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Pedófilos: ¿Qué ocurre en la mente de estas personas?

19 octubre, 2018
Pedófilos

Un pedófilo es una persona que siente atracción sexual hacia niños a continuación se explica un breve caso de un pedófilo:

Cristóbal está casado, tiene dos hijos varones con los que es muy estricto y moralista; no le gusta, por ejemplo, que se vistan con estética okupa. Pero tiene un secreto muy bien guardado que nadie conoce. Le gusta ir al parque a mirar a las niñas pequeñas. Nunca les ha hecho daño. Es más, en la mayoría de ocasiones ni siquiera intenta hablar con ellas, se limita a sentarse lo más cerca que puede y a observar sus juegos. Si alcanza a ver su ropa interior experimenta una excitación intensa, que es capaz de controlar. Alguna vez, no obstante, se ha puesto a jugar con ellas y las ha “ayudado” a subir o bajar del columpio o del tobogán. Una vez vino una madre y se llevo la niña de mala manera, seguramente porque sospechó algo extraño en la conducta del paciente. Es consumidor habitual de pornografía en la que aparecen menores. Utiliza estas visiones para excitarse antes de tener relaciones con su mujer. De hecho, no puede tener relaciones si no es imaginándose que las tiene con las niñas a las que ha observado en el parque. Alguna vez ha intentado pensar en otra cosa, pero entonces no consigue la excitación suficiente para alcanzar el orgasmo. Si desea alcanzar el clímax, ha de pensar en esas niñas.

Pedófilos

La característica fundamental de la «pedofilia» radica en actividades (o fantasías) sexuales con niños prepúberes (generalmente de 13 o menos años de edad). Las personas que presentan pedofilia declaran sentirse atraídas por los niños dentro de un margen de edad particular. Algunos individuos prefieren a los niños; otros a las niñas y otros a ambos. Los que se sienten atraídos por las niñas generalmente las prefieren entre los 8-10 años, mientras que quienes se sienten atraídos por los niños los prefieren algo mayores. La pedofilia que afecta a las niñas como víctimas es mucho más frecuente que la que afecta a los niños. Algunos individuos con pedofilia solo se sienten atraídos por niños (tipo “exclusivo”), mientras que otros se sienten atraídos a veces por adultos (tipo “no exclusivo”).

La mayoría de quienes presentan este trastorno pueden limitar su actividad en cierta medida y, entonces, se limitan a desnudarlos, observarlos, exponerse frente a ellos, masturbarse en su presencia o acariciarlos y tocarlos suavemente. Otros, sin embargo, efectúan actos más virulentos (penetraciones, felaciones, etcétera) utilizando diversos grados de fuerza para conseguir estos fines.

El paciente puede justificarse a sí mismo diciendo que el niño lo ha provocado o que el niño ha experimentado placer. Los individuos pueden limitar sus actividades a sus propios hijos, a los ahijados o a los familiares, o pueden hacer víctimas a niños de otras familias. Muchos pedófilos heterosexuales están casados. No es extraño que la víctima forme parte del entorno del victimario. Algunas personas con este trastorno amenazan a los niños para impedir que hablen. Otros, particularmente quienes lo hacen con frecuencia, desarrollan técnicas complicadas para tener acceso a los niños, como ganarse la confianza de la madre, casarse con una mujer que tenga un niño atractivo, etcétera. Excepto en los casos de asociación con el “sadismo sexual”, el individuo puede ser muy atento con las necesidades del niño con el fin de ganarse su afecto, interés o lealtad e impedir que lo cuente a los demás.

El trastorno empieza por lo general en la adolescencia, aunque algunos individuos manifiestan que no llegaron a sentirse atraídos por los niños hasta la edad intermedia de la vida. Según los criterios del DSM-5 (APA, 2013) el  individuo con este  trastorno  debe tener 16 años o más y ha de ser por lo menos cinco años mayor que el niño. Además de las especificaciones ya citadas (tipos “exclusivo” o “no exclusivo”) se puede especificar si se trata de un sujeto atraído por niños, por niñas o por ambos, así como si la parafilia se limita a conductas incestuosas.

La frecuencia del comportamiento pedofílico fluctúa a menudo con el estrés psicosocial. El curso es habitualmente crónico, en especial en quienes se sienten atraídos por los individuos del mismo sexo.

Si el sujeto presenta pedofilia y «trastorno antisocial de la personalidad» se da una combinación de condiciones especialmente peligrosa. La falta de sentimiento de culpa y de empatía del psicópata, junto con su impulsividad, lo convierten en una amenaza grave para la integridad de los menores a los que se acerca con propósitos sexuales.

No debe confundirse la pedofilia con los pensamientos de carácter intrusivo que algunos pacientes con “trastorno obsesivo-compulsivo” pueden presentar con respecto a conductas sexuales relacionadas con menores. En el caso del TOC estas ideas son vividas con desagrado (egodistónicas), ansiedad y desaprobación moral. Y nunca se verifican en la práctica.

Referencia: Adolfo Jarne Esparcia Antoni Talarn Caparrós (Compiladores)”Manual de psicopatología clínica” 2.ª edición actualizada. Pág 170.

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