Pasos para realizar una evaluación infantil

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La evaluación de problemas infantiles sigue aproximadamente un patrón secuencial de procedimientos establecidos para la recogida de información. Después de que se envía al niño para ser evaluado, la primera etapa consiste, generalmente, en escuchar a los padres.

Primera etapa de la evaluación infantil

La entrevista con los padres es útil para obtener datos, además de proporcionar también al evaluador una excelente oportunidad para observar el patrón de interacción de los padres y la concordancia entre ellos con respecto al problema.

Si por alguna razón no fuera posible entrevistar a los padres juntos, se deben realizar entrevistas separadas, ya que es imprescindible la recogida de datos a partir de ambos padres (madre y padre). En el caso de que existan otras personas de la familia implicadas directamente en el problema, como tíos, abuelos o hermanos adultos, se les podrá oír en sesiones posteriores.

En esta primera etapa, el terapeuta debe establecer el contrato con los padres (se realizara una breve evaluación y se le enviara a tratamiento o bien podrá llevarse a cabo el tratamiento al final de la evaluación completa). Se deberá informar a los padres sobre cual será el tiempo promedio del periodo de evaluación, lo que esta implicara (sesiones con el niño, más sesiones con los padres, entrevista con la escuela, evaluación medica, etc.) y que el resultado de la evaluación se discutirá con ellos, así como el plan de tratamiento propuesto.

Segunda etapa

La segunda etapa consiste en “ver y escuchar al niño”. Las sesiones con el niño tienen por objetivo observarlo en la situación de interacción directa con el evaluador, como se comporta y lo que dice respecto al problema que le acontece.

A pesar de que el contrato de evaluación se establece principalmente con los padres, el niño debe estar de acuerdo con el. Así, el terapeuta debe explicar al niño lo que implicara su evaluación, deberá comunicarle los contactos con la escuela y las entrevistas con los padres y familiares y, siempre que sea posible, comentarle lo que se dirá a los padres o los profesores.

Estas conductas del evaluador suelen aumentar la adhesión del niño al proceso de evaluación y tratamiento, al hacerlo participe de las decisiones que implican su mejoría.

Tercera etapa

La tercera etapa consiste en “visitar la escuela y escuchar a los profesores”. El contacto personal del evaluador con la escuela es muy importante. Siempre que sea posible, el terapeuta debe realizar una entrevista con los profesores en la propia escuela para que pueda observar también su estructura física, su esquema de funcionamiento y las interacciones entre profesores y niños. En la entrevista con los profesores, se pide que rellenen instrumentos de evaluación, así como registros del comportamiento, que luego pueden ser enviados al terapeuta. El contacto directo con la escuela facilita también el contrato de la observación directa, en el caso de que sea necesario. El terapeuta tendrá la oportunidad de explicar el procedimiento de observación, presentar al observador y obtener el consentimiento para su realización.

Con todos los datos anteriores, el terapeuta posee las condiciones para elaborar su comprensión diagnostica del caso y una propuesta de tratamiento.

Cuarta etapa

Esta es la cuarta etapa e implica “analizar funcionalmente el problema”. El terapeuta tiene ahora la tarea de formular una hipótesis explicando sobre la ocurrencia del problema y delinear las estrategias que tienen mayor probabilidad de producir un resultado satisfactorio en el menor tiempo posible.

Quinta etapa

La quinta y última etapa de evaluación consiste en hablar con los padres. Se llamará a los padres para que escuchen el resultado de la evaluación y la prescripción del tratamiento. El  terapeuta tendrá la función de explicar a los padres lo que él ha entendido sobre las razones por las que su hijo está actuando y lo que se puede hacer al respecto.

En esta etapa se envía el caso para tratamiento con otro profesional de la salud mental en el supuesto de que el evaluador no pueda, por alguna razón, realizar por él mismo la intervención con el niño.

En el caso de que esto si sea posible, debe establecerse entonces el contrato de tratamiento, en el que se explicara el funcionamiento de la terapia: objetivos, responsabilidades de cada persona en el proceso (niño, padre, terapeuta), el secreto profesional que será estrictamente confidencial entre el terapeuta y el niño, también se explicara cómo se intercambiaran informaciones entre las personas participantes en el tratamiento y los aspectos formales de la terapia (día, hora, frecuencia, forma de pago, contrato terapéutico, entre otras).

Referencia: Caballo, Vicente E. “Manual  para la evaluación de los trastornos psicológicos” © Ediciones Pirámide Grupo Anaya, S. A. Madrid, España. 2006. Pág. 445

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