Esperanza para la homosexualidad

Gerard Van Den Aardweg: Esperanza para la homosexualidad
 
Gerard J. M. van den Aardweg es un acreditado psicólogo holandés, catedrático desde hace más de treinta años, casado, padre de siete hijos, que ha dictado cursos en Estados Unidos, Canadá y Brasil. Autor de numerosos libros, ensayos y artículos sobre la homosexualidad.

 

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Entrevista

Gerard van den Aardweg, “Cómo puede vivir la castidad un homosexual”, Palabra, IV.01
 Entrevista de Carmen Montón, Revista Palabra, nº 442-443, abril 2001.
Gerard J.M. van den Aardweg, holandés, Doctor en Psicología por la Universidad de Amsterdam, es especialista en terapia de la homosexualidad y cuenta con una amplia experiencia profesional en este campo. Actualmente ejerce la psicoterapia en Aerdenhout (Holanda). Ha impartido cursos en la Universidad de Brasil y publicado numerosas publicaciones científicas en Europa y Estados Unidos.
Doctor Aardweg. Uno de sus libros lleva por título Homosexualidad y Esperanza, ¿qué quiere indicar con el segundo término?
—Esperanza hace referencia a la actitud interior de quien se enfrenta con sentimientos homosexuales. Generalmente se sienten deprimidos, aunque lo oculten diciendo de boca para afuera: «yo me acepto tal como soy». Felices, de verdad, no lo son nunca.
Gay significa originariamente alegre, animado, pero ha perdido este significado desde que se usa para el estilo de vida homosexual. Ahora el valor de la palabra ha pasado a ser alegría afectada, artificial; limita casi con exhibicionismo. No hay más que mirar como ejemplo las Gay Parades, o los Juegos Olímpicos de 1999 en Amsterdam para ellos. Mientras que para los medios de comunicación son un acontecimiento lúdico, a los ojos del público son una especie de exhibicionismo infantil que da pena. La alegría del gay es parecida en parte a la del alcohólico.

Sexualidad neurótica
El diseñador de alta costura alemán Wolfgang Joop, homosexual, afirmaba en tono cínico en una entrevista a la revista Der Spiegel: «Esto es un estilo de vida que crea adicción y, a la vez, una especie de frigidez. Como no estás satisfecho aumentas la dosis y, en consecuencia, se multiplican las frustraciones».
Quien se identifica con su presunta naturaleza homosexual puede sentir un cierto alivio, pero de hecho se encadena a su sexualidad neurótica. Por eso, el camino contrario, la búsqueda de la verdad sobre sí mismo sin dejarse arrastrar por un derrotismo de «yo soy así», es un camino de esperanza.
La idea resulta más clara si consideramos que los deseos homosexuales radican en depresiones que vienen de la juventud: sentimientos de soledad, complejo de inferioridad acerca de la identidad sexual, sentimientos de autodramatización. Todo lo contrario a la esperanza.
Hay que disipar toda la nube de fatalismo que envuelve a la homosexualidad: de si está en los genes, o de si es una variante más de la sexualidad, o de si no puede cambiarse. Son slogans de propaganda. El convencimiento de que no pesa sobre alguien un determinismo hereditario ofrece perspectivas de esperanza.
Sobre el origen
—Entonces, la homofilia no es hereditaria?.
—No. Incluso la idea de que haya factores hereditarios que simplemente predispongan a la inclinación homosexual es puramente especulativa.
—¿Hay situaciones familiares o hábitos educativos que favorecen la tendencia homosexual?
—Por supuesto. En los chicos, la conocida relación con una madre superprotectora, dominante; o con un padre psicológicamente distante, o demasiado crítico, o poco viril, o que le desatiende en favor de sus hermanos.
Para que la hija o el hijo se identifiquen con su propio sexo también puede ser contraproducente que el padre o la madre no se sientan a gusto en su condición masculina o femenina. O bien que los padres traten a la hija como si fuera un chico, o viceversa, de modo que sean o se sientan desaprobados o no deseados como lo que en realidad son.
La familia es importante, pero a menudo lo son todavía más los contactos con compañeros del mismo sexo. La mayoría de los homosexuales dicen haberse sentido excluidos en su niñez o juventud por sus compañeros, a la hora de jugar o de realizar actividades. Al menos, así lo sienten: es un complejo de marginación, de no haber sido aceptados.

Trastorno psicológico

—La Asociación Americana de Psiquiatría excluyó en 1973 la homofilia de la lista de trastornos y pasó a llamarla condición. ¿Cuáles fueron las consecuencias de tal medida?
—Exactamente las que pretendían quienes impusieron ese cambio en la APA. Eran un grupo de homosexuales militantes. El cambio se produjo incluso en contra de la opinión de los psiquiatras. Una votación que se realizó inmediatamente después demostró que el 70% de los profesionales seguían considerando la homosexualidad como un trastorno. Pero la campaña y las intimidaciones hicieron capitular al Consejo de dirección. Fue una decisión antidemocrática y anticientífica.
A partir de entonces las universidades no se atreven a pensar de otro modo y las terapias son un tabú. Lo que la psiquiatría americana pensaba era entonces norma en el mundo, y en la actualidad casi lo mismo.
Desde aquel momento la homosexualidad se ha politizado. Hoy día, los gobiernos promueven su inclusión en las clases de instrucción sexual en los colegios. La epidemia del Sida podría haberse paliado en gran parte en Occidente, si se hubiese seguido considerando la promiscuidad entre homosexuales como algo patológico.

Felicidad falseada

—¿Es cierto que la felicidad de una pareja homosexual es igual que la de un hombre y una mujer?
—Un mexicano me contó que en una telenovela de su país aparecen parejas heterosexuales con problemas, infieles y separados. En medio de tal caos, hay una especie de oasis: una pareja de homosexuales cariñosos, a quien todo el mundo viene a pedir consejo.
La realidad es exactamente la contraria. Las parejas de homosexuales se rompen con mucha frecuencia. Una investigación alemana señala que el 60% de esas relaciones duran un año, y sólo el 7% superan los cinco años. Esto también lo reconocen los defensores de la emancipación de la homosexualidad.
La imagen de la pareja de homosexuales feliz, como espejo del matrimonio, es una mentira con fines propagandísticos. Sus relaciones y contactos son neuróticos. Entre ellos no son excepción la infidelidad, los celos, la soledad y las depresiones.
Para hacerse una idea mejor, más que extraerla de los medios, sirven las autobiografías de homosexuales y las novelas escritas por ellos, donde se ve que su vida es lo más lejano a una situación idílica.

Iniciativas de ayuda

—Existen lobbys homosexuales. ¿Hay acaso también grupos que se unan para ayudarse a vivir honestamente o para superarla?

—Existen pequeños grupos de homosexuales cristianos que se ayudan a no practicar su homosexualidad. Sobre todo en América hay experiencias muy esperanzadoras.

Para católicos, el Padre John Harvey fundó la asociación Courage. No buscan la terapia, sino vivir conforme a la doctrina de la Iglesia. Vale la pena seguir esta iniciativa, que tiene veinte años de experiencia. Como la homosexualidad es un problema a la vez psíquico y moral, cualquier apoyo espiritual significa mejora en la condición básica de toda homosexualidad.

Vivir la castidad

—¿Cómo puede vivir la castidad un homosexual?

—Para empezar tiene que desearla, tiene que convencerse de que la castidad es un ideal posible y ventajoso. Por desgracia, a nadie se le facilita este punto de mira hoy en día. Se hace propaganda de lo impuro. En las escuelas se entrena a todos para la impureza; apenas se plantea el ideal de la castidad.
Los homosexuales y lesbianas con motivaciones religiosas son, sobre todo, quienes quieren vivir la castidad. ¿Cómo? Evitando los contactos, los lugares de encuentro. Luchando contra la masturbación, no cediendo a las fantasías sexuales, venciendo la curiosidad en internet o en las publicaciones pornográficas. Buscando ayuda y, en el tiempo libre, fomentando actividades sanas y buenas compañías.

Papel del sacerdote

—¿Qué puede significar la ayuda de un sacerdote para un homosexual?

—Los sacerdotes pueden hacer más de lo que a menudo piensan. Por ejemplo: explicar el ideal de la castidad, frente al egocéntrico y deprimente efecto de la impureza. También, hablar de la castidad como condición para una emotividad madura y un amor verdadero, frente a la impureza como costumbre infantilizante, que encierra en el egoísmo y bloquea el crecimiento interior.

El sacerdote puede apoyar con su comprensión, animando al afectado y manteniendo un contacto constante. Las costumbres sexuales muy arraigadas son como la dependencia del alcohol.

El adicto al sexo –tanto homosexual como heterosexual– suele mimar el placer, aunque quiera dejarlo, y la lamentación sobre su caso es mayor que el esfuerzo por salir de la situación. Por eso, es muy necesario acercarle a Dios, para que reflexione sobre lo que espera de él y su situación. Hay que ayudarle a escuchar su conciencia, sus sentimientos más puros y profundos, y que sean éstos la directriz para sus propias decisiones.

Figura de padre

—Antes ha mencionado las inadecuadas conductas de los padres como favorecedoras de la homosexualidad del hijo. ¿Puede un sacerdote hacer de padre suyo para ayudarle a corregir esa inclinación?

—No sólo puede, sino que quisiera destacar la importancia de que los homosexuales vean al sacerdote como padre.

En términos psicológicos, padre significa protección, apoyo, valoración, interés; pero también fortaleza, dirección, atreverse a corregir, exigir. Los homosexuales, tanto mujeres como hombres, necesitan una figura de padre, de la que a menudo carecieron en su juventud. No un padre para seguir siendo niño dependiente, sino un padre que les ayude a seguir su camino, a mantener la lucha.

Otro problema de esta gente es su soledad interior y social. Necesitan una figura paterna para perseverar en una lucha nada fácil. Hay que animarles a ser abiertos, a salir de su yo, a no buscar interés y atención sólo para sí mismos.

Aprender a amar

—¿Puede decirse entonces que lo que verdaderamente necesitan es aprender a amar?

—Efectivamente. Muchos neuróticos, tanto homo como heterosexuales, son muy egocéntricos. En una ocasión, un homosexual casado, con tendencias suicidas, llegó a la conclusión de que no quería a nadie, ni siquiera a sus hijos. Empezó a interesarse por pequeños asuntos cotidianos y a mostrarlo a su mujer y a sus hijos con detalles concretos. Al cabo de unos meses comenzó a sentirse menos depresivo y a notar que sus fantasías sexuales eran menos fuertes, aunque su esfuerzo no se dirigía directamente a ello.

También en este aspecto puede el sacerdote hacer mucho por los homosexuales, ayudándoles en el crecimiento de las virtudes: amor e interés por los demás; sinceridad frente al autoengaño, que suele ser muy fuerte en las obsesiones sexuales; fortaleza y valentía para superar la flojera y la cobardía. Es muy aconsejable hacerles también reflexionar sobre su propia misión en la vida. Hay que lograr que el deseo de una vida limpia salga de lo más profundo de la persona.

Libros

Homosexualidad y esperanza. Terapia y curación en la experiencia de un psicólogo” – Gerard J. M. van den Aardweg

homosexualidad

LA HOMOFILIA COMO TRASTORNO EMOCIONAL
            “Todo el mundo dice que es normal”. Muchas veces oigo esta afirmación, sobre todo de jóvenes afectados por el problema. En el capítulo siguiente explicaré por qué “todo el mundo” no es una expresión adecuada. Efectivamente, las personas de tendencia homosexual son a menudo informadas de su normalidad por médicos, psicólogos, e incluso sacerdotes, que añaden; “¿Por qué te preocupas por eso? Acepta que eres así, busca un amigo, apúntate a un club gay…. no hay nada que puedas hacer para evitarlo”. Aunque son opiniones infundadas, están de moda. Vamos a proponer aquí una perspectiva como alternativa.
            Para empezar, demostraré que la homosexualidad es un trastorno emocional que se manifiesta en la niñez y en la adolescencia. Después demostraré que, en muchos casos, aquellos que tienen esta tendencia pueden llevar a cabo un cambio profundo a mejor, con paciencia, dedicación y buena voluntad.
            No es fácil dar en el punto adecuado. Como norma, los militantes homosexuales evitan la discusión abierta; tan sólo quieren oír que están en lo cierto. No hacen caso a los hechos y argumentos lógicos. Atacan y dramatizan su posición y, al parecer, tienen éxito con esta táctica. Su misma militancia nos obliga a reaccionar firmemente ante sus exigencias.
            Pero tal vez haríamos mejor prestando más atención a los grupos homosexuales bienintencionados, no tan vociferantes y a menudo olvidados. Viven preocupados por su difícil situación y sus consecuencias: aislamiento social, soledad, la aparente condena a una soltería permanente. A menudo, se sienten infelices, inferiores e incluso desesperados.
          Debemos atender más aún a los que llevan una vida homosexual, pero que no encuentran paz en ella, o a los que se sienten condenados a repetir “nunca seré normal”. No es un grupo pequeño. Cuando uno pregunta delicadamente en una conversación personal, resulta que la mayoría de los homosexuales están insatisfechos y desearían de algún modo cambiar “si fuera posible” .
         En verdad, muchos homosexuales se resisten  a ver sus sentimientos como neuróticos, a comprometerse en intentos reales de cambio. Debemos admitir, sin embargo, que sus vacilaciones son, al menos en parte, agravadas por las actitudes sociales imperantes. En todo caso, ellos – y todos los que tratan de mantener alejados sus sentimientos homosexuales- necesitan comprensión realista, no sobreprotectora o sentimental.
         Necesitan coraje, pero también mirarse a sí mismos con actitud racional. Lo que sigue va especialmente dirigido a ellos, a sus cónyuges, si están casados con homosexuales, y a sus padres, los cuales (si no están confundidos por la propaganda de libración homosexual) se afligen por el camino tomado por sus hijos. Los que se enfrentan, en su trabajo o en su vida privada, a los problemas de colegas o amigos con tendencias homosexuales también encontrarán ayuda.
Índice General:
INTRODUCCIÓN
CAPÍTULO 1
ACTITUDES SOCIALES ACTUALES HACIA LA HOMOSEXUALIDAD
CAPÍTULO 2
¿CUÁNDO UNO ES HOMOSEXUAL?
CAPÍTULO 3
¿ES LA HOMOSEXUALIDAD INNATA?
CAPÍTULO 4
LA HOMOSEXUALIDAD COMO TRASTORNO PSÍQUICO
CAPÍTULO 5
EL COMPLEJO DE INFERIORIDAD DEL HOMOSEXUAL
CAPÍTULO 6
ORIGEN Y MECANISMOS DEL COMPLEJO HOMOSEXUAL
CAPÍTULO 7
COMO OPERA EL COMPLEJO HOMOSEXUAL
CAPÍTULO 8
EL CAMINO PARA EL CAMBIO
CAPÍTULO 9
EL CAMBIO SIN PSICOTERAPIA
CAPÍTULO 10
EFECTOS DE LA TERAPIA ANTIQUEJA
CAPÍTULO 11
PREVENCIÓN
BIBLIOGRAFÍA
Batalla por la normalidad. una guia para la (auto) terapia de la homosexualidad -Gerard J M van den Aar

dweg

 

INDICE DEL LIBRO

INTRODUCCIÓN

Una buena voluntad

Resultados

Éxitos del movimiento exgay y otras terapias

PRIMERA PARTE: IDEAS GENERALES

1. LA HOMOSEXUALIDAD: UNA DESCRIPCIÓN

Ideas generales brevemente presentadas

No normal

El papel de la autoetiquetación

2. EL DESARROLLO DE LA HOMOSEXUALIDAD

¿Homosexualidad en los genes? ¿En el cerebro?

¿Irreversiblemente programados en los primeros años de vida?

Factores psicológicos de la infancia

Traumatización y hábitos de comportamiento

Casos atípicos

Otros factores: las relaciones con los iguales

El complejo de inferioridad en la masculinidad/en la feminidad

La autodramatización y la formación de un complejo de inferioridad

3. IMPULSOS HOMOSEXUALES

La “búsqueda de amor y afecto”

El “amor” homosexual

La adicción homosexual al sexo

4. LA NEUROSIS DE LA HOMOSEXUALIDAD

Las relaciones homosexuales

Tendencias autodestructivas y disfuncionales

Seguir siendo un adolescente: el infantilismo

¿Neuróticos a causa de la discriminación?

¿Homosexuales no neuróticos?

¿Normal en otras culturas?

Seducción

5. LA CUESTIÓN DE LA MORALIDAD

Homosexualidad y conciencia

Religión y homosexualidad

SEGUNDA PARTE: REGLAS PRÁCTICAS PARA LA (AUTO)TERAPIA

6. EL PAPEL DE LA TERAPIA

Observaciones reflexionando sobre “Psicoterapia”

Necesidad de un terapeuta

7. CONOCERSE A UNO MISMO

Trabajar la infancia y la adolescencia

Cuestionario anamnésico (tu historia psicológica)

Conocimiento del yo actual

Puntos a los que prestar atención

Autoconocimiento moral

8. CUALIDADES QUE DEBEN CULTIVARSE

Comenzando el combate: esperanza, autodisciplina, sinceridad

Luchar contra la autocompasión neurótica; el humor

Paciencia y humildad

9. CAMBIAR MODELOS DE PENSAMIENTO Y DE CONDUCTA

Luchar contra los sentimientos homosexuales

Luchar contra el ego infantil

Reparar el rol sexual

10. LA RELACIÓN CON LOS DEMÁS

Cambiar la propia visión de los demás y la relación con ellos

Personas del mismo sexo

Amistades

Personas de más edad

Padres

Cambiar las relaciones con el sexo opuesto: el matrimonio

INTRODUCCIÓN DEL LIBRO

 Este libro ofrece directrices para la terapia de la homosexualidad, la cual es esencialmente autoterapia. Se entiende como personas con tendencias homosexuales a aquellas que quieren hacer algo con su “condición” homosexual pero que no tienen la oportunidad de visitar un terapeuta con ideas sanas sobre el asunto. Y es que, para colmo, de estos hay pocos. La razón principal de esto es que el tema de la homosexualidad ha sido abandonado o ignorado en las universidades, y si se llega a mencionar, se pone el énfasis en la ideología de la “normalidad”: la homosexualidad es simplemente una alternativa sexual natural. Así pues, hay demasiadas pocas personas en el campo de la medicina que tengan aunque solo sea un conocimiento rudimentario del tema.
 Que el elemento del autotratamiento predomine en cualquier tratamiento de la homosexualidad no significa que la regla sea que uno pueda “seguir en esto solo”. Quien quiera superar problemas emocionales necesita un guía que le aporte comprensión y le anime de manera realista, con quien poder desahogarse, que le ayude a descubrir importantes aspectos de su vida emocional y de motivación, y que le apoye en su lucha consigo mismo. Este guía no tiene que ser necesariamente un terapeuta profesional. Sería preferible que lo fuera, pero con la condición de que tenga ideas sanas sobre la sexualidad y la moralidad; si no, podría hacer más mal que bien. Ocasionalmente, un médico o un sacerdote con una personalidad equilibrada y normal y una capacidad de penetración humana realista puede cumplir este rol. Si no se dispone de nadie más cualificado, puede indicarse incluso que se pregunte a un amigo o familiar sensible y psicológicamente sano que haga esta función de guía hasta donde le sea posible. Este libro está indicado de manera secundaria para terapeutas y demás personas que puedan estar en la tesitura de tener que apoyar a un homosexual que quiere cambiar, pues ellos tampoco pueden prescindir de los conocimientos básicos sobre la condición homosexual.
            Aquí presento lo que pienso que es lo esencial para la comprensión y el (auto)tratamiento de la homosexualidad, basado en más de treinta años de estudio y experiencia terapéutica con más de trescientos clientes a los que he llegado a conocer por lo menos durante varios años, y con muchas otras personas con esta orientación (tanto “clínicamente” como “no clínicamente”, es decir, adaptadas socialmente). Para las demostraciones investigadoras relacionadas con factores tales como investigaciones psicológicas y homosexualidad, relaciones parentales y otras relaciones intrafamiliares y adaptación social en la infancia, me remito a mis dos libros anteriores en inglés, especialmente On the Origins and Treatment of Homosexuality (1986; véase también Homosexualidad y esperanza, 1985).

Una buena voluntad

 Sin una determinación fuerte, sin una “buena voluntad” no es posible cambio alguno. Pero con esta, la mejora es cierta en la mayoría de los casos, y en una minoría es posible incluso una cura (un cambio interior profundo en la toda la emocionalidad neurótica y una inversión beneficiosa de los intereses sexuales).
 ¿Pero quién tiene esta “buena voluntad”? La mayoría de las personas aquejadas, incluidos aquellos que profesan el hecho de ser gays de manera militante, de alguna manera siguen teniendo el deseo de ser normales, pero lo han reprimido como han podido. Sin embargo, solo una minoría quiere realmente cambiar, y lo quiere con alguna constancia, y no tanto como un mero impulso al que quizá recurren pero que se desvanece fácilmente. Incluso entre los que tienen la mejor resolución de combatir su homosexualidad, se lo vuelven a replantear bastantes veces y tienen una querencia escondida de los deseos de atracción  homosexual. Así que una buena voluntad es para la mayor parte todavía una voluntad débil. Y, por supuesto, la debilidad de la voluntad es reforzada fácilmente por todas las presiones sociales de “aceptarse la homosexualidad”. Para persistir en la resolución de cambiar, se deben cultivar en sí mismo motivaciones tales como una visión clara de la homosexualidad como algo innatural; una convicción que suene moral y/o religiosa; y, cuando sea aplicable, la voluntad de hacer lo que sea más razonable con una relación matrimonial existente, además de en el aspecto sexual.
Estar bien motivado no es lo mismo que practicar un autoflagelo rígido, un odio de sí mismo o un cumplimiento temeroso de los preceptos morales simplemente porque estén impuestos por la moral o por la religión. Más bien, consiste en tener las percepciones sosegadas y fuertes de que la homosexualidad es incompatible con la madurez psicológica y/o con la pureza moral, con las emociones más profundas de la propia conciencia, y con la responsabilidad de uno ante Dios. Reforzar regularmente la propia resolución moral de combatir el lado homosexual de la personalidad es, por lo tanto, crucial para un buen resultado.
Comprensiblemente, la mayoría de los que consideran seguir un tratamiento para su homosexualidad, así como otras personas que se interesan por el tema, está ávida por conocer “el porcentaje de curaciones”. Las meras estadísticas, no obstante, no transmiten toda la información para un juicio justo. Con respecto a las curaciones, según mi experiencia, entre un 10 y un 15 por ciento de todos los que empezaron el tratamiento (un 30% lo dejaron después de algunos meses) se recuperaron “radicalmente”. Esto es, después de años de tratamiento no volvieron a tener sentimientos homosexuales y son normales en su heterosexualidad; y este cambio solo se intensifica en el curso de los años. Y -el tercero y obligatorio criterio para un cambio “radical”- mejoran grandemente en todo en términos de emocionalidad y madurez.
Este último aspecto es esencial porque la homosexualidad no es una “preferencia” aislada, sino una expresión de una personalidad neurótica específica. Por ejemplo, he visto unos cuantos casos de cambio de intereses homosexuales en heterosexuales sorprendentemente rápidos y completos en personas en las que una paranoia latente hasta entonces ejercía el mando. Estos son casos de “sustitución de síntoma” real, que nos hace darnos cuenta del hecho clínico de que la homosexualidad es mucho más que una alteración funcional en el campo sexual.
La mayoría de los que intentan practicar regularmente los métodos de los que vamos a hablar aquí sí mejora, como media después de varios años (entre tres y cinco de media) de tratamiento. Sus deseos y fantasías homosexuales se vuelven débiles hasta dejar de existir; la heterosexualidad se hace realidad o se refuerza considerablemente; y sus personalidades se vuelven menos neuróticas. Algunos, no todos, sin embargo, sufren recaídas ocasionales (bajo estrés, por ejemplo) en su vieja imaginería homosexual. pero si vuelven a la lucha, la recaída no suele durar mucho tiempo.
            El cuadro es mucho más optimista de lo que nos quieren hacer creer los homosexuales emancipados (que tienen unos intereses creados en el dogma de la irreversibilidad de la homosexualidad). Por otro lado, el éxito no es tan simple como a veces ha afirmado alguna gente del movimiento exgay. En primer lugar, el proceso de cambio normalmente se toma por lo menos entre tres y cinco años de tiempo, a pesar de todo el progreso que puede producirse en un periodo de tiempo mucho más corto. Además, tal cambio requiere una voluntad persistente, preparada a ser satisfecha con pequeños pasos, con pequeñas victorias de la vida cotidiana, más que esperar curas dramáticas repentinas. No se frustran las realidades del proceso de cambio si nos damos cuenta de que la persona en (auto)terapia está reestructurando o re-educando una personalidad deformada e inmadura.
Tampoco se debería tener la idea de que, cuando el resultado no es la desaparición completa de toda inclinación homosexual, las tentativas terapéuticas no merecen el problema. Justo lo contrario. El homosexual sólo puede ganar en el proceso: sus obsesiones sexuales casi siempre se desvanecen y se vuelve más feliz y saludable en su actitud mental y, ciertamente, en sus caminos en la vida. Entre la cura completa y el progreso pequeño o sólo temporal (cuyo resultado estimado es de alrededor del 20 por ciento de los que siguen el tratamiento), hay muchos estadios intermedios y muchos grados de mejora satisfactorios.
Pero incluso la mayoría de aquellos que progresan menos en sus sentimientos, de todas formas restringen considerablemente sus contactos homosexuales, y esto se puede contemplar como un logro, en términos tanto de salud moral como física, como se ha hecho evidente desde la epidemia del sida (los datos sobre enfermedades de transmisión sexual y esperanza de vida entre los homosexuales comprometidos no son sino alarmantes, incluso si se corrigen por el sida; Cameron 1992).
 Con la homosexualidad es, en pocas palabras, como con otras neurosis: fobias, obsesiones, depresiones u otras anomalías sexuales. Lo más sensato es intentar hacer algo con ello, incluso si cuesta energía y significa renunciar a placeres inmediatos y engaños. La mayoría de los homosexuales conjeturan con esto pero como no quieren ver lo que es evidente, algunos tratan de convencerse a sí mismos de que su orientación es normal y se ponen furiosos si su sueño, o su huida de la realidad, resulta amenazado. Les gusta exagerar la dificultad de la terapia y están ciegos ante las ventajas de las mejoras por insignificantes que sean. Pero ¿quién argumentaría contra las terapias de enfermedades reumatológicas o del cáncer, incluso si estas terapias no pudieran curar definitivamente a todo tipo de pacientes?
Éxitos del movimiento exgay y otras terapias
El creciente movimiento “ex-gay”, que forman muchos grupos y organizaciones poco organizados de personas con tendencias homosexuales que quieren cambiar, puede llamar la atención sobre un número creciente de personas que han mejorado profundamente o que incluso están curadas. Estos grupos usan una mezcla de ideas y “métodos” psicológicos y cristianos, y en la práctica ponen el acento en el elemento de la lucha interior. El creyente cristiano puede tener una ventaja en la terapia de la homosexualidad porque su creencia en la palabra no distorsionada de Dios le da una orientación firme en la vida y le robustece su voluntad de aceptar que lo que siente es su lado oscuro y de ansiar la pureza moral.
A pesar de algunos desequilibrios, como puede ser una tendencia ocasional y algo sobreentusiástica a “dar testimonio” y a esperar milagros de una manera demasiado fácil, hay algo que debemos aprender del movimiento cristiano, una lección que también se aprende en la práctica privada: la terapia de la homosexualidad es un asunto psicológico, espiritual y moral, incluso más que las terapias de algunas otras neurosis.
Se implica la conciencia, como también lo están los esfuerzos espirituales del hombre, que le enseñan que aceptar la homosexualidad y el estilo de vida homosexual es irreconciliable con la paz mental real y con ser religioso con autenticidad. Así, muchos homosexuales intentan obsesivamente reconciliar lo irreconciliable, e imaginan que pueden ser devotos y al mismo tiempo homosexualmente activos. Sin embargo, la artificialidad y autoengaño de este tipo de tentativas son aparentes. Acaban viviendo como homosexuales y se olvidan de su Cristianismo o, para acallar su conciencia, se crean su propia versión del Cristianismo compatible con la homosexualidad. Como con la terapia de la homosexualidad, la combinación de elementos espirituales y morales con introspecciones psicológicas unidos probablemente ofrece las perspectivas más fructíferas.
No quiero dar la impresión de que al presentar las ideas generales básicas de la homosexualidad y su terapia estoy invalidando de paso otras ideas generales y métodos. En mi opinión, las similitudes entre las teorías psicológicas modernas y entre las terapias son mucho más grandes que sus diferencias. De manera notable, la idea básica de que la homosexualidad es un problema de identificación de género es compartida por casi todas ellas. Además, los métodos terapéuticos pueden diferir en la práctica menos de lo que pudiera parecer si uno simplemente mirara los libros especializados.
Dicho esto, y con gran respeto por todos mis colegas que trabajan en este campo tratando de ver a través de los acertijos de la homosexualidad para ayudar a la persona preocupada por encontrar su verdadera identidad, ofrezco lo que creo que es la mejor combinación teórica de varias teorías e ideas que llevan a los métodos de (auto)terapia más efectivos. Cuanto más exactas sean nuestras observaciones y conclusiones, tanto mejor será la visión de sí misma de la persona homosexual afectada, y hasta qué punto pueda curarse depende en última instancia de su propia introspección.

Articulo

¿Se puede curar la homosexualidad?

 Homosexualidad es la atracción sexual hacia personas del propio sexo. En cromosomas, hormonas sexuales y constitución física los homosexuales son normales. Hubo un tiempo, el de Freud, en que se pensó que se debía a factores hereditarios, pero esta hipótesis hoy ha sido científicamente desechada. Los homosexuales son biológicamente normales, lo que no es normal es el ejercicio de la homosexualidad. Es de advertir que el homosexual tiene instintos heterosexuales; lo que ocurre es que se le bloquean por alguna razón, que puede ser un complejo de inferioridad. Quienes de verdad se empeñan en luchar contra ese complejo, aun en casos de transexualidad, en uno o dos años acaban con sus obsesiones. Para dar la impresión de normalidad, hay quien asegura que quizá uno de cada cinco hombres tiene «tendencias» homosexuales, pero las estadísticas lo desmienten y ponen de manifiesto que en realidad no pasan de un uno o dos por ciento.
El movimiento mundial para la emancipación de los homosexuales trata de eludir cuestiones fundamentales, se sirve de medias verdades y de falsedades totales y maneja el concepto de discriminación para suscitar compasión. Hace del homosexual una víctima.
Una causa: la falta de madurez
En la pubertad, puede tratarse de un fenómeno transitorio. Hay casos en que la homosexualidad arraiga en los primeros años de juventud. Este hecho ha llevado a algunos a pensar que no tiene sentido procurar desarraigarla. La teoría más en boga es que la homosexualidad se basa en una perturbación del llamado «sentido de identidad sexual». La realidad demuestra que los homosexuales están afectados no sólo en su faceta sexual, sino en todo su mundo emotivo. Su vida emotiva coincide mucho, por ejemplo, con la de tipo ansioso, compulsivo o depresivo, caracterizada por depresiones, nerviosismo, problemas relacionales y psicosomáticos. No son capaces, en determinados aspectos de su vida emotiva, de madurar y de ser adultos y, pese a querer aparentar jovialidad y alegría no son felices interiormente. La causa no está en la discriminación de la que se quiere acusar a la sociedad que les haría «víctimas» de ella, sino en fuerzas que actúan en el interior mismo de los interesados (…)
¿Se puede curar la homosexualidad?
Mucha gente no sabe que la génesis psíquica de esta condición sexual carece en absoluto de misterio y que su terapia es posible. El método que he utilizado consta de dos partes: la primera consiste en hacer adquirir al interesado una visión clara de la propia identidad y de su propio mundo afectivo; la segunda, en afrontar esa situación. Llevamos a las personas a reírse de sí mismas (el humorismo puede ser muy saludable) y a la adquisición de hábitos positivos: valentía, honestidad consigo mismo, autodisciplina, capacidad de amar a los demás; así, hasta lograr que el homosexual pierda sus hábitos neuroinfantiles.
homosexualidad
Es esencial neutralizar la autoconmiseración crónica. Es obligado decir que:
– En un treinta por ciento de los casos, la curación es completa: acaban desarrollando actitudes y hábitos sexuales normales y afectivos y una vida emotiva adulta. Por supuesto, una curación sólo sexual no sería una curación completa.
– Otro treinta por ciento de personas cambia más o menos gradualmente, pierde sus obsesiones homosexuales y asume una actitud emotiva nueva, aunque no lo suficiente para poder hablar de curación completa.
– Hay otros que progresan con extremada lentitud por su estado neurótico grave, pero también éstos, si son ayudados por una asistencia y un tratamiento constructivos, adquieren fuerza y coraje y poco a poco van perdiendo sus depresiones, nerviosismos y ansiedades.
Responsabilidad de los educadores
Los complejos homosexuales se pueden evitar educando a un muchacho como muchacho y a una chica como tales. No se pueden intercambiar y mezclar las cosas. Una total identificación, la total identidad de roles que quiere cierto feminismo exacerbado es absurda. Los sacerdotes y educadores tienen un papel importantísimo cuando aportan al crecimiento psicológico una contribución mucho mayor de la que a veces son conscientes. Cuidado con creer que todo «amor» es bueno; hay formas de amor compasivas y neuróticas que revelan una personalidad dividida en sí misma y que necesitan una guía moral firme y segura. Los pacientes que viven su fe de manera positiva tienen las mayores esperanzas de un cambio radical en su homosexualidad: ésta es mi experiencia de años.
El problema de la homosexualidad es presentado en una injustificada atmósfera de fatalismo. La homosexualidad sigue siendo vista por la mayoría de la gente a la luz de prejuicios e ideas preconcebidas, infundadas y superadas de las que, por desgracia, no están ausentes profesionales (médicos, sociólogos, psicólogos, sacerdotes, periodistas). Si a ello añadimos la falta de puesta al día de la Psiquiatría y de la Psicología, se crea una situación de la que se aprovecha la estrategia de la emancipación de homosexuales militantes, flanqueada por el «establishment progre» occidental que pretende hacer creer que la homosexualidad es una variante normal de la sexualidad humana, que homosexual se nace y que no se puede cambiar. A todos ellos no les vendría mal una mejor información.
La falacia de la resignación
Los responsables mejoran poco a poco las situaciones concretas. Hay directores espirituales que animan correctamente a los homosexuales a vivir la castidad y el dominio de sí mismos, pero de hecho consideran que es imposible desarraigarla. Es muy equivocada la actitud de no pocos hombres de Iglesia que, de buena fe, pero víctimas probablemente de la escasa difusión de las experiencias terapéuticas, consideran que el mejor modo de ayudar a los homosexuales es enseñarles la resignación y la aceptación del sacrificio que supone su situación, en lugar de animarles y ayudarles a salir de ella, con paciencia y perseverancia.
homosexualidad
Además de ignorancia, demuestran ingenuidad, ya que es dificilísimo, por no decir imposible, convivir con las propias tendencias homosexuales sin dejarse arrastrar por ellas. El camino de la curación de los homosexuales no pasa por la compasión y mucho menos por la aceptación de su situación como «normal».
Es impresionante y doloroso constatar cuántos médicos, terapeutas, sacerdotes, psicólogos ignoran el deseo de cambiar que tienen muchas personas con tendencias homosexuales. La afectividad desviada no es más que un aspecto de una personalidad inmadura. La terapia debe apuntar a enseñar al paciente a reconocer y combatir toda una gama de expresiones de ego-centrismo infantil, de temores, complejos de inferioridad, reacciones consolatorias, afectaciones y autocompasiones. En la esfera afectiva crecemos cuanto mayor es la confianza en nosotros mismos como hombres o como mujeres con plenitud y felicidad. Un psiquiatra holandés que militaba en el movimiento de emancipación homosexual cuenta la curación de una lesbiana gracias a un sacerdote dotado de buen sentido psicológico, que le dijo: «¡Si es que tú te has quedado en cuando eras una niña … !». Su proceso de cambio duró un tiempo, pero acabó reconociendo ante el psiquiatra que su problema había desaparecido «como una pierna amputada, que no vuelve».

 

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Una respuesta a “Esperanza para la homosexualidad”

  1. Es interesante este punto, aunque como psicóloga egresada de la UNAM, no se considera a la homosexualidad como patología.

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