La decadencia del Liderazgo

La decadencia del Liderazgo

Sinopsis: 

Aprender de los fracasos de otros es uno de los aspectos más importantes de todo líder. De hecho, una persona no fracasa de un día a otro, el fracaso es una serie de acontecimientos que marcan el declive de un líder.
El dominio del contexto es un aspecto importante que todo líder debe de saber, cuando digo el dominio del contexto trato de explicar que la influencia de actitudes negativas pueden hacernos perder el liderazgo, el amor al dinero es uno de los peores peldaños por los que decenas de líderes a través de la historia han venido en decadencia, los lujos, la avaricia, el orgullo y la arrogancia hacen que hasta el líder venga en decadencia, por lo mismo el dominio del contexto es el primer paso para mantener el liderazgo.

En mi experiencia como asesor, he visto como líderes han venido en decadencia por una sola razón. La razón es sencilla… cuando un líder se olvida de donde salió, pierde su esencia como líder. Cuando el líder se obsesiona por lo material, pierde a sus seguidores, cuando un líder crece solo para sí… sus seguidores lo abandonan, cuando un líder deja de guiar a los demás hacia el éxito… deja de ser un líder.



El Líder que perdió su esencia: 


Hace un tiempo leí la historia del fracaso de un líder y me surgió la inquietud de escribirla, claro cambiare los nombres para adecuarlo a nuestro contexto.

Mario, nació de padres obreros en la ciudad de Guatemala. Era un chico con grandes aspiraciones, resuelto a triunfar, pasó directamente de la escuela a la educación secundaria, luego a trabajar en una fábrica y posteriormente se matriculo en una escuela nocturna. Trabajando día y noche, logro graduarse de contabilidad y de los talleres subió a las oficinas de la compañía, en el curso de pocos años fue ascendiendo y dejando atrás a otros que tenían el grado de master en administración de empresas. Demostró que no solo era laborioso y emprendedor sino inteligente y practico. Eficiente, competente y duro, llego a ocupar una de las vicepresidencias.

Todos en la empresa decían que Mario no solo sabía cómo funcionaba sino que era capaza de hacerla funcionar mejor. No era fácil trabajar bajo sus órdenes, pero era el tipo de personalidad que gusta a los jefes. Era ciento por ciento de la compañía, enviciado al trabajo, siempre de buena voluntad y ansioso de ir un paso más allá, e impaciente con los que parecían menos dedicados a él. Su competencia, energía y dureza hacían de él el ejecutivo ideal.

Viéndolo en acción, nadie podía sospechar que se había criado en la pobreza, en las calles y barrios bajos del país, y aun más que era producto de la escuela nocturna porque el debió pagar sus estudios. En realidad, él mismo había olvidado eso, se parecía a sus jefes, vestía y hablaba como ellos. Su mujer era atractiva, se parecía a la esposa de los jefes y vestía y hablaba como ellas. Tenían dos hijos que estudiaban en los mejores colegios del país, a estas alturas de la vida, Mario era un hombre realizado.

Para aquel entonces, el presidente de la compañía tenía más de 50 años y quería retirarse, el presidente era el nieto del fundador de la empresa, quería jubilarse y contratar a alguien que siguiera con la visión de la empresa. El presidente llamo a Mario para que aprendiera a dirigir la empresa, su capacitación era de aproximadamente tres años, luego el presidente dejaría a Mario dirigir la empresa. Cuando el presidente de la empresa le concedió ser su brazo derecho, Mario fue más duro que antes, trato con mayor rigor a los empleados que no le caían en gracia. En las oficinas, los trabajadores de la empresa se burlaban de Mario a sus espaldas y lo etiquetaron como “El general de los ejércitos” porque si él le decía a alguien que saltara, debía de hacerlo o lo despedía.

Luego de un año de trabajo siendo la mano derecha del presidente de la compañía, Edmundo que así se llamaba el presidente, convoco a una reunión a los miembros de la familia quienes a la vez eran los integrantes de la junta directiva. Sin embargo, algunos miembros de la junta le dijeron a Edmundo que Mario parecía demasiado duro con sus colegas y ejecutivos, y que no aprobarían su nombramiento, a menos que mejorara su actitud hacia las demás personas. Edmundo, comunico la mala noticia a Mario, pero Edmundo tenía un plan para esto. Contrataría a un asesor para que orientara a Mario en la dirección de la empresa. Mario estaba dispuesto a estar sujeto bajo las órdenes del asesor que Edmundo contraria.

Cuando el asesor llego a la empresa, comenzó el trabajo de diagnóstico, que consistía en una serie de entrevistas a las personas que trabajaban con Mario, posterior a esto, se evaluó la personalidad de Mario mediante material psicométrico y proyectivo.

El asesor se dio cuenta de algo, que todos actuaban bajo sus propios intereses, Edmundo quería jubilarse y dejar el cargo de presidente, los miembros de la junta no querían dejar que Mario asumiera el puesto de presidencia queriendo olvidar esta difícil situación y Mario solo esperaba con ansias el día de su ascenso a la presidencia.
Al cabo del tiempo, el asesor se dio cuenta de que todo lo que decían de Mario, era cierto, era muy competente y tenía grandes aspiraciones, pero también era tirano, impulsivo, y con frecuencia ofendía a las personas que trabajaban a sus órdenes. Estas se acobardaban en su presencia. El sentía una imperiosa necesidad de dominar y dominar los sucesos. No era capaza de darle las gracias a nadie por una tarea bien cumplida, ni de hacer un elogio. Y, por supuesto, tenía un prejuicio contra las mujeres.

A pesar de que durante la asesoría, Mario se volvió más tratable y logro mejorar en sus más duras actitudes, se volvió más sensible y más pulido, esta fue una buena noticia. La mala noticia era que a pesar de todos sus esfuerzos, sus colaboradores seguían desconfiando de él. Sencillamente no confiaban en el “nuevo” Mario, los miembros de la junta que gustaban del “viejo” Mario y de su estilo férreo e inflexible se desconcertaron con su nuevo comportamiento más moderado, y los que inicialmente se habían opuesto a su ascenso empezaron a verle más defectos. Sostenían que a pesar de su energía y su competencia, carencia de visión y de carácter.

Es bien sabido que el carácter es una de las armas más importantes del líder, así que los miembros de la junta tenían razón. El carácter es algo que no se puede infundir, más bien es algo que se debe de formar de manera propia. Claro, no hay duda alguna que Mario era capaz de administrar la empresa, pero a donde la llevaría si inspira duda. Cuando el asesor presento el informe explico que le impresiono el progreso de Mario, sin embargo no podía recomendarlo como presidente de la compañía por su carácter.

Para Edmundo y la junta fue un alivio, pues necesitaban a una persona que tuviese la misma visión y pasión que las generaciones anteriores, y Mario no contaba con eso. Al poco tiempo, Mario escucho el informe y decidió renunciar. Y Edmundo siguió en la presidencia.

La historia parece una novela, pero no, es la vida real. La misma situación que sucedió a Mario, está sucediendo a decenas de líderes del país.

Lo que sucedió con Mario fue que él se olvidó de donde había salido. Los lujos y dinero nublaron su pasado a tal punto de que no recordaba que sus padres eran obreros, que no tenía dinero para pagarle estudios, que se graduó a duras penas. Mario se olvidó lo difícil que fue alcanzar el éxito en la vida y se dejó llevar por el dinero, los bienes, los puestos y la arrogancia, eso fue lo que le paso a Mario, dejo que el contexto influyera de manera negativa en él.

Todos en algún momento de nuestra vida hemos conocido a un “Mario” y hay algunos que son capaces de pasar por encima de esta situación problemática y sobreponerse al contexto que influye de manera negativa en su liderazgo. Ellos son la excepción a la regla y son contados aquellos que pueden reconocer de donde han salido luego de alcanzar el éxito.

 Referencia: 
 Bennis Warren (1990) “Como llegar a ser Líder” Editorial Norma, S.A. Bogotá, Colombia, pág. 21-26

Compártelo con tus amigos