La aparición de las terapias cognitivas

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Las terapias cognitivas han nacido de la mano de diversos autores pioneros que, a pesar de sus diferencias, han coincidido en su enfoque sobre el papel de los procesos mentales. A continuación se pueden distinguir así tres orígenes principales de las terapias cognitivas:

  1. El aporte de George Kelly

En el año 1955 se consideró a Kelly como el primer teórico que presenta una teoría de la personalidad, y un enfoque de la clínica y de la terapia que se puede considerar cognitivo. Según su postulado principal, la anticipación es la principal responsable de los procesos psicológicos del individuo. Su teoría se basa en la sistematización de las estructuras de significado del individuo, y su práctica clínica en la comprensión de tales estructuras en los propios términos del sujeto. El cambio psicológico resulta de la adopción de una construcción alternativa que aporta un nuevo sentido al sí mismo y al mundo. A pesar de precederlas en el tiempo, la influencia de Kelly ha sido escasamente reconocida en la emergencia del resto de terapias cognitivas. Sin embargo, en la última década se ha considerado a la terapia de los constructos personales como uno de los enfoques más originales y característicos de la reciente orientación cognitivo-constructivista.

  1. El aporte de Ellis y Beck

Tanto Albert Ellis como Aarón T. Beck fueron destacados fundadores, y aún pueden considerarse los principales representantes, de las terapias cognitivas. Ambos se formaron en el psicoanálisis, pero su trayectoria los llevó a rechazar tanto los conceptos como la terapia psicoanalítica por falta de eficacia y evidencia empírica, respectivamente. En el año 1962 Ellis reemplazó la escucha pasiva por una actitud activa y directiva con la que dialogó con sus clientes acerca de las filosofías en las que se inspiraban. Su enfoque se basa en la creencia de que la persona puede sustituir conscientemente los pensamientos irracionales por otros más razonables.

  1. El aporte de Bandura

Varios líderes en la terapia de conducta desarrollaron sus modelos terapéuticos hasta hacerlos también cognitivos. Esto ha dado lugar a que se hable a menudo de terapias “cognitivo- conductuales” casi en la mayoría de las obras sobre este tema previas a 1985. Si bien es cierto que el empuje proporcionado por estos líderes conductistas ha sido determinante para las terapias cognitivas, la anterior denominación híbrida no parece apropiada dado el actual panorama.

En 1978 Mahoney y Arnkoff señalaron a Bandura como el iniciador de la tendencia cognitiva dentro del enfoque conductual. Su aportación propicia:

— la aceptación de un determinismo recíproco entre el organismo y su entorno, dejando ya de lado el determinismo ambiental de los conductistas clásicos, y la postulación de procesos básicos de cambio conductual que implican mecanismos centrales de tipo cognitivo-simbólico.

En el año 1977 Bandura reafirmó la importancia de la expectativa de refuerzo, un concepto claramente cognitivo, para el control de la conducta. Así fue como en los años setenta las terapias cognitivas conocieron un auge importante al confluir el trabajo de autores independientes (Beck, Ellis, Kelly) con el enfoque cognitivo-conductual. En la década de los ochenta la contribución de autores como Guidano y Liotti y el giro conceptual adoptado por Mahoney sugieren un nuevo panorama en el que adopta un papel relevante la orientación constructivista de estas nuevas terapias cognitivas.

Referencia: Feixas, Guillem. M. Teresa Miró “Aproximaciones a la psicoterapia” Una introducción a los tratamientos psicológicos. Editorial Paidós.1993. pág. 211

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