El proceso terapéutico para sanar un Trauma

 Trauma

Sinopsis:

Una de las preguntas más frecuentes en asesoría es ¿Cómo sanar un trauma de un niño? A veces me gustaría poder explicar esto de una manera tan sencilla y precisa pero me es difícil ya que para sanar un trauma se necesita de un proceso terapéutico.
El proceso terapéutico tiene como objetivo que el niño resuelva y represente la experiencia del trauma y renegocie consigo mismo las fuerzas positivas que lo han ayudado a sobrevivir, a salir adelante hacia una existencia más feliz. Este proceso lleva varias etapas que acontinuación explicare: 


1. Juego sensorio-motor. Trabajo con el cuerpo y el movimiento. La respiración. Trabajo con las funciones de contacto (ver, oír, tocar, oler, probar.) :

Muchos niños con Trastorno de Estrés Postraumático TEP llegan a terapia con hiperactividad ansiosa o con estados disociativos muy fuertes. Por lo que en este caso lo primero que se debe de hacer es hacer que el niño “aterrice” y logre canalizar toda esa energía hacia objetos concretos. Esto se realiza a través del movimiento, la respiración y el restablecimiento de las funciones de contacto con el medio.

Cuando el trauma esta albergado en el cerebro instintivo del niño se manifiesta en el juego con hiperactividad instintiva y descontrolada, o bien puede aparecer como una desmotivación ó ausencia de emociones.  

2. Trabajo con las funciones de auto-apoyo:

trauma

Por lo regular cuando un niño llega a terapia y este ha sufrido trauma, vive con una estima muy baja, es alguien vulnerable y débil ante las circunstancias o eventos traumáticos que lo rodean.
De manera que en esta fase del proceso terapéutico es necesario fortalecer y desarrollar la estima del niño, desarrollar sus habilidades, capacidades, recursos, gustos y las resiliencias que aún están presentes.

Los juegos de mesa son un punto importante para conocer el concepto que el niño tiene de ganar-perder, la toma de decisiones, tolerancia a la frustración y resolución de problemas. Estos juegos ayudan a consolidar apoyo en el vórtice positivo del trauma.  

3. Trabajo con la energía agresiva:La energía agresiva es la energía natural que usamos los seres humanos para vivir, sobrevivir y crecer. Es el equivalente de la energía vital. El niño con trauma tiene esta energía desbalanceada: por exceso o por carencia de ella. Esta parte del proceso ayuda a balancear esta energía.

El niño hiperactivado tiene esta energía fuera de su control voluntario, es agresivo, está en actingout constante, es decir, vertiendo toda su agresividad hacia el exterior, está hiperactivo, impulsivo e irreflexivo.
El niño desactivado está en un estado tipo depresivo, sin energía y con una acting-in continuo, esto quiere decir, vertiendo toda su energía agresiva hacia su interior, está ensimismado, distraído, tenderá mucho a la disociación, a evadir y a negar.

El juego agresivo en terapia es medicina, se hace con respeto, es no destructivo, es alegre, es jovial. Se juega sin contenido, no se explora ningún tema. Es sencillamente que el niño entre en contacto con esta energía y la utilice adecuadamente. Se hace en total control por parte del terapeuta y ayudando al niño a ejercer este control sobre la misma.  

4. Trabajo con la expresión emocional:
Una vez restaurada la energía agresiva, las emociones van a surgir y junto con estas los temas del niño. Las tensiones en la vida del niño generan conflicto emocional. La expulsión del conflicto interno tiene que ser natural y a través de la descarga emocional. Esta descarga se lleva a cabo dentro del juego sobre un objeto substitutorio del objeto real o bien, sin objeto. Esto permitirá que la descarga se haga de forma regulada y amortiguada por el terapeuta.

Al permitir esto, el flujo de la el energía agresiva se autorregula el organismo del niño. Por un lado hay que educar sobre los sentimientos, sus nombres y en donde se sienten en el cuerpo. Hablando de ellos y ayudándolo a tomar contacto con ellos.

El momento más importante es en cuanto se llega a la expresión y descarga de estos sentimientos reprimidos adheridos a los temas del trauma. Es importante explicar que al hablar sobre lo sucedido no es tan importante para el niño como expresar las emociones presentes con respecto a los eventos. Por eso el juego es por excelencia el punto terapéutico que da logra hacer que el trauma explote hacia el exterior.

Ahora bien, durante el proceso en el que se trata de explotar el trauma hacia el exterior, es necesario poner atención a las expresiones de enfado, miedo o tristeza que el niño evidencie. Y hacer que el niño descargue toda su energía sobre el material o juguete que se esté utilizando en el momento.

El descargar la energía hacia los objetos exteriores cuida que el niño no quede atrapado en el vórtice negativo de los recuerdos del trauma.
Para poder hacer que el “trauma explote hacia el exterior” y estancarlo para que el niño no lo vuelva a retener es necesario trabajar en los tres niveles (sensorio-motor, emocional y cognitivo).
Para trabajar en los tres niveles debemos de usar todo: el cuerpo, las emociones y las ideas. La curación del trauma llevará a la resignificación, a la reconciliación y al perdón.

En muchas ocasiones antes de entrar en esta etapa el niño parece retroceder y regresar a momentos aparentemente ya superados. No importa, sigamos adelante respetando estas regresiones ya que el niño necesita regresar a tomar más fuerza para entrar a una etapa de mayor seguridad, cuando se sienta listo avanzará y completará el trabajo.  

5. Trabajo de auto-nutrición:
Una vez habiendo trabajado a fondo las emociones del niño, entramos en una nueva fase donde el niño necesita enfrentar todos aquellos mensajes y creencias que tiene acerca de sí mismo ya sea porque se las han dicho o porque él las ha elaborado. Esas son ideas acerca de sí mismo y del evento traumante. Sentimientos de culpa, vergüenza y enfado hacia sí mismo. Al mismo tiempo se debe ir restableciendo las resiliencias, que son las habilidades y capacidades propias que el niño tiene para enfrentar momentos difíciles.

Muchos niños, aún aquellos que no manifiestan síntomas de estrés postraumático, viven muy dentro de su interior el sufrimiento de sus experiencias dolorosas. En muchas ocasiones lo viven en silencio, con miedo, vergüenza y culpa. Es importante aprender a reconocer las señales que el niño proyecta a través de sus conductas pues estas pueden ser una llamada de auxilio.

La mayor seguridad que podemos darle al niño es el sentimiento de que se le comprende y acepta junto con la parte dolorosa y triste que lleva dentro de sí. Los niños están muy cercanos al inconsciente, a la sabiduría de los pensamientos que corren dentro de ellos, a los sueños que hemos aprendido a olvidar; cerca del amor y del temor, de la generosidad y la crueldad.

La terapia de juego nos brinda la posibilidad de entrar al mundo del niño con respeto y humildad, solo así podremos ayudarlo verdaderamente a sanar sus heridas.  

Referencia:
Blix Formoso, () “La terapia de juego en el tratamiento del niño con estrés postraumático” Articulo.

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