La naturaleza biológica del trauma

trauma
Sinopsis:

El cerebro es el órgano humano más complejo que se compone por casi 100 billones de neuronas, que son las que nos hacen sentir, pensar y percibir información del exterior.
Cuando estamos frente a una amenaza se activan funciones cerebrales que en psicología se llaman mecanismos de defensa que ayudan a que la amenaza del exterior no afecte de manera drástica nuestra integridad.
Cuando una amenaza se incrementa se alteran los estados mentales, cognitivos y emocionales a tal punto de crear respuestas involuntarias en el sistema nervioso.
Desde el punto de vista biológico el ser humano tiene tres respuestas recurrentes ante una amenaza que son: 1- huida, 2- Lucha – 3- inmovilización.

Por ejemplo: Si vamos caminando por la calle por la noche en un lugar oscuro y alguien se acerca a nosotros para asaltarnos… Que actitud tomaríamos en el momento?

La verdad es que cada persona tomaría una actitud distinta, sin embargo cuando percibimos una amenaza del exterior, nuestro cuerpo y mente entra en un ciclo de sobreactivacion siguiente:

1º. Los músculos se tensan, se incrementa el ritmo cardiaco, se acelera la respiración. Cuando esto sucede consciente o inconscientemente buscamos en donde está el peligro. Diferentes partes de nuestro cerebro se activan tratando de localizar el peligro que es percibido, al realizar esto nuestro organismo entra en el estado siguiente.

2º. El organismo produce adrenalina y cortisol, las hormonas activan las respuestas de huir, luchar o reaccionar enérgicamente.

3º. En el tercer estado se descarga esta energía producida en acciones defensivas: gritar, correr, patear, pelear. Es una movilización de la energía para enfrentar la situación.

4º. El cuarto grado se da cuando el organismo descargado retorna al estado de equilibrio.

Si somos sobrepasados por la amenaza y somos incapaces de luchar o huir, instintivamente empleamos el tercer modo: La respuesta de inmovilización. Y con esta el organismo queda atrapado con la carga de energía activada por la amenaza y por lo tanto no puede descargarse.

Desarrollo:
Algo que me impacta de los animales es que sobreviven a un ataque, al usar la respuesta de inmovilización, descargan este exceso de energía y completan el ciclo naturalmente. Lo hacen temblando y sacudiéndose de manera que restablecen la energía del organismo. Esta respuesta instintiva ayuda que el sistema nervioso reorganice su balance.

 Por ejemplo: cuando le tiramos agua a un perro, por instinto el se sacude. Esta es la respuesta del perro ante una amenaza y bien como humanos deberíamos de tener una respuesta ante los ataques de manera similar, que al momento de que la amenaza este sobre nosotros tengamos el valor para sacudirnos de la misma.

Sin embargo, los seres humanos tenemos mucha dificultad para restaurar este proceso y la razón es que esta energía es tan intensa que nos asusta y por lo tanto, evadimos las sensaciones que implican dolor; nuestros cerebros racionales tienden a interrumpir este ciclo de activación.

Cuando esto sucede, el sistema nervioso se queda en un estado de excitación permanente; es decir que aún cuando el peligro haya desaparecido, el cuerpo y la mente responden como si el peligro siguiera presente.

El exceso de energía del estado de activación, en lugar de ser transformada, se amarra en el cuerpo y en la mente. Entonces es cuando los síntomas del trauma se dan como resultado.

El trauma ocurre como consecuencia del inicio del ciclo de activación al que no se le permite finalizar, cuando el neocortex anula las respuestas instintivas que ayudan a la terminación de este ciclo.
Esta energía contenida permanecerá encerrada por las emociones de miedo y terror. Además de las emociones el neocortex activa las ideas y las fantasías catastróficas que completarán el cuadro del trauma. Se crea así un ciclo de miedo-inmovilización que impide que la respuesta activada finalice de un modo natural. Cuando estas respuestas no concluyen el ciclo de activación, darán paso a los síntomas de estrés postraumático.

Los síntomas de estrés postraumático:
Son causados no por el suceso sino por la congelación de la respuesta a la movilización que queda atrapada en el sistema nervioso. Esta energía contenida provoca los síntomas de estrés postraumático y es la vía que utiliza el organismo para contener el efecto del trauma.

Los síntomas son las respuestas fisiológicas incompletas que han quedado suspendidas por el miedo y el terror, representan el cúmulo de energía que ha quedado atrapada dentro del sistema nervioso, donde es capaz de provocar estragos en nuestro cuerpo y espíritu.

Cuando la amenaza es abrumadora, la diferencia que se da entre la carrera interna del sistema nervioso motor de huir o luchar contra la inmovilidad externa (freno) del cuerpo, crean una poderosa turbulencia que forma un proceso en espiral, una especie de tornado en el interior del organismo. Este tornado es el punto focal a partir del cual se crean los síntomas del trauma. Esta espiral se inicia en base a mecanismos biológicos muy primitivos. En el centro de este proceso vive la respuesta a la inmovilización con su agregado emocional de ansiedad que se ha generado a partir de la energía atrapada en el sistema nervioso. Es así como se mueve la naturaleza biológica de un trauma que es en realidad es una energía que no ha podido descargarse y por lo tanto afecta nuestra integridad.

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