Un experimento revela 8 situaciones a las que los niños le tienen miedo

En un experimento realizado por John Bowlby se eligieron ocho situaciones por medio de estudios iniciales en los que se había descubierto que tipo de situaciones podían provocar un leve temor a los niños pequeños. A continuación se las detalla cada una de estas situaciones:

experimento

  1. Quedarse solo: Mientras el niño está sentado ante una mesa, jugando, el experimentador sale de la habitación con algún pretexto (hasta el momento de iniciarse las experiencias el pequeño no se hallaba familiarizado con dicha habitación). El experimentador permanece fuera de la sala por un lapso de dos minutos. Varios observadores ocultos registran la conducta del pequeño.
  2. Desplazamiento repentino o falta de apoyo: Se utilizó un aparato a modo de puente, consistente en dos planchas de madera unidas por los extremos, a unos cinco centímetros del suelo. La primera plancha está sostenida firmemente, pero cuando el chiquillo se para sobre la segunda, sostenida sólo en el centro, la planchuela cede y cae al piso.
  3. Pasaje oscuro: Mientras juega a la pelota con el niño el experimentador, aparentemente sin advertirlo, la arroja a un pasaje oscuro de unos cinco metros de largo, que se abre en un ángulo de la habitación. Se solicita al pequeño que recupere la pelota.
  4. Persona desconocida: Mientras el niño permanece temporalmente alejado de la habitación, una asistente, vestida con un largo abrigo gris, un gran sombrero negro y un velo que oculta sus rasgos, se sienta en una de las dos sillas colocadas cerca de la entrada. El niño regresa, y se observan sus reacciones al advertir a la desconocida y al solicitársele que tome algunos juguetes colocados cerca de la silla de aquélla.
  5. Tablón colocado alto: Se utiliza un tablón de unos 40 cm de ancho por 2,5 m de largo y 5 cm de grosor, sostenido firmemente de los extremos por medio de dos sostenes fijos; el tablón se dispone a distintas alturas del suelo y se solicita al pequeño que camine de un extremo al otro para apoderarse de una caja de juguetes de colores brillantes. Primero se coloca el tablón a 1,20 m del suelo; si el pequeño se rehúsa a caminar a esa altura se lo baja, y si, por el contrario, cumple la prueba a esa distancia del piso, se lo sube aun más.
  6. Sonido fuerte: En un rincón de la sala, detrás de una pantalla, se ha suspendido del techo un tubo de hierro de unos 60 cm de largo por 5 cm de diámetro; mientras el niño y el experimentador se hallan sentados ante una mesa con juguetes. se aplica al tubo un fuerte golpe con un martillo. Primero se observa la respuesta del pequeño ante el inesperado sonido proveniente de una fuente oculta; luego, señalando la pantalla, el experimentador le indica que vaya a ver lo que provocó el ruido.
  7. Serpiente: Una serpiente inofensiva, de unos 60 cm de largo, se coloca en una caja lo bastante honda como para asegurar que no salga de inmediato al levantarse la tapa. En la caja se guarda también un pequeño juguete de colores. Se dirige la atención del niño hacia la caja, se levanta la tapa y se le permite mirar en su interior; si formula alguna pregunta, el experimentador simplemente aclara “Es una serpiente”, y señala el juguete, pidiéndole al pequeño que lo tome.
  8. El perro grande: Mientras el niño permanece sentado ante la mesa con juguetes, una persona con la que aquél se halla familiarizado entra en la habitación con un perro “collie” de gran tamaño, al que lleva de la correa. Se conduce al perro a un punto determinado de la sala y, tras algún comentario previo del experimentador, se le pide al niño que vaya a acariciarlo.

Los sujetos de la muestra eran 105 niños, la mitad de ellos provenientes de una guardería privada para familias más acomodadas y la otra mitad de una guardería pública para familias de menores recursos. Cincuenta y siete eran varones, y cuarenta y ocho niñas. Los pequeños eran sometidos a las distintas pruebas sólo cuando se hallaban de buen humor y se sentían capaces y deseosos de enfrentarlas; por otra parte, los experimentos no se combinaban con ningún otro tipo de examen.

Referencia: Bowlby, John. “La separación afectiva” 1era edición. Editorial Paidós. Buenos Aires, Argentina. Página 133.

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