El tratamiento del trastorno narcisista de la personalidad

 Trastorno narcisista de la personalidad

Según el DSM-IV-TR, el trastorno narcisista de la personalidad se caracteriza por grandiosidad, necesidad de ser admirado y falta de empatía. Las personas narcisistas están centradas en sí mismas de forma extrema y no les interesan para nada los demás. Sus ideas grandiosas pueden estar limitadas a la fantasía y nunca ponerlas en acción. Esto sugiere que han distorsionado la visión de la realidad, sustituyendo los hechos socialmente validados por sus propias fantasías. Así, ninguna otra persona piensa que son tan importantes como ellos lo piensan, pero en vez de utilizar esta información para corregir la imagen que tienen de sí mismos y armonizarla con respecto al consenso social, rechaza de forma arrogante las opiniones de los demás cuando difieren de las suyas. Por supuesto, si los demás tienen opiniones favorables, esas expresiones de admiración se aceptan fácilmente. Esta sólida confianza en las perspectivas idiosincrásicas de la realidad se aproxima a la paranoia; sin embargo, las personas narcisistas sólo están convencidas de su propia importancia, no de que los demás se enfrentan a ellas o los persiguen.

Trastorno narcisista de la personalidad

El trastorno de la personalidad narcisista tiene varias explicaciones teóricas. Una es que el narcisista compensa los sentimientos de falta de importancia y la inadecuación adoptando inconscientemente las conductas y la imagen de sí mismo opuestas; esto es narcisismo defensivo. La otra explicación es que a la persona se le reforzó de forma constante, dentro de la familia, sus actitudes narcisistas.

Millon da esta explicación basándose en la teoría del aprendizaje social: la persona se desarrolla sin tener que adquirir las habilidades necesarias para obtener gratificación. Esto se debe a la anticipación de los padres de las necesidades del hijo y a gratificar dichas necesidades sin que el niño tenga que hacer ningún esfuerzo. Cuando este patrón continúa en la adolescencia y en los primeros años de la edad adulta, la personalidad narcisista está formada. No hay compensación defensiva por la inferioridad; es entonces cuando ¡la persona se cree realmente que es superior a los demás!

Millon señala que este patrón está centrado en sí mismo, es autocomplaciente y pasivo. No habiendo tenido que hacer nunca esfuerzos por lo que a ellas les corresponde, las personas narcisistas se sienten con el derecho de conseguir lo que quieren sin tener que actuar. Este patrón es pasivo como el dependiente, pero centrado en sí mismo en vez de centrado en los demás. Las personas narcisistas tienden a la depresión cuando este estilo no da resultados, cuando el ambiente no es capaz de proporcionarles los reforzadores a los que piensan tienen derecho o cuando está a la espera de que los sujetos realicen alguna actuación con el fin de que reciban refuerzo. Al sentirse privados y desamparados, están predispuestos a episodios de depresión.

El reto para el terapeuta es ayudar a la persona a volverse menos centrada en sí misma y más activa por su parte. Para hacer esto, el terapeuta tiene que tratar con la sensación de “estar en su derecho” y las exigencias del paciente, expresadas a menudo en que el terapeuta actúe como el agente activo del cambio éste es el servicio que el narcisista espera.

A continuación algunos pasos importantes a la hora de terapia:

  1. Intentar impresionar al narcisista. La gente con un grandioso sentido de la autoimportancia a menudo quiere sólo lo mejor, incluyendo el mejor terapeuta. Éste tiene que sentirse seguro y transmitírselo al paciente. Además, son convenientes algunas expresiones bien elegidas sobre la propia competencia. Ésta es una circunstancia en la que la modestia es contraproducente y la falta de modestia terapéutica.
  1. Descubrir si el paciente es un narcisista “defensivo” o un ”verdadero” narcisista. En la versión defensiva subyace una baja confianza en uno mismo y oculta sentimientos de inferioridad. El “verdadero” narcisista carece de empatía y esta comprometido consigo mismo. La persona defensiva requiere trabajar en mejorar las autovaloraciones, mientras que el “verdadero” narcisista ya tiene más que suficiente autoestima. El objetivo en cada caso es el mismo: lograr autovaloraciones más realistas, pero el punto de partida no es el mismo.
  1. Seleccionar la disminución de la vergüenza o el aumento de la empatía como un objetivo del cambio. El narcisista defensivo tiene un problema de vergüenza, puesto que la gente que piensa que es inferior siempre lo tiene. Abordar los pensamientos y sentimientos de vergüenza no es fácil debido a la fachada de superioridad que levantan los pacientes. Una forma novedosa de penetrar esta coraza es provocar la ira del paciente. Esto se puede hacer después de que se ha formado una alianza de colaboración, porque implica señalar los déficit del paciente; esta táctica estimula la vergüenza, que acaba finalmente en ira, ya que la persona intenta intimidar a quien le está molestando para que termine con las críticas. Además presenta también una versión alternativa de la realidad, una alternativa que desafía la versión privada del paciente.

Sin embargo, si el objetivo es la falta de empatía la táctica es muy diferente. En la sesión, las interacciones paciente-terapeuta proporcionan oportunidades para el entrenamiento en empatía. Se necesita la autorrevelación del terapeuta. Éste pregunta una y otra vez: “¿Qué estoy sintiendo?”. Un verdadero narcisista tendrá escasa idea, si es que tiene alguna, sobre los sentimientos del terapeuta y puede quejarse de la pregunta -¡se supone que todas las preguntas y afirmaciones pertenecen al paciente, no al terapeuta! Si el paciente lo hace bien, entonces las discusiones con respecto a lo que los demás piensan y sienten le sensibilizan sobre los demás. El aprender simplemente cómo las propias acciones afectan a los demás es un progreso significativo para una persona narcisista.

Utilizar la autorrevelación para crear disonancia entre la versión privada del paciente sobre la realidady la versión socialmente apropiada del terapeuta. Éste es un enfoque menos directivo que enfrentarse directamente a la persona con sus distorsiones y, por consiguiente, debería encontrarse con menos resistencia. Al compartir sus pensamientos y sentimientos, el terapeuta invalida las falsas suposiciones del paciente.

Referencia: Caballo. Vicente E. “Manual de trastornos de la personalidad” Editorial Sintesis. Madrid, España. 2010. Pàg. 455.

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