El espectador y el acoso escolar

El acoso escolar no solamente tiene como protagonistas al agresor y a la víctima sino que siempre va acompañado de unos espectadores que respaldan el acoso por parte de la figura de poder.

Aun siendo simples espectadores, participan del acoso al ser observadores del mismo, pudiendo ser pasivos o activos. Un espectador pasivo hace referencia a niños o niñas que prefieren no intervenir pero contemplan el acoso sin ser parte del mismo. Para ellos, se vuelve cotidiano que un agresor acose a uno de sus compañeros en específico y no hacen nada, ni siquiera son capaces de comunicarlo a ninguna figura adulta del personal del centro, en la mayoría de los casos no hablan de lo que acontece por no querer involucrarse en las situaciones problematicas de los demás, por miedo a que luego él o ella sean los acosados.

Por otro lado, los observadores activos son los que intervienen como espectadores activos o compinches, serían aquellos que secundan al agresor al ser sus amigos y se vuelven parte del acoso. Sin embargo, no pueden ser considerados los agresores, aunque lo sean en algún grado menor, debido a que quien encabeza el acoso es el cerebro de la acción. También los participantes pueden ser defensores, los que en ocasiones ayudan a la víctima, o reforzadores, aquellos que observan el acoso sin hacer nada pero sí provocan la acción con su actitud.

El espectador y el acoso escolar

Los espectadores, tanto activos como pasivos, están aprendiendo que la violencia es natural y que forma parte de su entorno, corren el riesgo de insensibilizarse ante las agresiones cotidianas y de no reaccionar ante las situaciones de injusticia, lo que originará una tendencia cada vez mayor a observar e incluso justificar las agresiones.

Muchos de los alumnos son reacios y temerosos a informar de las situaciones de abuso por miedo a ser incluido dentro del círculo de victimización y convertirse también en blanco de agresiones.

En este sentido, es importante que los padres de familias trabajen con su hijo o hija para desarrollar la habilidad y el coraje de informar en caso de observar o conocer situaciones de acoso o intimidación. Explicarles que un espectador que no informa del acoso que sufre algún compañero puede convertirse en parte de la conducta de acoso.

Referencia: AGUIAR, N. y BRETO, C.: “La escuela, un lugar para aprender a vivir. Experiencias de trabajo cooperativo en el aula”. M.E.C., CIDE. 2005.

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