El aprendizaje no siempre es lo que parece

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Era el primer día de Isabel como maestra independiente. Luego de semanas de trabajar con otra maestra de ciencias sociales de segundo de secundaria, estaba preparada para hacerlo sola. Al pasar del escritorio al frente del aula vio que una persona se aproximaba a la puerta del salón: la señora Rosas, su supervisora en la universidad. De repente, el cuello y los músculos faciales de Isabel se tensaron y sus manos comenzaron a temblar.

“Me detuve para observar tu clase” —dijo la señora Rosas—. Esta será la primera de seis visitas. Intenté localizarte anoche para avisarte. Isabel quería ocultar su reacción, pero sus manos temblaban mientras recogía las notas para la clase.

“Hoy empezaremos con una especie de juego. Diré algunas palabras y quiero que respondan lo primero que se les ocurra. No tienen que levantar la mano, sólo hablen en voz alta y yo iré escribiendo en el pizarrón, pero no hablen todos a la vez, esperen a que sus compañeros hayan terminado. Bien, aquí está la primera palabra: “esclavitud” “Revolución” “Hidalgo” “Libertad” “Proclamación de la independencia”

Las respuestas llegaban con rapidez e Isabel se sentía aliviada de ver que sus alumnos hubieran entendido el juego. “Muy bien, estupendo —dijo—. Intentemos ahora con otra: “sur” “Caudillo del Sur” “Cruz del Sur” “Eje Sur” “No tonta, ése es un nombre de calle” “La calle de Nosotros los pobres” “Pedro Infante.” Ante esta última respuesta, una oleada de risas se difundió por el aula. “¡Pedro Infante! —suspiró Isabel soñadoramente—. Hace un mes pasaron por la televisión” Nosotros los pobres” —y se unió al coro de risas. Pronto todos los estudiantes estaban riendo—. Está bien, cálmense —dijo Isabel—. Aquí tienen otra palabra: “Norte” “Corte” Los estudiantes seguían riendo. “Reporte” “Resortes” Más risas acompañadas de algunos movimientos apropiados.

“Esperen —suplicó Isabel—. Esas palabras no son nuestra meta.” “¿Guardameta? Futbol” —disparó el niño que mencionó primero a Infante, al tiempo que se levantaba y comenzaba a lanzar bolas de papel a un amigo sentado al fondo del aula simulando el estilo de algún futbolista. “Arriba las Chivas.” “No, las Águilas.” “El Estadio Azteca.” “Tortas calientes.” “Refresco en bolsa.” “Videos en casa.” “Nosotros los ricos.” “Pedro Infante.”

Las respuestas se suscitaban demasiado rápido para que Isabel pudiera detenerlas. La nueva alusión a Pedro Infante provocó una carcajada todavía mayor. Isabel había perdido el control de la clase. “Muy bien, puesto que saben tanto sobre la Guerra de Independencia, cierren sus libros y tomen un bolígrafo” —dijo a todas luces molesta mientras les pasaba la hoja de trabajo que había planeado como proyecto cooperativo a resolver con libro abierto—. “¡Tienen 20 minutos para terminar la prueba!” “¡Pero no nos avisó que tendríamos examen!” “¡Eso no es justo!” “¡Ni siquiera hemos terminado el tema!” “¡Yo no hice nada malo!” Había quejas y miradas de disgusto incluso en los estudiantes más cordiales. “¡Voy a acusarla a la dirección; esto es una violación a los derechos de los estudiantes!”

Este último comentario pegó duro. El grupo acababa de revisar el tema de los derechos humanos como preparación para la unidad sobre la Guerra de Independencia.

Mientras escuchaba las protestas, Isabel se sentía cada vez peor. ¿Cómo iba a calificar esas “pruebas”? La primera sección incluía hechos acerca de acontecimientos de la Guerra de Independencia y la segunda pedía a los estudiantes que imaginaran una entrevista tipo noticiario de personas comunes afectadas por la guerra.

“Está bien, está bien, no será una prueba. Pero tienen que completar esta hoja de trabajo para recibir una calificación. Iba a permitirles que trabajaran juntos, pero su comportamiento esta mañana me indica que no están preparados para trabajar en equipo. Si pueden completar la primera parte de la hoja trabajando callada y seriamente, podrán trabajar juntos en la segunda sección”. Isabel sabía que a sus alumnos les gustaría trabajar juntos en la redacción del guion para el programa de entrevistas.

A simple vista, parecería que en el aula de Isabel ha tenido lugar muy poco aprendizaje de algún tipo. En realidad, tenía buenas ideas pero también cometió errores al aplicar los principios de aprendizaje.

Para empezar, diferenciemos cuatro acontecimientos, posiblemente relacionados con un proceso diferente de aprendizaje.

Primero, las manos de Isabel temblaban cuando su supervisora entró al aula; segundo, los estudiantes asociaron bien las palabras caudillo y cruz con la palabra sur; tercero, un alumno continuó interrumpiendo con respuestas inadecuadas, y cuarto, después de que Isabel rió de su comentario, el grupo se unió a la diversión. Los cuatro procesos de aprendizaje representados en este caso son: condicionamiento clásico, contigüidad, condicionamiento operante y aprendizaje observacional.

Referencia:  Woolfolk, Anita E. “Psicología Educativa” Teorías conductuales del aprendizaje. 7ma. Edición. Editorial PRENTICE HALL. México. 1999.  pág. 205

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