Ilustración de una terapia centrada en el cliente

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La terapia centrada en el cliente, se centra más en los procesos que en las técnicas. A continuación se presentan algunas transcripciones en los estudios de casos amplios realizados por Carl Rogers en el año 1967.

Lo que en seguida se presenta sólo es una idea breve de lo que realmente sucede en la terapia centrada en el cliente.

Jim: el joven silencioso

Un nombre de 28 años, que había sido hospitalizado como un “esquizofrénico simple”. Durante los 11 meses previos a la terapia había mejorado un poco, pero todavía se encontraba distante y silencioso.

En lugar de clasificar al cliente como un “caso perdido”, Rogers continuó adoptando las actitudes terapéuticas que, creía, originarían el crecimiento al fin.

Terapeuta: Veo que hay algunos cigarrillos en el cajón, ¿hm? Sí, hace calor, (silencio de 25 segundos).

Terapeuta: Se ve un poco enojado esta mañana o ¿es mi imaginación? (el cliente mueve ligeramente la cabeza). No está enojado, ¿verdad? (silencio de un minuto y 26 segundos).

Terapeuta: ¿Te gustaría decirme qué te pasa? (silencio de 12 minutos 52 segundos).

Terapeuta: Quiero decirte que “si puedo ayudarte en algo, cuentes conmigo”. “Pero si es algo que tú mejor. . . si prefieres permanecer dentro de ti, está bien. . . creo que lo que en verdad te estoy diciendo es que “me interesas”. No estoy sentado aquí como un palo” (silencio de 1 minuto y once segundos).

Terapeuta: Y creo que tu silencio me dice, que no quieres, o que no puedes salir en este momento y está bien. No te molestaré, sólo quiero que sepas que estoy aquí, (silencio de 17 minutos 41 segundos).

[Después de dos comentarios sin respuesta durante el minuto posterior, Rogers continúa.]

Terapeuta: Quizá esta mañana sólo quieres que me calle. . . y a lo mejor debiera hacerlo, pero sigo sintiendo como si quisiera. . . estar en contacto contigo de alguna manera. (silencio de 2 minutos 21 segundos) (el cliente bosteza)

Terapeuta: Pareces cansado o desanimado. (silencio de 41 segundos)

Cliente: (¡Al fin!) No. Sólo mal.

Terapeuta: Todo está mal, ¿eh? ¿Te sientes mal?. . .

Cliente: No.

Terapeuta: ¿No? (silencio de 20 segundos)

Cliente: No, sólo siento que no soy bueno para nadie, nunca lo fui y nunca lo seré.

Terapeuta: Así te sientes ahora, ¿eh? Qué no eres bueno para ti mismo, no eres bueno para nadie. Que no vales absolutamente nada, ¿eh?

Cliente: Sí. Eso fue lo que me dijo el tipo con el que fui a la ciudad el otro día.

Terapeuta: Creo que el significado de eso, si estoy en los cierto, ¿es que aquí hay alguien que. . . te importó lo que piensa de ti? Te dijo que él piensa que eres muy malo. Y esto realmente te quitó el piso. [Jim llora en silencio.] Esto te hace llorar.

Cliente: Pero no me importa.

Terapeuta: Tú dices que no te importa nada, pero de alguna forma creo que una parte de ti se preocupa porque una parte de ti llora por eso. . .

Cliente: Creo que siempre lo he sabido.

Terapeuta: Si te entiendo bien, lo que te lastima más que todo, es que él te diga que no eres bueno; que es lo que tú siempre has pensado de ti. Es lo que quieres decir [Jim asiente moviendo la cabeza]… Así que por lo que él dice y por lo que quizá sientes, te sientes casi tan malo como el peor de todos.

[El cliente continúa llorando. Rogers después de reflejar los sentimientos de tristeza y desesperanza del cliente, por algunos momentos más, termina la entrevista. Tres días después tiene lugar otra sesión. Después de algunos comentarios iniciales del terapeuta, el cliente comienza]:

Cliente: Me voy a ir.

Terapeuta: ¿Te vas a ir? ¿Realmente vas a huir de aquí? Ya sé que no te gusta el lugar, pero debe haber sucedido algo especial ¿o qué?

Cliente: Sólo quiero huir y morir.

Terapeuta: M-m, M-m, M-m. Ni siquiera te quieres ir de aquí para ir a alguna parte.

Solamente quieres dejar este lugar y morir en un rincón, ¿eh?.. . No lo puedo evitar pero me pregunto si todavía es cierto que algunas cosas que este amigo te dijo ¿son aún parte de lo que te hace sentir tan mal?

Cliente: En general, sí.

[Los siguientes 30 minutos fueron utilizados para reflejar los sentimientos negativos del cliente y en guardar silencio de hasta 13 minutos].

Cliente: Podría irme hoy. ¿A dónde? No sé, pero no me preocupa.

Terapeuta: Siento que te decidiste y te vas a ir. (silencio de 53 segundos).

Cliente: Por eso me quiero ir, porque no me importa lo que suceda.

Terapeuta: M-m, M-m, M-m. Por eso te quieres ir, porque realmente no te preocupas por ti mismo. Precisamente no te preocupa lo que suceda. Y creo que me gustaría decir. . . Yo me preocupo por ti. Y me preocupa lo que pase.

Después de un silencio de 30 segundos, el paciente se pone a llorar con sollozos violentos. Durante los siguientes quince minutos, Rogers (quien estaba retrasado para otra cita) refleja las emociones intensas que expresó el cliente.

Según Rogers éste es un momento importante del cambio terapéutico. “Jim Brown, quien se ve a sí mismo como terco, amargado, maltratado, sin valor, inútil, sin esperanza y sin posibilidad de ser amado, experimenta mi cuidado por él. En ese momento su coraza defensiva se rompe y se abre, y nunca podrá volver a ser la misma”.

Este cliente pudo abandonar el hospital después de varios meses de tratamiento y 8 años después informó a Rogers que era feliz, tenía empleo y era independiente.

Aplicaciones del método centrado en el cliente

Como es evidente a partir de este caso ilustrativo, Rogers cree que su método de tratamiento se puede aplicar con éxito a clientes que muestran conductas “psicóticas” severas así como a aquellos marcados como “neuróticos” o con “desórdenes de personalidad”. También vale observar que, aunque Rogers comenzó su trabajo de tratamiento clínico en contextos de uno-a-uno, sus ideas y principios han sido recientemente aplicados en contextos de grupos de varias clases.

Ciertamente, muchos de los conceptos de Rogers tienen aplicaciones en situaciones no terapéuticas, incluidos la educación de niños, relaciones conyugales, educación y relaciones interpersonales en general.

Referencia: Bernstein, Douglas A. “Introducción a la Psicología clínica” Editorial McGraw-Hill. México. D.F. 1982. Pág. 457. Traductor: Herminio Abasta. UNAM.

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