El concepto de delirio

Los delirios son juicios falsos, que se caracterizan porque el individuo los mantiene con gran convicción.
Los delirios son juicios falsos, que se caracterizan porque el individuo los mantiene con gran convicción.

Definir qué es un delirio ha sido, y sigue siendo, uno de los temas fundamentales que ha tenido planteados la psicopatología. El origen de la palabra delirio deriva del término latino delirare, que significa salirse del surco labrado, lo que aplicado al pensamiento humano sería algo así como “pensar saliéndose del surco normal”.

La definición de “delirio” más conocida y más citada es la que ofrece Jaspers en su libro Psicopatología General de 1975. Para Jaspers, los delirios son juicios falsos, que se caracterizan porque el individuo los mantiene con gran convicción, que no son influenciables ni por la experiencia ni por conclusiones irrefutables, y que además su contenido es imposible.

El concepto de delirio

Un ejemplo lo constituye la definición que propone Mullen en el año 1979, una de las más citadas en los textos actuales. Según este autor, este tipo de creencias anormales tienen las siguientes características:

  1. a) Se mantienen con absoluta convicción.
  2. b) Se experimentan como una verdad evidente por sí misma, con una gran trascendencia personal.
  3. c) No se dejan modificar por la razón ni por la experiencia.
  4. d) Su contenido es a menudo fantástico o cuanto menos intrínsecamente improbable.
  5. e) Las creencias no son compartidas por los otros miembros del grupo social o cultural

Oltmanns en el año 1988 ha realizado buena parte de este trabajo, y tras una amplia revisión recoge un listado de las principales características que se hallan contenidas en la mayor parte de las definiciones. A partir de aquí, concluye que las características que se suelen tener en cuenta a la hora de definir un delirio son las siguientes:

  1. El balance entre las evidencias a favor y en contra de la creencia es tal que otras personas la consideran completamente increíble.
  2. La creencia no es compartida por otros.
  3. La creencia se mantiene con una convicción firme. Las manifestaciones o las conductas de la persona no cambian ante la prestación de evidencias contrarias a la creencia.
  4. La persona está preocupada (emocionalmente involucrada) con la creencia y le resulta difícil evitar pensar o hablar sobre ella.
  5. La creencia tiene referencias personales, más que convicciones políticas, religiosas o científicas no convencionales.
  6. La creencia es fuente de malestar subjetivo o interfiere con el funcionamiento social de la persona y con sus ocupaciones.
  7. La persona no dice que lleva a cabo esfuerzos subjetivos para resistirse a la creencia (en comparación con los pacientes que tienen ideas obsesivas).

Cuantas más de estas características posea una creencia determinada, mayor será la probabilidad de que sea delirante. Pero hay que tener en cuenta que ninguna de ellas es condición suficiente ni necesaria para definir una creencia como delirante.

Por otro lado, los fenomenólogos normalmente comienzan afirmando que los delirios no pueden ser definidos fenomenológicamente; por el contrario, los nosologistas afirman que las definiciones son muy importantes, y luego en sus clasificaciones no suelen definir qué es el delirio.

Por lo tanto, puede que uno de los problemas que hacen tan difícil la definición de los delirios provenga de considerarlos como “creencias falsas”.

Referencia: Belloch, Amparo.”Manual de psicopatología” Volumen I. Edición revisada. Editorial McGraw-Hill/Interamericana de España. Madrid, España. 2008. Pág. 227

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