Indicadores del acoso escolar

Indicadores del acoso escolar

Todos los protagonistas del acoso escolar sufren alguna consecuencia en alguna medida, es decir, todas las personas que están involucradas, ya sean de manera activa o pasiva en un proceso de acoso, son víctimas de este proceso.

Los acosadores, los espectadores y, por supuesto, las víctimas directas son las que más secuelas negativas sufrirán tanto físicas como emocionales y psicológicas. 

Indicadores del acoso escolar

El acoso escolar, al igual que otras formas de maltrato psicológico, deja secuelas por estrés postraumático. Investigaciones científicas realizadas sobre el estrés humano sugieren que las víctimas de acoso escolar son más vulnerables a padecer problemas de conducta, como trastorno por estrés postraumático, depresión y trastornos del ánimo a medida que pasan los años.

Cuando los sentimientos del niño o niña no están siendo bien encauzados y se quedan sin resolver, pueden desarrollarse modificaciones en su comportamiento diario y rutinario como insomnio, pérdida de apetito, ataques de ira, etc. Es común que el niño víctima viva aterrorizado con la idea de asistir a la escuela y, por ello, intenta aparentar estar enfermo en la mañana, o pueden aparecer síntomas psicosomáticos como vómitos, dolores abdominales o de cabeza sin causa aparente, o puede cambiar de camino para ir al centro.

En definitiva, este niño puede mostrarse muy nervioso, triste y solitario en su vida cotidiana. También se desarrollan modificaciones más profundas de índole psicológico y emocional, como la pérdida y destrucción de su autoestima y la confianza en sí mismos, llegando a estados depresivos o de permanente ansiedad social al generarse situaciones de inadaptación, y de índole escolar y cognitivo, al observarse una disminución del rendimiento académico.

Es muy importante que padres y madres estemos muy atentos a cualquier cambio de actitud, comportamiento o conducta con respeto a su rutina diaria por parte de nuestro hijo o hija. Algunas de los indicadores más fácilmente observables pueden ser:

  • Presencia de lesiones físicas.
  • Pérdida o rotura de pertenencias.
  • Insomnio.
  • Llanto inmotivado y frecuente.
  • Cambios de humor muy acusados.
  • Tristeza o síntomas de depresión.
  • Pasar mucho tiempo sólo y no salir con amigos.
  • El aumento de la pasividad o la retirada.
  • Cambio repentino en la forma en que el niño habla – llamándose a sí mismo un perdedor o llamando idiota a un ex amigo.
  • Descenso en su rendimiento escolar.
  • Miedo a ir al centro, o poner excusas para faltar de forma recurrente.

Debemos tener en cuenta también que muchos de estos síntomas pueden darse de forma aislada en el periodo de la adolescencia, por lo que debemos observar con calma y método antes de sacar conclusiones precipitadas.

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