Origen de la neuropsicología infantil

neuropsicología

La neuropsicología que comenzó con Broca en el siglo XIX, y continuó durante principios del siglo XX, estuvo casi exclusivamente dedicada al estudio del cerebro del adulto; no obstante, hubo algunos acercamientos al estudio de los efectos de las lesiones cerebrales en los niños así como a los problemas de origen congénito. Principalmente se atendió el trastorno del lenguaje subsecuente a una lesión cerebral o afasia infantil, estuviera ésta o no asociada a una hemiplejia. En efecto, los primeros trabajos sobre este tema aparecieron a mediados del siglo XIX, aproximadamente una década después de la exposición de Broca. Estas publicaciones estuvieron orientadas principalmente a: distinguir entre los niños con problemas de lenguaje que presentaban a la vez su inteligencia alterada y aquellos cuya inteligencia se encontraba preservada; diferenciar los trastornos de lenguaje de origen congénito de aquellos subsecuentes a una lesión cerebral ocurrida en la niñez después de adquirido el lenguaje, y comprender la ontogénesis del lenguaje, el establecimiento de la dominancia hemisférica y la posibilidad de una reorganización cerebral en la infancia después de ocurrida una lesión cerebral.

A  finales del siglo XIX quedó establecida la diferencia entre los problemas de lenguaje debidos a trastornos intelectuales y aquellos ocurridos de manera independiente. Asimismo se marcó la diferencia entre las características de la afasia infantil y aquella del adulto y lo transitorio de este trastorno.

Durante la primera mitad del siglo XX aparece por primera vez el término de afasia adqui- rida contrastándola con la afasia congénita, se continua indagando las di- ferencias entre la afasia infantil y aquella del adulto.

Origen de la neuropsicología infantil

El surgimiento del estudio del trastorno en la lectura fue un tanto diferente ya que inició, a diferencia del trastorno de lenguaje, por el reconocimiento de la ceguera verbal congénita; un problema para aprender a leer en la población infantil y no como consecuencia de una lesión aguda en el cerebro adulto. Este síndrome fue reconocido por primera vez por William Pringle Morgan en 1896 quien publicó el caso de un jovencito que si bien estuvo sometido al aprendizaje formal de la lectura desde la edad de 7 años, a los 14 años apenas podía leer letras aisladas y algunas palabras simples con dificultad.

En Estados Unidos de America (EUA), el neuropatólogo Samuel Torrey Orton publicó en 1937 su libro Reading, Writing and Spelling Problems in Children en el que propone que la habilidad para leer implica la participación de áreas cerebrales adicionales a la región angular propuesta por Hinshelwood. También, Orton propuso que la dominancia cerebral hemisférica es relevante en el aprendizaje de la lectura y que los niños con dislexia, al carecer de dominancia hemisférica normal, no pueden establecer cerebralmente la asociación entre los estímulos visuales de las palabras y su correspondiente representación oral.

Probablemente esta segunda línea que analiza los trastornos de desarrollo, constituye un cimiento más específico de la neuropsicología infantil, ya que a partir de estos estudios se observa un interés creciente, a mitad del siglo XX, por comprender las bases biológicas de los problemas de aprendizaje. En 1962, Samuel Kirk utiliza el término problemas de aprendizaje para referirse a un retraso o trastorno en el desarrollo del habla, lenguaje, lectura, escritura o habilidades matemáticas resultante de disfunciones cerebrales o problemas emocionales.

Los problemas en el aprendizaje de la lectura, la escritura y el cálculo se comenzaron a designar con los términos dislexia, disgrafía y discalculia de desarrollo en los años 60 y 70 del siglo pasado, aun cuando en la literatura  psicoeducativa frecuentemente se continúa hablando de problemas específicos de aprendizaje. El término dislexia fue sistematizado en 1969 por el neurólogo inglés MacDonald Critchley, y el término discalculia fue introducido por el psicólogo checo Ladislav Kosc en 1974.

Una tercera línea corresponde al estudio del retraso mental. Hacia mediados del siglo XX, el neuropsiquiatra Alfred Strauss y el psicólogo evolutivo Heinz Werner se interesaron por determinar las bases cerebrales del retardo mental e identificaron dos grupos: el retardo mental exógeno asociado con daño cerebral, y el retardo mental endógeno, considerado como un retraso de tipo familiar. Las ideas de Strauss y Werner fueron continuadas por William Cruicks- hank quien comenzó a trabajar con niños con parálisis cerebral e introdujo en 1961 el concepto de trastorno atencional con hiperactividad.

Referencia: Rosselli, Mónica. “Neuropsicología del desarrollo infantil”. Editorial El Manual Moderno, Mèxico. 2010. Pág. 6.

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