El mundo fantástico del niño

niño

Sinopsis:

Fantasía es la facultad que todo niño tiene para reproducir por medio de imágenes cosas pasadas, lejanas o imaginarias para representar ideales en forma sensible o real.
Fritz Perls menciona que la fantasía es una de las tres zonas mediante las cuales nos relacionamos con el mundo. Anteriormente en un post llamado ‘El miedo en los niños‘ explique sobre estas tres zonas por las que nos relacionamos que son la zona externa, la zona interna y la zona intermedia o de la fantasía.

Sigmund Freud vé la fantasía como al superyo, como una forma introyectada de la figura parental, una figura parental fantaseada, distorsionada por las proyecciones mismas del niño. En el niño, la fantasía se considera como un sueño diurno que puede llevar al acto mediante el juego. Como terapeutas no tenemos el derecho de decirle al niño de juzgarlo por como juega ya que es “él y su fantasía”. Pues el niño crea un mundo propio al jugar, mejor dicho, el niño inserta las cosas (fantasías) de su mundo en un nuevo orden que le agrada.

Para M. Klein, la fantasía es inconsciente y existe desde el comienzo de la vida. Según Klein la fantasía es una función del yo y es anterior a la formación de la realidad. De tal manera que el Yo esta primero en contacto con la realidad interna que es la fantasía y que posteriormente puede enlazarse a objetos (juguetes) en donde la fantasía va cediendo lugar a la realidad. Sin embargo, hay momentos en que la fantasía es más fuerte e influye sobre la reacción que la personalidad tiene ante la realidad.

Desarrollo:
Klein afirmaba que la fantasía está relacionada con el consciente y en una función del yo, que se manifiesta en el juego. La forma de llegar al inconsciente será recorrer este camino en sentido inverso, por medio de la interpretación del juego se pone de manifiesto la fantasía que lo sostiene y a su vez se descubre el inconsciente.
Según Klein en los primeros meses de vida del niño, la fantasía juega un papel muy importante ya que “tiene un aspecto defensivo de satisfacer impulsos instintivos que no preceden de la realidad externa, sino de la realidad interna”, en pocas palabras la fantasía sirve como mecanismo de defensa para que nuestras fuerzas internas (id) no escapen a la realidad de manera grotesca.

Si es así, entonces la fantasía podría “arreglar” la realidad. Me parece correcto porque en el caso de terapia con niños, mediante la apertura de la fantasía que es por medio del juego, el niño logra conectar con su Yo interno manifestándolo en la realidad y es aquí en donde el terapeuta puede orientar hacia como el niño puede “arreglar” una situación problemática de su contexto real.

La fantasía en la terapia infantil tiene un doble uso: por un lado es un indicador de lo que pasa en el niño, de la forma como él vive su ambiente, su familia, sus conflictos; y por otro lado, es un instrumento que todos usamos para que el niño pueda expresarse.

Un terapeuta experto sabe que a través de la fantasía podemos divertirnos con el niño y también podemos conocer el proceso del niño. Mediante la fantasía podemos asomarnos al mundo interno del niño. Podemos hacer aflorar lo que está escondido o lo que evita y también podemos saber qué está pasando en la vida del niño desde su propia perspectiva. Debido a estas razones incito que la fantasía funciona como una herramienta terapéutica.

En una ocasión llevé a cabo una fantasía actuada con Gabi. Le pedí que se imaginara que era un animal, el que ella eligiera. Escogió un gatito. Entonces le pedí que imaginara que ella era un gatito, que estaba en una casa, con una familia, donde le daban de comer, y donde había niños que jugaban con el gatito. Luego le pedí que ella continuara la fantasía. Lo que Gabi fue imaginando y que fuimos actuando en juego fue lo siguiente:

Yo soy un gatito pardo, me llamo Kisifur, vivo en una casa con muchos niños que me quieren mucho. Pero de repente viene un gato blanco (yo lo actúo) y ese gato es malo, pues le viene a quitar a Kisifur su comida y la atención de los niños. Entonces Kisifur se enoja y echa fuera al gato blanco, no lo deja que se suba a la cama de los papas, pues Kisifur duerme con ellos, en medio. El gatito blanco se quería subir y quitarle su lugar, pero Kisifur se enoja y lo saca de la cama, lo muerde, lo echa al lodo y le dice que no regrese nunca.

Gabi jugó largo rato a esta fantasía ampliándose en detalles. Luego pudo reconocer que ese gato blanco es su hermana, de quien siente celos y resentimiento, a quien agrede, y que además es la causa de que haya venido a terapia. Luego de haber canalizado su agresión, pudo terminar su fantasía de otra manera, viendo que Kisifur es mayor que el gatito blanco, y que cuando este gatito esté en peligro ella le puede ayudar y sentirse bien por ello.

En este caso puede verse cómo está presente la fantasía, tanto en el desarrollo y expresión del problema como en su elaboración. Pero quisiera explicar algo muy importante, es de vital importancia que el terapeuta conozca cuando un niño dice una fantasía y una mentira.

En ocasiones se considera que un niño está mintiendo porque no dice las cosas de acuerdo con la realidad, como suceden Sin embargo es necesario recordar que por medio de la fantasía el niño arregla las cosas como él quiere verlas, somos nosotros los que le ponemos la etiqueta de “mentira” cuando en realidad es una fantasía. Si en lugar de castigar al niño, o aferramos a que dice otra cosa, intentáramos comprenderlo y “meternos” en su fantasía, tal vez conoceríamos más de él y de cómo está percibiendo su ambiente. Los niños también “mienten” porque tienen miedo a enfrentar la realidad tal como es; o también porque temen el castigo de los padres.

La fantasía y el dibujo 

El dibujo constituye un elemento de trabajo esencial en la terapia infantil. Esto es cierto especialmente en niños mayores de 8 años que no se expresan fácilmente con juguetes.
Gestálticamente el dibujo no se interpreta como se hace en los Test proyectivos con dibujos como el Machover, el dibujo de la familia, el HTP, etc. Una interpretación no es más que una proyección del que la realiza. Además los estándares para la interpretación encajonan al niño y a su dibujo, restándoles individualidad.

En Gestalt, el dibujo se trabaja junto con el niño. Esto nos hace ser congruentes, además, con otro principio: en Gestalt el terapeuta es solo un facilitador del proceso de darse cuenta de la persona. No tomamos en ningún momento el papel activo (interpretador) para colocar en lugar pasivo al niño y a su dibujo.

Para conocer el significado de un dibujo, le pedimos al niño que, utilizando su fantasía, se vaya convirtiendo en cada uno de los elementos del dibujo, y lo hable en primera persona. Nosotros sostenemos un diálogo con esa parte del dibujo.

De manera que la técnica del dibujo se trabaja de manera diferente en terapia Gestáltica y terapia Psicoanalítica, en la primera el dibujo sirve como facilitador de las fantasías y en el segundo sirve como una técnica proyectiva. Sé que suena algo confuso pero de igual manera hablare sobre estas diferencias en otra ocasión. Hasta entonces…

Referencia:
Amescua Guadalupe (1997) “La magia de los niños”© Editorial Academia, 1997, La Habana Cuba

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