Métodos en la terapia de conducta

terapia de conducta

El empleo de métodos en terapia de conducta exige, no sólo un conocimiento previo profundo de las técnicas, sino también un entrenamiento en las mismas. La flexibilidad es la regla básica, al respecto, para el terapeuta. No existe una clasificación universalmente aceptada de los métodos de la terapia de conducta. Muchos autores se basan para ello en su simple desarrollo histórico. A continuación mencionare métodos fundamentales de la terapia de conducta:

  1. Métodos de confrontación: El centro de la confrontación lo constituyen las situaciones problemáticas a las que debe enfrentarse el paciente. “Situación” puede referirse, en este caso, a características físicas explícitas, a procesos cognitivos, a circunstancias somaticofisiológicas o a una combinación de los distintos planos.
  1. Métodos operantes: Estos métodos fueron sistematizados por Thorndike y, más tarde, elaborados y precisados por Skinner, Ferster y Skinner.

Según los principios operantes, en el diagnóstico se busca, de un lado, la puntualización de la conducta (variable dependiente), y de otro, el análisis de aquellas variables (variable independiente) que varían con la conducta. La probabilidad de una conducta vendrá determinada por sus consecuencias. Estas estrategias resultan, por tanto, muy oportunas, cuando el problema de un paciente debe cambiar, en relación con su frecuencia.

Los métodos operantes pueden distribuirse en: a) métodos para el montaje o incremento de la conducta; b) métodos para la reducción y debilitamiento de la conducta; c) métodos del manejo de contingencias.

a) Métodos para el montaje o incremento de la conducta

La gran técnica en este campo es el reforzamiento positivo. El principio fundamental de su empleo sería el de variar la situación de modo que las consecuencias positivas sigan contingentes, es decir, inmediatamente después de la conducta deseada. Para ello, se reorganizan los reforzadores efectivos ya existentes en el entorno natural, según el plan de tratamiento, o se introducen otros nuevos bajo un control estricto. El control continuado es necesario, porque siempre resulta difícil determinar, si los cambios provienen de los reforzadores o de cualquier otra variable. Se necesita, pues, un proceso concomitante de diferenciación de resultados.

b) Métodos para la reducción y debilitamiento de la conducta

Este tipo de métodos operantes tiene una gran aplicación, cuando existe un “exceso” en la conducta, bien sea por frecuencia, intensidad o duración. La técnica más usual es el castigo, que según la mayoría de los psicólogos, sólo debería usarse, cuando no haya otras alternativas. Su aplicación adecuada supone el reforzamiento positivo de una conducta incompatible con la conducta castigada. Al aplicarlo, se han de tomar en cuenta sus efectos, para evitarlos. Sin embargo, el castigo puede tener un efecto discriminativo importante, porque indicaría, al momento, qué conductas no están permitidas.

La extinción operante se refiere a una reducción en la frecuencia de la respuesta que sigue a la retirada de reforzamiento.

El tiempo fuera, time out, puede calificarse como un aislamiento social contingente. El sujeto, tras una conducta falsa, queda introducido en una situación que excluye cualquier forma de reforzamiento positivo. Conviene anunciar el aislamiento con señales verbales o no-verbales y nunca debe emplearse, cuando la situación de la que sale el individuo es más desagradable que la del aislamiento, porque el individuo usaría entonces el tiempo fuera como una conducta de evitación.

El costo de respuesta, es como castigar con la perdida de reforzadores. Elliott y Tighe emplearon esta técnica en la reducción del tabaquismo. Los participantes en el programa perdían por cada cigarrillo fumado una considerable cantidad de dinero, que podían recuperar, si dejaban de fumar durante un periodo acordado con anterioridad. Los autores hablan de 84% de reducción en el consumo de tabaco, pasadas 16 semanas.

c) Métodos del manejo de contingencias

Estos métodos se refieren a la introducción o retirada de estímulos positivos o aversivos, según sea el caso. Pueden llevarlo a cabo el terapeuta, las personas del entorno natural o el propio paciente por medio del autocontrol.

El sistema de economía de fichas, es el resultado de la búsqueda de unos reforzadores adecuados, para ser aplicados al momento, con vistas a alcanzar la meta final deseada. Son reforzadores condicionados generalizados. Son objetos, puntos, fichas, monedas, etc., que pueden intercambiarse, pasado un tiempo, con los verdaderos reforzadores.

Referencia: Castañedo, Celedonio. “Seis enfoques terapéuticos” Terapia conductual. 2da. Edición. Manual Moderno. México. 2008. Págs. 452.

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