace activamente y sobre lo cual tienen poco o nada que elegir. Muchas veces sus personalidades inmaduras corren peligro de ser arrolladas por alguna de estas situaciones. Un ejemplo de esto es el niño llevado al dentista. El niño no participa en la decisión de ir, tiene poca opción sobre lo que ocurre en el consultorio y que en el procedimiento, que puede ser doloroso; así, cuando regresa a su hogar y de buscar un niño menor y representar jugando todo el acto, pero invirtiendo los papeles. Un ejemplo más común todavía es el de la niña que, castigada por su madre por haber cometido una travesura, va posteriormente su habitación, asume el papel de la madre con su muñeca y castiga a esta. Esta identificación con el agresor es un intento para aliviar la situación traumática original. El niño asume el papel de agresor en una situación equivalente al original, en la cual había actuado como persona pasiva.
La regresión
La regresión es un mecanismo de defensa del cual el niño regresa a un plano de ajuste emocional más primitivo, por lo general porque la situación actual lo amenaza. Regresa a un ajuste en el que se hallaba más cómodo porque no soporta las dificultades que se le presentan en el nuevo plano. Un ejemplo común es el niño de alrededor de tres años que se encuentra con un nuevo hermanito o hermanita. Este niño de tres años puede haber adquirido los hábitos de evacuación y conversar bien, realizando un ajuste general adecuado, pero con la llegada del hermano menor en el perder parte del amor de sus padres en favor de este, y para defenderse regresa un plano más infantil, comienza a orinarse y defecarse encima, y pide el biberon. La regresión no solamente puede producirse por el nacimiento de un hermano más, sino también cuando se presenta una situación que genera ansiedad, como el comienzo de la escuela, la pérdida de un padre o el traslado a un nuevo barrio.
La formación de reacción
Margen de reacción es un mecanismo de defensa que entraña el desarrollo de pautas ostensibles del carácter que sólo contrario de los impulsos inconscientes inaceptables. El niño con mucha austeridad puede defenderse contra este haciéndose ostensiblemente blando, atento y muy dispuesto a conformar y agradar a los demás. Observando superficialmente un niño así, uno supondría que no abriga resentimientos, pero la existencia de la formación de reacción se deduce por su actitud inflexiblemente agraviante. Se comporta de esta manera, con muy pocas variantes, en cualquier circunstancia, incluso situaciones en que cabría esperar una situación hostil. El niño perfeccionista también emplea la formación de reacción en considerable medida. En su inconsciente puede haber impulsos hacia el desorden, el sadismo, agresión y egoísmo; en la superficie, empero, su carácter parece lo contrario y es perfeccionista, excesivamente limpio y servicial.
La represión
La represión es un mecanismo de defensa prácticamente ubicuo y podría definirse como un olvido inconsciente lleno de propósitos.
Tal como sucede en todos los demás mecanismos de defensa, la represión actuó inconscientemente. Comprende la relegación de ideas, emociones hubo ambas cosas al inconsciente, y el continuo empleo de energía defensiva para mantener a este material fuera del plano consciente. El ejemplo más común de represión es en el niño normal la relegación a su inconsciente de la mayoría de las memorias de los años preedipicos y edípicos a medida que entra en el período de latencia, memorias que con el transcurso de los años le resultan cada vez más difíciles de evocar. Estas memorias no se pierde por el lapso transcurrido sino debido a una represión en masa. Este mecanismo se emplea en extraordinaria medida en los niños que padecen dificultades histéricas, pero también lo utilizan hasta cierto punto todos los niños y adultos.
La negación
La negación de su mecanismo de defensa relativamente común en los niños; pero lo con menos frecuencia y con un carácter más patológico en adultos. Entraña la negación de la realidad de una situación y el reemplazo de la misma por algo más agradable para el niño. Durante la infancia la negación ocurre comúnmente en el juego y en la fantasía. El niño podrá negar que tiene seis años de edad, que es relativamente inmaduro y dependiente, y proclamar, en cambio, que es un superhombre o un viajero del espacio.
Puede juntar dos cáscaras de naranja y anunciar enfáticamente que son una nave espacial. A medida que el niño entra en años, tiende a emplear la negación en su fantasía. Tiene ensoñaciones en las cuales se ve a sí mismo como vaquero del Oeste, gran estadista o campeón de atletismo.
Un hecho importante sobre la negación en infancia es que el niño normal puede ser apartado de su fantasía o situación de juego y es capaz de reasumir el papel que le corresponde en la vida cuando la realidad de la situación lo requiere. La negación en el juego y la fantasía permite al niño escapar a su papel relativamente impotente, para asumir el papel más poderoso que preferiría desempeñar. La negación va siendo progresivamente menos útil para el niño normal a medida que se hace mayor, y cuando llegaba adulto lo utiliza pocas veces o nunca. El adulto que depende de la negación en el grado que se observa en el niño pequeño, muchas veces es un psicótico que vive en un mundo formado por sus propias fantasías.
Volverse contra él yo
Este también es un mecanismo de defensa en el cual los impulsos se reorientarán contra uno mismo y no contra otra persona. Normalmente la agresión infantil tiene una orientación centrífuga, pero, cuando se emplea a este mecanismo, la agresión se orienta centrípeta mente y representa una inversión básica de sentido. Todo niño es hostil hacia los demás, inclusive las personas que ama, por lo menos en ciertas ocasiones. Si su hostilidad amenaza con provocar represalias o la pérdida del amor, empero, el niño puede volver la hostilidad contra sí mismo. Un ejemplo de este mecanismo es el niño que, si bien querría lesionar y castiga su padre, se golpea la cabeza para castigarse asi mismo. Muchas veces el volverse contra él yo señala el principio de un carácter masoquista y, como tal, es precursor de una dificultad emocional de relativa gravedad.
El aislamiento
El aislamiento es un mecanismo de defensa en el cual existe una separación entre el contenido ideativo y el afecto que lo acompaña. El contenido ideativo tiene acceso entonces a la conciencia, pero el afecto permanece inconciente. Esto significa que el niño se convierte en un tipo de persona intelectual, que carece de emoción consciente. Con mucha frecuencia los niños que emplean este mecanismo son muy inteligentes y puede realizar excelentes progresos académicos en la escuela; parecen más maduros para sus años cronológicos, pero no son emocionalmente espontáneos, tienen dificultades para entablar amistades y se les describe como ” fríos”. Éstas características persisten en el individuo a medida que va creciendo, que se mantiene frío y trata de resolver todas las dificultades de su vida mediante un enfoque puramente intelectual.
El exorcismo
El exorcismo es otro mecanismo de defensa que se destaca en ciertos niños, especialmente durante el periodo de latencia. Es el empleo de gestos o pensamientos mágicos destinados a anular pensamientos o emociones inaceptables. Una niña de nueve años, neurosis bien desarrollada tenía pensamientos iteractivos de que su madre sufriría un accidente siempre que saliese de su casa. Tratando de conjurar posibilidad, la niña se puso pensar en cosas buenas que podrían sucederle a su madre cuando estuviese fuera.
Como llevo dicho previamente, el pensamiento mágico es normal durante la fase final del desarrollo y puede persistir en ciertos tipos de neurosis. En adultos se manifiesta con supersticiones que conservan trazas de rituales ancestrales destinados a prevenir infortunios.
La racionalización
La racionalización es el mecanismo de defensa que está más próximo a la conciencia y casi todos lo utilizan en cierta medida. La racionalización es el empeño de procurarse una razón aceptable para algún acontecimiento o acción cuyo verdadero motivo es emocionalmente inaceptable. El niño que no quiere participar en un juego competitivo porque tiene miedo a perder, quizás no acepte concientemente idea, y entonces racionaliza para que piense que aprovecharía mejor su tiempo estudiando. Por lo tanto, la racionalización es una tentativa de evitar la culpabilidad. Si este mecanismo se utiliza con demasiada frecuencia en niños o adultos, también sirve para eludir muchas situaciones, paralizando así el progreso del individuo.
Super ego
El super ego, la tercera estructura de la personalidad, interviene principalmente en el bien del mal. Es la porción de la psiquis que juzgar la aceptabilidad de los pensamientos, los sentimientos y la conducta. ontógenética y filosóficamente la porción de la personalidad que se desarrolla en último término.
En sus primeros años el niño no tiene un super ego bien estructurado ni bien internalizado, en cambio sus padres hacen las veces de super ego externo y durante sus primeros años le proporcionan sus normas sobre el bien y el mal. El niño comienza a internalizar gradualmente algunos de los dictados paternos ya en la fase anal, pero la estructuración del super ego en su forma permanente sólo ocurre cuando se inicie el período de latencia. Desde entonces en adelante, el niño no solamente debe responder ante sus padres y ante la sociedad, sino también ante su propio super ego todos sus pensamientos, sentimientos y acciones.
La estructura del supremo varía notablemente de una persona a otra. Algunos niños no internaliza un supremo adecuado y siguen dependiendo de sus padres o de otros miembros del ambiente para la imposición de normas sobre ellos mismos. Otros niños, en cambio internaliza un superhéroe punitivo e implacable que raras veces o nunca puede ser aplacado, por más que niño lo intente. El niño normal elige un superhéroe razonable en sus demandas, que permite cierta flexibilidad. En este niño muchas veces es imposible separar con claridad en ego y el super ego porque ambos están tan fusionados que sólo momentos de tensión o demarcada tentación se evidencia alguna diferencia entre ambos.
Sólo una porción de super ego es consciente; muchas veces denominamos esta porción como conciencia. Sus dictados son reconocidos con claridad por el individuo y por lo general tiene perfecta noción de cuando, como y donde los ha transgredido. La gran porción del super ego que es inconciente formula las demandas irrazonables y sádicas que se instalan en el niño neuróticos. El arma más poderosa del supremo es el extremadamente molesto sentimiento de culpa. Si la culpa es producida por la porción consciente del supremo, por lo general tenemos noción de ella, como también de motivo que le diera origen. Si, en cambio, la culpa ha sido producida por la porción inconsciente del super ego, muchas veces adquiere un carácter irreal y ni siquiera se la percibe concientemente como culpa.
La crónica tensión entre super ego y el ego es una de las características primordiales del niño neuróticos. Sin embargo, la ausencia total de culpa, no importa los actos que se cometan, es atributo de muchos niños que presentan problemas de carácter. La presencia de un super ego incrementa la necesidad de mecanismos de defensa del niño; por lo general, cuando más severo es el super ego, más mecanismos de defensa se utilizan.
El niño normal atraviesa varias fases del desarrollo psicosexual. El niño normal exhibe un ego de fuerza adecuada para su tal y un mínimo de inmadurez y residuales, y eventualmente internaliza un superego firme pero no punitivo. Por lo contrario, el niño con problemas emocionales tiene dificultades en uno o más de estos aspectos. El psiquiatra de niños tiene el deber de reconocer y valorar las desviaciones del desarrollo normal, determinar las razones de estas desviaciones y de formular planes para tratamiento correcto. Para ello tiene que estar perfectamente familiarizado con niños normales de todas las edades. Cuanto más amplio será su conocimiento de los niños normales, más exacta será su comprensión de las diversas anormalidades.

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