E L H U M A N I S M O J U D Í O


La afirmación más fundamental de la Biblia sobre la naturaleza del hombre es que éste ha sido hecho a imagen de Dios. “Entonces dijo “Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, “conforme a nuestra semejanza; y señoree en “los peces del mar, en las aves de los cielos, en “las bestias, en toda la tierra, y en todo animal “que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al “hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó: “varón y hembra los creó” (Gén. 1:26-27)1. No puede cuestionarse el énfasis que la narración pone en este punto. Usa dos expresiones, “imagen” y “semejanza”, y luego repite otra vez en el versículo siguiente la misma idea. La narración bíblica no solamente habla del hombre como hecho a imagen de Dios, sino expresa poco después el temor de Dios a que el hombre se convierta él mismo en Dios. Este temor está clara-mente expresado en Gén. 3:22-23. El hombre ha comido del árbol del conocimiento; no ha muerto, como había acertadamente predicho la serpiente: se ha hecho como Dios. Solamente la mortalidad lo distingue de Dios. Hecho a la imagen de Dios, siendo como Dios, él no es Dios.

Para evitar que esto suceda, Dios expulsa a Adán y Eva del Paraíso. La serpiente, que había dicho eritis sicut dei (“seréis como dioses”) había estado en lo cierto.
Que el hombre pueda convertirse en Dios y que Dios le impida alcanzar este objetivo, es probablemente una parte arcaica del texto. Sin embargo, no ha sido eliminada por los diversos editores, quienes debieron tener sus buenas ra-zones para proceder así.
Quizás una razón es que querían insistir en que el hombre no es Dios, ni puede volverse Dios; puede hacerse como Dios, puede imitar a Dios, por así decirlo. En verdad, esta idea de la imitatio Dei, de aproximarse a Dios, requiere la premisa de que el hombre ha sido hecho a imagen de Dios.

En la Biblia, este concepto de la aproximación de Dios está expresado en la aserción: “Habló Jehová a Moisés diciendo: Habla a toda “la congregación de los hijos de Israel y diles: “Santos seréis, porque santo soy Yo, Jehová “vuestro Dios” (Lev. 19:1-2)2. Si consideramos que el concepto de “santo” (kadosh) expresa la cualidad esencial de Dios, la que lo separa del hombre, cualidad que en las etapas primitivas de la religión había hecho a Dios tabú e inaccesible, resulta clara la importancia del paso adelante en la evolución que señala la expresión de queel hombre puede ser “santo”3. En los profetas, desde Amón en adelante, encontramos el mismo concepto. Lo que el hombre ha de hacer es adquirir y practicar las principales cualidades que caracterizan a Dios: justicia y amor (rajamin). Miqueas formuló sucintamente este principio: “Oh hombre. El te ha declarado “lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: sola”mente hacer justicia, y amar mi misericordia (o “amor constante) y humillarte ante tu Dios” (Miqueas 6:8). En esta formulación encontramos otra descripción de las relaciones entre Dios y el hombre. El hombre no es Dios, pero si adquiere las cualidades de Dios, no está por debajo de Dios, sino que anda con Él.

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