Erich Fromm El dogma de cristo

Erich Fromm  El dogma de cristo

Según Erich Fromm, el cristianismo surge como un importante movimiento histórico-mesiánico en el seno de las clases bajas del pueblo judío. Sin embargo, a partir del siglo II su composición social se transforma y deja de ser la religión de los artesanos pobres y los esclavos para ganar adeptos entre las clases acomodadas del Imperio Romano. A partir de todo esto, el presente libro examina la conversión del cristianismo en religión del Estado y la gran transformación final de una confraternidad libre en una organización jerárquica: la Iglesia. Así, tomando como referencia histórica el significado psicológico de la fe de los primeros cristianos, Fromm investiga pacientemente las relaciones entre la psicología y la religión, e intenta comprender, no tanto a la gente sobre la base de un estudio del dogma, como el dogma sobre la base de un estudio de la gente. Psicoanalista norteamericano de origen alemán, Erich Fromm fue profesor de las universidades de Columbia, Michigan y México. De entre sus libros destacan El arte de amar, El miedo a la libertad, El amor a la vida, La condición humana actual, Sobre la desobediencia, ¿Podrá sobrevivir el hombre?, Y seréis como dioses, Humanismo socialista y La crisis del psicoanálisis, todos ellos publicados por Paidós, junto con los siete volúmenes que componen su obra póstuma.

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Erich Fromm – Tener y Ser

Erich Fromm - Tener y Ser

Sinopsis:

En este libro continúo dos tendencias de mis escritos anteriores. Primero, prolongo el desarrollo del psicoanálisis radical y humanista, y me concentra en el análisis del egoísmo y del altruismo como dos orientaciones básicas del carácter. En la Tercera Parte de este libro amplío más el tema que traté en Psicoanálisis de la sociedad contemporánea y en La revolución de la esperanza: la crisis de la sociedad
contemporánea y la posibilidad de encontrarle soluciones. Me fue inevitable repetir algunos pensamientos expresados antes, mas espero que el nuevo punto de vista desde el que escribo esta pequeña obra y los conceptos ampliados compensarán a los lectores familiarizados con mis escritos anteriores.
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Erich Fromm – Psicoanalisis De La Sociedad Contemporánea

Erich Fromm - Psicoanalisis De La Sociedad Contemporánea

Sinopsis:

El psicoanálisis de la sociedad moderna que aquí presentamos toma la mayor parte de sus ejemplos empíricos de los Estados Unidos de Norteamérica; y podría parecer al lector que, por lo mismo, esta obra trata principalmente de los problemas de dicho país. Sin embargo, esto sería un grave equivoco. El tema del libro es investigar lo que al carácter del hombre le hace nuestro sistema industrial, el capitalismo moderno. En todo el mundo occidental existe el capitalismo moderno, aunque en grados variados.
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El Miedo a la Libertad


Sinopsis:

LA OBRA de Erich Fromm, que presentamos a los lectores de habla castellana, no constituye solamente un cuidadoso análisis de los aspectos psicológicos de la crisis de nuestro tiempo y un esfuerzo por desentrañar en el origen mismo de la sociedad moderna sus profundas y lejanas raíces, sino que se nos ofrece también como una importante contribución a la teoría sociológica y como un ejemplo logrado de aplicación fecunda del psicoanálisis a los fenómenos históricos.
Desde sus comienzos apareció muy claro el significado que esta nueva psicología podía tener para las ciencias que se ocupan de la vida social y de la cultura, en particular la sociología, la psicología social y la antropología cultural. Como es bien sabido, el mismo creador del psicoanálisis se preocupó por utilizar los conceptos y el método del psicoanálisis para investigar los fenómenos sociales y dedicó numerosos trabajos a este tema. Esa labor y la de otros que siguieron de manera más ortodoxa las directivas originarias del maestro, fueron sometidas luego a un trabajo de revisión crítica, de la que participaron no solamente los psicólogos, sino también estudiosos de otras disciplinas sociales, y que dio lugar a formulaciones de singular importancia, tanto en el orden teórico como en el práctico, en lo que respecta al significado del psicoanálisis en el estudio de los hechos sociales.
Podríamos llamar la acentuación sociológica del psicoanálisis frente a la posición esencialmente biológica de la escuela ortodoxa, al punto de que justamente en este rasgo ha de buscarse el carácter distintivo de las corrientes novísimas que se mueven dentro del amplio ámbito de la psicología, que reconoce en Freud su fundador y maestro, aun cuando se aparte de algunas de sus enseñanzas. Erich Fromm es uno de los representantes más significativos de estas concepciones, y su contribución se dirige sobre todo a afirmar la necesidad de considerar los factores sociales, los valores y las normas éticas en el estudio de la personalidad total. Esta tesis, desarrollada en numerosos trabajos , se revela en esta obra como un instrumento teórico muy eficaz para la comprensión de los fenómenos sociales que se desarrollan en el mundo contemporáneo
La moderna revisión del psicoanálisis acepta los descubrimientos básicos de Freud, pero rechaza algunas de sus hipótesis acaso innecesarias para la teoría, cuya incorporación a esa doctrina se debió tan sólo al estado de los conocimientos sobre el hombre en la época en que Freud escribía. Ciertos principios, como el del determinismo psíquico, la existencia de una actividad inconsciente, el significado y la importancia de los sueños y de las “asociaciones libres”, el significado de la neurosis como conflicto dinámico de fuerzas que se da en el individuo, y la existencia de ciertos mecanismos como represión, proyección, compensación, sublimación, reacción, transferencia y racionalización. Constituyen puntos firmes que los “neopsicoanalistas”, cualesquiera que sean sus divergencias sobre otras cuestiones, aceptan como aportes definitivos de la teoría psicoanalítica originaria . En cambio, estos autores rechazan la orientación biologista de Freud y las consecuencias que ella implícitamente trae en su doctrina. Se recuerda que ese predominio de la biología respondía precisamente a una orientación general de las ciencias sociales de principio de siglo, que fue superada luego en favor de una posición que veía en la sociedad y la cultura fuerzas no menos poderosas para moldear al hombre que los factores biológicos. Tampoco están dispuestos los neopsicoanalistas, o por lo menos algunos de ellos, entre los cuales hallamos a K. Horney y a E. Fromm, a aceptar el esquema mecanicista, que constituye sin duda el supuesto general dentro del cual se mueve el pensamiento freudiano.
Toda esta labor crítica ha llevado a rechazar o a modificar distintos aspectos de la doctrina psicoanalítica originaria. En primer lugar la teoría freudiana de los instintos. Siguiendo concepciones prevalentes en ese momento, Freud asumió como factores explicativos de la conducta ciertos impulsos biológicamente determinados, aceptando el supuesto de una “naturaleza humana” fija e invariable, y colocando al hombre en una relación puramente mecánica con respecto a la sociedad.
A causa de ello fue inducido a elevar a la categoría de “hombre en general” el modelo específico de hombre que le fue dado observar, sin percatarse del hecho fundamental de que se trataba no solamente de un organismo dotado de tendencias biológicas comunes a la especie, sino también —y sobre todo— del producto de una larga evolución histórica resultado de un proceso de diferenciación que hacía de él algo muy específico de una época, una cultura y un grupo social determinado. Hoy, el efecto convergente de muy distintas corrientes de pensamiento y desarrollos científicos nos ha llevado a abandonar esa imagen universal y a considerar en su lugar al hombre histórico y socialmente diferenciado, dotado de una constitución biológica extremadamente maleable y susceptible de adaptarse a los más distintos ambientes naturales y culturales, a través de su propia modificación y de la del ambiente mismo. Se llegó así a una revisión de muchos conceptos psicoanalíticos (tales como el complejo de Edipo, el de castración, o la tendencia a la virilidad en la mujer) que a muchos estudiosos de las nuevas corrientes aparecieron no ya como mecanismos universales sino como formas peculiares de determinada estructura cultural. Debe subrayarse, empero, que de ningún modo el neopsicoanálisis elimina totalmente los factores originarios y los mecanismos universales en el hombre. Pero unos y otros desempeñan otra función en la explicación del comportamiento individual y del proceso social. Así, por ejemplo, las disposiciones psíquicas, cuya existencia Fromm debe admitir (pues de otro modo desaparecería el individuo como sujeto activo del proceso social para transformarse en una “mera sombra” de las formas culturales), no son consideradas como “fuerzas” exteriores a la sociedad y mecánicamente contrapuestas a ella (como ocurre con los “instintos” en Freud), sino que son ya socializadas en sus manifestaciones pues sólo son experimentadas a través de formas que, aun cuando diverjan de las pautas normales o admitidas, son por lo menos culturalmente posibles. Y, en efecto, los conflictos que empíricamente podemos observar no se presentan entre impulsos meramente biológicos y formas social-mente establecidas, sino entre lo que podríamos llamar dos dimensiones de lo social: por un lado, determinadas estructuras cristalizadas, por el otro, actitudes subjetivas (que incluyen y expresan culturalmente el sustrato biológico) que ya no se adecúan perfecta-mente a aquellas y tienden a desbordarlas. Es de este conflicto de donde se origina en una sociedad dinámica la creación de nuevas formas sociales; de ahí que el estudio de este proceso, que permite sorprender a la sociedad in fieri, equivale a investigar la dinámica del cambio social en el acto mismo en que se verifica en la mente de los hombres.

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E L H U M A N I S M O J U D Í O


La afirmación más fundamental de la Biblia sobre la naturaleza del hombre es que éste ha sido hecho a imagen de Dios. “Entonces dijo “Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, “conforme a nuestra semejanza; y señoree en “los peces del mar, en las aves de los cielos, en “las bestias, en toda la tierra, y en todo animal “que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al “hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó: “varón y hembra los creó” (Gén. 1:26-27)1. No puede cuestionarse el énfasis que la narración pone en este punto. Usa dos expresiones, “imagen” y “semejanza”, y luego repite otra vez en el versículo siguiente la misma idea. La narración bíblica no solamente habla del hombre como hecho a imagen de Dios, sino expresa poco después el temor de Dios a que el hombre se convierta él mismo en Dios. Este temor está clara-mente expresado en Gén. 3:22-23. El hombre ha comido del árbol del conocimiento; no ha muerto, como había acertadamente predicho la serpiente: se ha hecho como Dios. Solamente la mortalidad lo distingue de Dios. Hecho a la imagen de Dios, siendo como Dios, él no es Dios.

Para evitar que esto suceda, Dios expulsa a Adán y Eva del Paraíso. La serpiente, que había dicho eritis sicut dei (“seréis como dioses”) había estado en lo cierto.
Que el hombre pueda convertirse en Dios y que Dios le impida alcanzar este objetivo, es probablemente una parte arcaica del texto. Sin embargo, no ha sido eliminada por los diversos editores, quienes debieron tener sus buenas ra-zones para proceder así.
Quizás una razón es que querían insistir en que el hombre no es Dios, ni puede volverse Dios; puede hacerse como Dios, puede imitar a Dios, por así decirlo. En verdad, esta idea de la imitatio Dei, de aproximarse a Dios, requiere la premisa de que el hombre ha sido hecho a imagen de Dios.

En la Biblia, este concepto de la aproximación de Dios está expresado en la aserción: “Habló Jehová a Moisés diciendo: Habla a toda “la congregación de los hijos de Israel y diles: “Santos seréis, porque santo soy Yo, Jehová “vuestro Dios” (Lev. 19:1-2)2. Si consideramos que el concepto de “santo” (kadosh) expresa la cualidad esencial de Dios, la que lo separa del hombre, cualidad que en las etapas primitivas de la religión había hecho a Dios tabú e inaccesible, resulta clara la importancia del paso adelante en la evolución que señala la expresión de queel hombre puede ser “santo”3. En los profetas, desde Amón en adelante, encontramos el mismo concepto. Lo que el hombre ha de hacer es adquirir y practicar las principales cualidades que caracterizan a Dios: justicia y amor (rajamin). Miqueas formuló sucintamente este principio: “Oh hombre. El te ha declarado “lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: sola”mente hacer justicia, y amar mi misericordia (o “amor constante) y humillarte ante tu Dios” (Miqueas 6:8). En esta formulación encontramos otra descripción de las relaciones entre Dios y el hombre. El hombre no es Dios, pero si adquiere las cualidades de Dios, no está por debajo de Dios, sino que anda con Él.

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