La homosexualidad vista como una enfermedad

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Los antecedentes psicológicos acerca de la homosexualidad, previa a 1970, puede constituir una experiencia impactante, especialmente si la comparamos a nuestra actualidad prevalente. Algunos de los artículos más importantes en este campo llevaban títulos del tipo “Homosexualidad afeminada: una enfermedad de la infancia” o “La curación de la homosexualidad”. Sin embargo, no hay que apresurarse ò considerar a los homosexuales como enfermos mentales.

La homosexualidad vista como una enfermedad

Tanto la cultura británica como la norteamericana tienen una larga historia de actitudes punitivas hacia la conducta homosexual. Durante el siglo XVI, el rey Enrique VIII de Inglaterra declaró que “el detestable y abominable vicio de la sodomía” era una felonía punible con la muerte, y de hecho, hasta 1861 no se sustituyó la pena máxima por diez años de prisión. De manera similar, y hasta muy recientemente, en los Estados Unidos las leyes contra la homosexualidad han sido muy represivas, e incluso en la actualidad en algunos Estados se considera la conducta homosexual como un delito.

Para muchos psicólogos la homosexualidad es algo natural y no patológico. Aunque, los psicoanalistas se convirtieron en los más destacados defensores de la consideración de la homosexualidad como una enfermedad, la actitud del propio Freud hacia este tema era considerablemente progresista para su tiempo, como queda perfectamente reflejado en esta conmovedora “Carta a una madre americana” en el año 1975 que se presenta a continuación:

Querida señora…
Deduzco de su carta que su hijo es homosexual. Me ha impresionado que usted no haya mencionado esta palabra en la carta que me remite. ¿Me permite preguntarle por qué la ha evitado? Sin duda la homosexualidad no supone ventaja alguna, pero tampoco es algo de lo que haya que avergonzarse, ni un vicio, ni una degradación, ni tampoco puede clasificarse como una enfermedad; nosotros la consideramos como una variación del funciona- miento sexual, derivada de alguna fijación en el desarrollo sexual. Muchas personas perfectamente respetables, tanto de épocas antiguas como de la actualidad, han sido homosexuales, incluyendo algunas de las más grandes figuras de la historia (Platón, Miguel Ángel, Leonardo da Vinci, etc.). Es una enorme injusticia perseguir la homosexualidad como si fuera un crimen, y además algo cruel.Cuando usted me pregunta si puedo ayudarla, supongo que lo que quiere decir es si puedo eliminar la homosexualidad, y hacer que su hijo se convierta en un heterosexual normal. La respuesta es, de manera general, que no puedo prometerle que pueda conseguirlo….Sinceramente suyo, y con mis mejores deseos, Freud

Por otro lado, a comienzos de los años 40, los psicoanalistas liderados por Sandor Rado, adoptaron una perspectiva más pesimista sobre la salud mental de los homosexuales, acompañada por una idea mucho más optimista respecto al éxito de la terapia para convertirlos a la heterosexualidad. Rado en el año 1962 considerò que la homosexualidad se desarrolla en las personas cuyos deseos heterosexuales resultan psicológicamente demasiado amenazantes; así pues, la homosexualidad se convierte en una vía de escape de la heterosexualidad, y por lo tanto en algo incompatible con la salud mental. Esta misma perspectiva fue adoptada posteriormente por otros autores, quienes acentuaron el papel de las “relaciones padre-hijo fuertemente patológicas”. Por lo que concierne a la homosexualidad masculina, se argumentaba que la causa radicaba en una madre dominante y emocionalmente sofocante, y en un padre hostil y sin vínculos de apego con su hijo.

Estos psicoanalistas basaban sus opiniones fundamentalmente sobre su propia experiencia con hombres homosexuales que acudían a su consulta, y que por lo tanto tenían más probabilidad de manifestar algún trastorno psicológico que otros hombres homosexuales que no se encontraban en tratamiento psicológico.

Referencia: James N. Butcher; Susan Mineka; Jill M. Hooley. “Psicología clínica” 12.a edición. Editorial Pearson Educación, S.A., Madrid, 2007. Pág. 429

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