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Pioneros de la terapia de juego

3 julio, 2019
Pioneros de la terapia de juego

Entre los pioneros de la terapia de juego esta Hermine Hug-Hellmuth quien fue la primera psicoanalista que desarrolló técnicas distintas para el psicoanálisis infantil de los métodos para adultos. Hug-Hellmuth hizo observaciones directas de niños, incluyendo su juego, y presentó su primer artículo a la Sociedad Psicoanalítica en 1913. Después publicó una monografía en la que integraba la teoría freudiana de la sexualidad infantil. Aunque se suele citar como el primer registro de la terapia de juego, en realidad sólo describe sus observaciones de niños y sus conclusiones teóricas acerca de su juego.

En un artículo posterior, “On the Technique of Child Analysis”, publicado en 1921, Hug-Hellmuth describió cómo el juego se podía emplear para comprender mejor los síntomas del niño y establecer una relación, se dio cuenta del carácter simbólico del juego, lo que permite al niño comunicarse sin palabras. Aunque Hug-Hellmuth no inventó la terapia de juego, su trabajo sin duda representa el prototipo que guió a Melanie Klein y Anna Freud para desarrollar sus modelos de terapia de juego.

Pioneros de la terapia de juego

Melanie Klein

La obra de Melanie Klein sobre psicoanálisis de niños estuvo inspirada, al principio, en los escritos de Freud y, después, en su analista, Sandor Ferenczi. A diferencia de otros analistas, Klein pensaba que los niños pequeños tenían la capacidad de introspección. En su modelo, que llamó técnica de juego psicoanalítico o análisis del juego, es esencial la interpretación del juego y el significado simbólico de los juguetes. Los juguetes que encontró más adecuados para el análisis eran pequeños, sencillos y no mecánicos, pues permitían que el niño proyectara sus propios sentidos en ellos. Ella trabajaba en sesiones de 50 minutos exactos, a una razón de cinco sesiones por semana. Empezaba a hacer interpretaciones desde la primera sesión y observaba que los niños respondían con expresiones de alivio, las cuales indicaban una reducción de la ansiedad de ese momento.

En ocasiones, los niños que habían mejorado al principio empezaban a tener más actuaciones conforme el análisis continuaba y elaboraban conflictos más difíciles. Cuando compartía sus interpretaciones con los niños, Klein usaba expresiones o símbolos de los propios niños en el contexto de lo que jugaban. Pensaba que el juego proporciona un desahogo en la medida en que en él se expresen deseos y sentimientos inaceptables.

Klein se sentía cómoda analizando tanto la transferencia positiva como la negativa. Permitía que los niños le asignaran el papel de niño y la castigaran mientras ellos asumían el papel de figura de autoridad. Para mantener su integridad, ella ponía límites a la agresión, pero aceptaba los impulsos agresivos e interpretaba la motivación subyacente en la transferencia negativa. Explorar tan profundamente el inconsciente del niño, dado que el superyó aún no estaba desarrollado por completo, causaba cierta preocupación. Basada en sus observaciones con niños muy pequeños y bebés, Klein argumentaba que el superyó surgía desde mucho antes de lo que se pensaba. Desde muy temprano, el bebé introyecta un objeto bueno y un objeto malo. En este último se proyecta un superyó intimidante y severo, que con frecuencia se observa en el juego agresivo y punitivo de los niños pequeños. Klein contó con el apoyo de sus alumnos y seguidores en Inglaterra, entre los que se encontraba Donald Winnicott, quien se unió a la escuela de las relaciones objetales, punto intermedio entre las teorías de Freud y Klein.

Margaret Lowenfeld

Otra pionera de la terapia de juego fue Margaret Lowenfeld, quien comenzó su carrera en la pediatría antes de dedicarse a la práctica privada y establecer una clínica en Londres. Sus influencias en relación con la importancia del juego fueron Piaget, los educadores progresistas Froebel y Montessori, y los teóricos del desarrollo infantil. Cuando inauguró su clínica en 1928, Lowenfeld se inspiró en el libro de H. G. Wells Floor Games, en el que el autor describe sus juegos con sus dos hijos, en los que creaban diferentes escenas con miniaturas y otros materiales pequeños en el piso de su sala de estar; comenzó a reunir pequeños juguetes y materiales de juego para sus sesiones con niños y los guardaba en lo que llegó a conocerse como la “caja mágica”.

Después de instalarse en una clínica más grande, agregó a sus materiales dos contenedores, uno con agua y otro con arena, y contó con un armario más grande para guardar sus miniaturas. Los niños pronto tomaban miniaturas del armario y las colocaban en el arenero, y llamaban “mundos” a sus construcciones. Este ambiente creado por los niños se denominó “la técnica de los mundos”. Cuando los niños llegaban a la clínica, se les decía que podían jugar con cualquier material del consultorio y que lo que decidieran decir o jugar no se les comunicaría a sus padres. Lowenfeld pensaba que los niños encontrarían la manera de dar sentido a su mundo y experiencias personales proporcionándoles los juguetes y materiales adecuados. El papel del profesional era observar y seguir el juego del niño, incluyendo la creación de mundos, sin entrometerse, dar instrucciones ni hacer interpretaciones. En esta técnica era más importante el proceso cognitivo del niño que la relación con él

Aunque la técnica de los mundos es central en su trabajo y su uso se generalizó, Lowenfeld también publicó investigaciones que contribuyeron al estudio del desarrollo y el juego infantil. La clínica creció y cambió su nombre a Institute of Child Psychology, donde se ofrecen oportunidades de aprendizaje para muchos estudiantes.

Referencia: O’Connor, Kevin J. (2017)  Manual de terapia de juego. 2a. edición. –- Ciudad de México : EditorialEl Manual Moderno, 2017. Pág. 17

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