El motivo de consulta: ¿por qué los niños van a terapia?

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Los motivos por los que se lleva a un niño a consulta con un especialista de la salud mental son múltiples y variados; por lo general, son los padres y/o educadores quienes solicitan una evaluación para el niño porque identifican en él algo que consideran un “síntoma anormal”, o porque alguna otra persona, por ejemplo, una maestra o familiar, les señala que el pequeño tiene problemas.

Sin embargo, lo que puede tener valor de síntoma para los adultos no necesariamente lo tiene para el niño. Cuando se trabaja con menores es necesario tomar en cuenta que no es él quien solicita la consulta, sino que son otros los que requieren que se le evalúe y se le trate. Por eso, el motivo de consulta no siempre es el verdadero motivo del porque llevan al niño a terapia.

El motivo de consulta

Lamentablemente hoy en día pareciera que se ha puesto muy de moda en las escuelas que cuando un niño no aprende o tiene problemas de conducta, se le remite de inmediato al psicólogo, lo que es adecuado en ocasiones, pero en otras es posible que la educadora o los métodos de enseñanza sean los que estén fallando, o bien algún otro factor que no sea de origen psicológico. De cualquier manera, una de las quejas más frecuentes por las que se lleva a un niño a evaluación psicológica es por problemas de aprendizaje o escolares.

Los “problemas de aprendizaje” tienen que ver con las expectativas y fantasías que los padres tienen acerca de sus hijos, para quienes resulta una herida narcisista el que sus pequeños no se desempeñen tan bien como otros.

En algunos casos los padres de familia buscan que alguien se haga cargo del “problema del niño”, que lo vea dos o tres veces por semana, pero sin que ellos tengan que participar. Aunque existen otras razones por las que los padres llevan a sus hijos a evaluación psicológica, por ejemplo, porque se trata de un niño sumamente berrinchudo o inquieto al que la madre no puede controlar. En esos casos, hay que evaluar si el problema es del pequeño o de la madre.

Muchas veces, los padres utilizan a sus hijos como un pretexto para pedir ayuda para sí mismos y el psicólogo debe identificar esto. No hay que perder de vista que cada caso es diferente, el manejo de cada situación requiere de mucho cuidado y preparación por parte del profesional. Lo que funciona con algunas personas, con otras no y esto hace que el trabajo clínico sea muy complicado.

La primera labor del psicólogo que trabaja con niños podría consistir en hacerles ver a los padres que tienen que involucrarse y participar en el tratamiento de sus hijos, aunque a veces sea difícil que acepten su participación, sobre todo cuando el menor se ha convertido en el “chivo expiatorio” de la familia.

La obligación del psicólogo es lograr una comprensión “objetiva” de la situación; concuerde ésta o no con las expectativas de los padres y proponer el tratamiento adecuado. Es claro que hay ocasiones en que no se requiere tratamiento alguno, en ese caso es necesario orientar a los padres en relación con el problema que plantean.

Referencia: Esquivel Ancona, Fayne. “Psicodiagnóstico clínico del niño” 3ª. Edición. Editorial El Manual Moderno. México. 2007. 360 págs.

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