La esencia de los trastornos de personalidad

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El diagnóstico de un trastorno de personalidad depende de los problemas de funcionamiento dentro del sí mismo (sea la identidad de la persona o la capacidad para autodirigirse) y con otras personas (la capacidad de empatía o de intimidad de la persona).

Para mostrar la esencia de los trastornos de personalidad, a continuación se presentan definiciones breves de algunos que se han reconocido desde hace décadas.

  1. Antisocial

La conducta irresponsable, a menudo criminal, de estas personas inicia en la escuela o en los primeros años de la adolescencia. La conducta patológica de la infancia incluye ausentismo escolar, huidas, crueldad, peleas, destructividad, mentiras y robos. De adultos también es posible que no paguen sus deudas, no puedan tener dependientes a su cargo, no puedan mantener relaciones monógamas y no muestren arrepentimiento por su conducta.

  1. Por evitación

Estas personas tímidas son heridas con tanta facilidad con comentarios, que titubean al involucrarse con los demás. Pueden tener vergüenza de mostrar sus emociones o decir cosas que puedan parecer tontas. Tal vez nunca tengan amigos cercanos, y exageran los riesgos de salirse de sus rutinas.

  1. Limítrofe

Estas personas impulsivas hacen amenazas o intentos recurrentes de suicidio. Inestables afectivamente, a menudo muestran un enojo intenso e inapropiado. Se sienten vacías o aburridas, y tratan con frenesí de evitar el abandono. No están seguras de quiénes son y no pueden mantener relaciones interpersonales estables.

  1. Dependiente

Estas personas tienen problemas para empezar proyectos o tomar decisiones independientes, hasta llegar al grado de estar de acuerdo con otros que quizá estén equivocados. A menudo preocupadas con miedos de abandono, se sienten desamparadas cuando están solas y miserables cuando terminan una relación. Son muy vulnerables a las críticas y se ofrecen para hacer tareas desagradables con tal de ganarse la simpatía de los demás.

  1. Histriónico

Demasiado emocionales, imprecisos y con necesidad de atención, estos pacientes requieren que constantemente reconozcan su atractivo. Pueden ser egoístas y sexualmente seductores.

  1. Narcisista

Estas personas se sienten muy importantes y a menudo están preocupadas por la envidia, fantasías de éxito o rumiaciones acerca de cuán únicos son sus problemas. Sentirse con derechos especiales y la falta de empatía pueden hacerlos tomar ventaja sobre los demás. Rechazan enérgicamente las críticas y necesitan atención y admiración constantes.

  1. Obsesivo-compulsivo

El perfeccionismo y la rigidez caracterizan a estas personas. A menudo son adictas al trabajo y tienden a ser indecisas, excesivamente escrupulosas y preocupadas por los detalles. Insisten en que los otros hagan las cosas del modo que ellas dicen. Tienen dificultades para expresar afecto, tienden a carecer de generosidad y pueden resistirse incluso a deshacerse de objetos sin valor que ya no necesitan.

  1. Paranoide

Estas personas esperan ser amenazadas o humilladas; la conducta de los demás parece confirmar sus expectativas. Con mucha facilidad se sienten ofendidas y tardan mucho en perdonar; a menudo tienen pocas personas en quien confiar, cuestionan la lealtad de los demás y encuentran significados ocultos en comentarios inocentes.

  1. Esquizoide

A estos pacientes les importan poco las relaciones sociales, tienen un rango emocional restringido y parecen indiferentes a las críticas y los halagos. Tienden a ser solitarios y evitan las relaciones cercanas (incluyendo las sexuales).

  1. Esquizotípico

Estos pacientes tienen tantas dificultades en las relaciones interpersonales que parecen raros o extraños a los demás. No tienen amigos cercanos y se sienten incómodos en situaciones sociales. Pueden mostrar desconfianza, percepciones o pensamientos inusuales, una manera excéntrica de hablar y afectos inapropiados.

Al considerar estas descripciones, necesitamos tener presentes algunos puntos. Para nosotros, muchas personas, quizá la mayoría de nuestros pacientes, tienen problemas sociales angustiosos que no son causados por un trastorno de personalidad. Un jefe tiránico puede crear un desacuerdo en el trabajo; un cónyuge psicótico causa estragos en el matrimonio. La psicosis crónica puede alejar a los pacientes de sus familias. Todos los días, los niños usan drogas y el mercado bursátil se traga los ahorros de alguien. Lo que trato de decir es que muchos problemas que las personas enfrentan (y que los llevan con profesionales de la salud mental para solicitar ayuda) deben verse a través de los lentes de la experiencia cotidiana; representan un límite con demasiada frecuencia ignorado que los separa de la normalidad.

También necesitamos asegurarnos de que un patrón de conducta no ha sido causado por, digamos, un problema de salud importante como un trastorno del estado de ánimo, abuso de sustancias o una enfermedad médica. Nos protegemos de esta clase de errores haciendo una historia completa y preguntando acerca de los otros sistemas mentales y conductuales en la fase de la evaluación en que recolectamos información.

El último punto que debemos recordar tiene que ver con las limitaciones inherentes a una sola entrevista, sin importar cuán cuidadosa y exhaustiva sea. Sobre todo con el trastorno de personalidad, el material que necesitamos para hacer un diagnóstico puede revelarse sólo cuan- do el tiempo nos permite hacer más profunda nuestra experiencia con el paciente.

Tomado de: Morrison, James, autor. “La entrevista psicológica”. 1a. edición. México, D.F. : Editorial El Manual Moderno, 2015. Pàg 76.

Traducción por Jesús Cisneros Herrera.

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