La autoimagen idealizada

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Según Horney el individuo está convencido de que debería ser el mejor o un perfecto estudiante, cónyuge, padre de familia, amante, empleado, amigo o niño.

Horney sostenía que todos, tanto las personas normales como las neuróticas, construimos una imagen de nosotros mismos que puede estar basada o no en la realidad. Horney creía que la búsqueda de nuestro yo es una verdadera agonía.

Una persona normal construye su autoimagen a partir de una evaluación realista de sus capacidades, potencialidades, debilidades, metas y relaciones con los otros. Esta imagen confiere un sentido de unidad e integración a la personalidad y un marco de referencia para acercarnos a otros y a nosotros mismos. Para poder realizar todo nuestro potencial, ese estado de autorrealización, nuestra autoimagen, debe reflejar claramente nuestro verdadero yo.

La personalidad de los neuróticos, que experimentan un conflicto entre modos incompatibles de conducta, se caracteriza por la desunión y la falta de armonía. Estos individuos construyen una autoimagen idealizada con el mismo propósito que un individuo normal: unificar la personalidad. Pero están destinados al fracaso porque su autoimagen no se funda en una evaluación realista de las cualidades y debilidades, sino en una ilusión, un ideal inalcanzable de perfección absoluta.

En su esfuerzo por realizar dicho ideal, el neurótico perece a lo que Horney llamó tiranía de los “debería”. Según Horney el individuo está convencido de que debería ser el mejor o un perfecto estudiante, cónyuge, padre de familia, amante, empleado, amigo o niño. Como su autoimagen real es muy negativa, cree que su conducta debería corresponder a la autoimagen ilusoria donde se ve bajo una luz sumamente positiva; por ejemplo, como un ser virtuoso, honesto, generoso, considerado y valiente. Al hacerlo, niega a su yo real y trata de convertirse en lo que debería o tendría que ser para corresponder a la autoimagen idealizada. Sin embargo, sus esfuerzos están condenados al fracaso; nunca podrá hacerla realidad.

La autoimagen neurótica no coincide con la realidad, pero es objetiva y verdadera para quien la construyó. Los demás advierten claramente su falsedad, no así su creador: está seguro de que es real. La autoimagen idealizada es un modelo de lo que el neurótico cree ser, puede ser o debería ser. Por el contrario, una autoimagen realista es flexible y dinámica; se va adaptando a medida que el individuo se desarrolla y cambia. Refleja cualidades, crecimiento y conciencia de sí mismo. Es una meta, algo que perseguir y, por lo tanto, refleja y guía al individuo. En cambio, la autoimagen neurótica es estática, inflexible y definitiva. No es una meta sino una idea fija; no favorece el crecimiento, sino que lo impide porque exige el cumplimiento rígido de sus normas.

La autoimagen del neurótico es un sustituto poco satisfactorio de un sentido objetivo de la valía personal. El neurótico tiene poca confianza en sí mismo debido a la inseguridad y la ansiedad, además de que la autoimagen idealizada no permite corregir esas deficiencias. Ofrece un sentido ilusorio de la valía personal, enajenándolo de su yo verdadero. Creada para conciliar modos de conducta incompatibles, simplemente se convierte en un elemento más del conflicto. Lejos de resolver el problema, lo agrava con un creciente sentimiento de futilidad. La más ligera fractura en la autoimagen idealizada amenaza el falso sentido de superioridad y seguridad del neurótico para el cual se armó toda esta estructura. No se requiere mucho para demolerla. Horney dijo que esta autoimagen se asemeja a una casa llena de dinamita. Los neuróticos tratan de defenderse de los conflictos internos que provoca la incompatibilidad de la autoimagen idealizada y la real por medio de la externalización y proyectan los conflictos hacia el mundo exterior. Es un proceso que alivia temporalmente la ansiedad que produce el conflicto, pero no disminuye en absoluto la brecha entre la autoimagen idealizada y la real.

Ejemplos de autoimagen idealizada

  • Yo “debería” ser el mejor de la clase
  • Yo “debería” tener el mejor salario que los demás.
  • Yo “debería” ganarme la lotería

La autoimagen idealizada del individuo puede llegar a provocar ansiedad y/o depresión aún más cuando el mismo individuo se exige a si mismo.

Referencia: Duane P. Schultz “Teorías de la personalidad ” 9na. Edición. Editorial Cengage Learning. Mexico. 2009. Pag. 169.

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