El pensamiento lateral

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A Edward de Bono se le asocia con la palabra “pensar” y no hay nadie más conocido por conseguir que la gente trabaje sobre la efectividad de sus patrones de pensamiento y sus ideas.

Uno de los libros que este autor escribió y llego a convertirse en un bestsellers es el libro llamado “pensamiento lateral”.

¿Qué es el pensamiento lateral?

Cuando De Bono comenzó a escribir en los años sesenta, no había ningún modo práctico estandarizado de lograr nuevas intuiciones. A unos pocos se les consideraba “creativos”, pero el resto tenía que caminar dentro de los surcos mentales establecidos. Él promovió el concepto de pensamiento lateral como la primera “herramienta para despertar la intuición” que podía emplearse para resolver problemas.

El concepto de pensamiento lateral surgió del estudio que hizo De Bono acerca de cómo funciona la mente. Descubrió que la mejor manera de entender el cerebro no es comparándolo con un ordenador, pues más bien se trata de “un entorno especial que permite que la información se organice en patrones”. La mente busca constantemente patrones, que piensa en términos de esquemas y se auto organiza, incorporando nueva información en términos de lo que ya sabe. Teniendo en cuenta estos hechos, De Bono observó que una nueva idea normalmente ha de luchar con las antiguas para establecerse. Buscó modos en los que las ideas nuevas pudieran producirse a través de la comprensión espontánea más que a través del conflicto.

El pensamiento lateral es un proceso que nos permite reestructurar nuestros patrones, abrir nuestra mente y evitar pensar de maneras establecidas, mediante clichés. Se trata fundamentalmente de creatividad, pero sin ninguna mística. Simplemente es una manera de tratar la información que produce resultados más creativos.

El pensamiento lateral difiere del “pensamiento vertical”. Nuestra cultura, en general, pero en particular nuestro sistema educativo, insiste en el uso de la lógica, mediante la cual una afirmación correcta lleva a la siguiente, y finalmente a la solución “correcto”. Este tipo de pensamiento vertical es bueno la mayor parte del tiempo, pero cuando estamos ante una situación especialmente difícil puede que no nos ayude a dar el salto hacia delante que necesitamos. (A veces tenemos que salir de los problemas habituales)

Para De Bono, el pensamiento vertical está habituado a cavar el mismo hoyo cada vez más profundamente. El pensamiento lateral suele cavar un hoyo en distintos lugares.

El pensamiento lateral no anula el pensamiento vertical, sino que lo complementa, pudiendo emplearse cuando hemos agotado las posibilidades de los patrones habituales de pensamiento.

Cómo desarrollar el pensamiento lateral

En su libro “El pensamiento lateral” De Bono explica algunas técnicas para desarrollar el pensamiento que se desarrollan a continuación:

  1. Generar alternativas: para tener mejores soluciones has de comenzar por tener más alternativas donde elegir.
  2. Desafiar los planteamientos: aunque necesitamos aceptar muchas para funcionar normalmente, no cuestionar nunca nuestros planteamientos nos estanca en la rutina.
  3. Cuotas: empezar con cierto número predeterminado de ideas sobre un asunto. A menudo la última idea es la más útil.
  4. Analogías: intentar ver cómo una situación es similar a otra aparentemente distinta es un modo comprobado de pensar mejor.
  5. Pensamiento inverso: invertir el modo de ver algo, es decir, ver su opuesto, puede liberar ideas de modo sorprendente.
  6. Encontrar la idea dominante: no es una habilidad fácil de dominar, pero resulta extremadamente valioso para ver lo verdaderamente importante en un libro, una presentación, una conversación, etc.
  7. Tormenta de ideas: no es exactamente pensamiento lateral, pero crea un escenario para que ese tipo de pensamiento pueda surgir.
  8. Suspender el juicio: decidir defender una idea el suficiente tiempo como para ver si podría funcionar, incluso si no resulta atractiva en apariencia.

Referencia: Brealey, Nicholas. “50 Psychology classics” lateral thinking. Ediciones Tom Butler-Bowdon. Londres y Boston. 2007. Pág. 58

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