El Poder de una Desicion

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Desarrollo:
En una ocasion lei en un articulo una historia jocosa sobre un sabueso. Este sabueso, empezo persiguiendo un venado, pero se le cruzo una zorra en el camino y comenzo a perseguir a la zorra, de pronto se le cruzo un conejo y empezo a seguir al conejo. mas tarde vio pasar un raton en el camino y el sabueso empezo a seguir al raton, al fin de tantas el sabueso termino mirando un hoyo de ratones, en vez de perseguir aquel venado que desde un inicio habia visto.

Quizas muchas personas se reirían de este sabueso. Pero esta historia no solamente es algo fantasioso sino que es algo real, es algo que sucede en muchas personas.

Cuantas veces haz empezado a hacer algo y nunca terminastes?
Cuantas veces haz empezado a leer un libro y nunca mas lo leistes?
Cuantas veces haz empezado a estudiar en la universidad y la dejastes a medias?
Cuantas veces haz empezado a dedicarle tiempo a tu familia y lo abandonas pronto?
Cuantas veces haz empezado un negocio y te decepcionas pronto porque no produce?
Cuantas veces haz empezado a confiar en ti y de pronto te deprimes tan solo porque las cosas no salen como tu las esperas?
Cuantas veces haz deseado tener una vida mejor, pero nunca empiezas a cambiar?

Como lo dije, antes, a veces somos como aquel sabueso, que dejo todo a medias.
Esto sucede por una simple razón, no tenemos visión, cuando no tienes visión, no sabes a donde vas.

no sabes a donde dirigirte
no sabes que camino tomar porque nunca trazaste un mapa de tu vida.

Recuerda que nunca es tarde para empezar. Lo que si es cierto, es que el tiempo no te esperara ha que tomes una desicion, el tiempo sigue avanzando sin esperar a nadie.

La Historia del Horno de Fuego
El poder de una decision: Sadrac, Mesac y Abeb-Nego

Daniel
Capítulo 03

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3:1 El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro cuya altura era de sesenta codos, y su anchura de seis codos; la levantó en el campo de Dura, en la provincia de Babilonia.
3:2 Y envió el rey Nabucodonosor a que se reuniesen los sátrapas, los magistrados y capitanes, oidores, tesoreros, consejeros, jueces, y todos los gobernadores de las provincias, para que viniesen a la dedicación de la estatua que el rey Nabucodonosor había levantado.
3:3 Fueron, pues, reunidos los sátrapas, magistrados, capitanes, oidores, tesoreros, consejeros, jueces, y todos los gobernadores de las provincias, a la dedicación de la estatua que el rey Nabucodonosor había levantado; y estaban en pie delante de la estatua que había levantado el rey Nabucodonosor.
3:4 Y el pregonero anunciaba en alta voz: Mándase a vosotros, oh pueblos, naciones y lenguas,
3:5 que al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, os postréis y adoréis la estatua de oro que el rey Nabucodonosor ha levantado;
3:6 y cualquiera que no se postre y adore, inmediatamente será echado dentro de un horno de fuego ardiendo.
3:7 Por lo cual, al oír todos los pueblos el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, todos los pueblos, naciones y lenguas se postraron y adoraron la estatua de oro que el rey Nabucodonosor había levantado.
3:8 Por esto en aquel tiempo algunos varones caldeos vinieron y acusaron maliciosamente a los judíos.
3:9 Hablaron y dijeron al rey Nabucodonosor: Rey, para siempre vive.
3:10 Tú, oh rey, has dado una ley que todo hombre, al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, se postre y adore la estatua de oro;
3:11 y el que no se postre y adore, sea echado dentro de un horno de fuego ardiendo.
3:12 Hay unos varones judíos, los cuales pusiste sobre los negocios de la provincia de Babilonia: Sadrac, Mesac y Abed-nego; estos varones, oh rey, no te han respetado; no adoran tus dioses, ni adoran la estatua de oro que has levantado.
3:13 Entonces Nabucodonosor dijo con ira y con enojo que trajesen a Sadrac, Mesac y Abed-nego. Al instante fueron traídos estos varones delante del rey.
3:14 Habló Nabucodonosor y les dijo: ¿Es verdad, Sadrac, Mesac y Abed-nego, que vosotros no honráis a mi dios, ni adoráis la estatua de oro que he levantado?
3:15 Ahora, pues, ¿estáis dispuestos para que al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, os postréis y adoréis la estatua que he hecho? Porque si no la adorareis, en la misma hora seréis echados en medio de un horno de fuego ardiendo; ¿y qué dios será aquel que os libre de mis manos?
3:16 Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: No es necesario que te respondamos sobre este asunto.
3:17 He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará.
3:18 Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado.
3:19 Entonces Nabucodonosor se llenó de ira, y se demudó el aspecto de su rostro contra Sadrac, Mesac y Abed-nego, y ordenó que el horno se calentase siete veces más de lo acostumbrado.
3:20 Y mandó a hombres muy vigorosos que tenía en su ejército, que atasen a Sadrac, Mesac y Abed-nego, para echarlos en el horno de fuego ardiendo.
3:21 Entonces estos varones fueron atados con sus mantos, sus calzas, sus turbantes y sus vestidos, y fueron echados dentro del horno de fuego ardiendo.
3:22 Y como la orden del rey era apremiante, y lo habían calentado mucho, la llama del fuego mató a aquellos que habían alzado a Sadrac, Mesac y Abed-nego.
3:23 Y estos tres varones, Sadrac, Mesac y Abed-nego, cayeron atados dentro del horno de fuego ardiendo.
3:24 Entonces el rey Nabucodonosor se espantó, y se levantó apresuradamente y dijo a los de su consejo: ¿No echaron a tres varones atados dentro del fuego? Ellos respondieron al rey: Es verdad, oh rey.
3:25 Y él dijo: He aquí yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego sin sufrir ningún daño; y el aspecto del cuarto es semejante a hijo de los dioses.
3:26 Entonces Nabucodonosor se acercó a la puerta del horno de fuego ardiendo, y dijo: Sadrac, Mesac y Abed-nego, siervos del Dios Altísimo, salid y venid. Entonces Sadrac, Mesac y Abed-nego salieron de en medio del fuego.
3:27 Y se juntaron los sátrapas, los gobernadores, los capitanes y los consejeros del rey, para mirar a estos varones, cómo el fuego no había tenido poder alguno sobre sus cuerpos, ni aun el cabello de sus cabezas se había quemado; sus ropas estaban intactas, y ni siquiera olor de fuego tenían.
3:28 Entonces Nabucodonosor dijo: Bendito sea el Dios de ellos, de Sadrac, Mesac y Abed-nego, que envió su ángel y libró a sus siervos que confiaron en él, y que no cumplieron el edicto del rey, y entregaron sus cuerpos antes que servir y adorar a otro dios que su Dios.
3:29 Por lo tanto, decreto que todo pueblo, nación o lengua que dijere blasfemia contra el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego, sea descuartizado, y su casa convertida en muladar; por cuanto no hay dios que pueda librar como éste.
3:30 Entonces el rey engrandeció a Sadrac, Mesac y Abed-nego en la provincia de Babilonia.

Como podemos notar, la historia de estos tres hombres es un gran ejemplo del poder de las decisiones, en este caso estos tres compañeros estaban dispuestos a morir por sus ideales, por su meta, por su pasión, por aquello que vivían día tras día, su Dios.

Hay un aspecto muy importante en este apartado, y es que, cuando tu comienzas a hacer algo productivo, siempre vendrá un Caldeo (gente que siempre te pondrá en mal ante los demás). A querer votar tus proyectos y sueños, no digamos tus decisiones.
Pero lo importante es no desmayar en aquello que te haz empecinado, aquello en que haz soñado y en aquello en que te haz DECIDIDO.

Recuerda que una decisión, puede cambiar el rubo de tu vida, asi que piensa bien, antes de tomar una decisión.

Compártelo y mira lo que sucede!