Porque los niños tienen miedo

miedo en niños
Sinopsis:
Fritz Perls creador de la terapia Gestalt menciona que cada persona tiene tres zonas en las que se mueve; la zona interna que corresponde a las sensaciones corporales propioceptivas y a la percepción de los sentimientos. La zona externa, es la que nos pone en contacto con el mundo mediante los cinco sentidos. La tercera zona es la intermedia o de la Fantasía. En esta se ubica el pensamiento intelectual, la capacidad de razonar y de racionalizar, así como la capacidad de fantasear. Estas tres zonas se desarrollan durante el proceso de desarrollo psicogenético.En el caso de los niños la primera zona en desarrollo es la zona interna ya que proyecta sus vivencias internas y se siente inmerso en ellas. El sentir hambre o frio es una reacción total que lo involucra a él y a todo su ambiente. De esta manera cuando su Zona Interna le avisa que existe algún desequilibrio, la única forma que tiene en este momento de solucionarlo es por medio del apoyo externo: sea de su madre o quien cumpla esta función.

Como la satisfacción de las necesidades no siempre es inmediata, entonces el niño tiene que recurrir a un mecanismo intermedio que le permita mitigar la ansiedad: la fantasía. 

De esta manera surge la zona intermedia que es la primera utilización que el niño adquiere para satisfacerse y lograr su equilibrio homeostático, aunque sea temporalmente; la fantasía cumple no sólo esta función, sino también ayuda al niño en su proceso de maduración psicológica, ayudándole a integrar tanto sus procesos internos como también a los objetos externos.

A través de la maduración cortical, el niño va desarrollando la capacidad de percibir los objetos como algo independiente de él, y de esta manera se va convirtiendo en un sujeto capaz de diferenciar la realidad. Durante toda la vida estas tres zonas deben mantener un equilibrio a fin de que la persona conserve la estabilidad emocional y psíquica.


Desarrollo: 
Me parece importante diferenciar las categorías miedo, fobia, pánico y angustia.

El miedo “es la respuesta afectiva a un peligro externo, real y actual y desaparece cuando se elimina la situación amenazadora, ya sea porque escapa de ella”. De manera que el miedo está ligado ante un objeto por el que él reacciona. En el miedo siempre interviene un objeto o situación que se vuelve una amenaza real o fantaseada por el niño. Un ejemplo de miedo puede ser que el niño le tenga miedo a las inyecciones.

La fobia “es una reacción defensora en la cual la persona, en un intento de manejar su angustia, la desliga de una idea, objeto o situación específicos de su vida cotidiana, y la desplaza en forma de un miedo neurótico específico hacia una idea, objeto o situación asociados a la primera idea. Aunque la persona reconozca conscientemente que no existe peligro real, al exponerse al objeto o situación fóbica no puede evitar una intensa sensación de miedo.” Las fobias se pueden diferenciar del miedo porque en las primeras, la angustia es intolerable y lleva al sujeto a actuar irracionalmente, teniendo como único fin evitar el objeto fóbico.

El pánico “es un estado de angustia intensa que produce la desorganización de las funciones del yo… no sólo es un grado intenso de miedo, sino un miedo basado en una tensión prolongada, con un clímax súbito, que se caracteriza por miedo, inseguridad extrema, tendencia hacia la proyección y la desorganización.”

A diferencia de la fobia y el miedo, en el pánico se llega a una situación tan extrema que produce la desintegración del yo, porque los mecanismos que protegen al yo no han sido suficientes. La situación de pánico puede generarse en situaciones de desastre, como los niños que han vivido situaciones de guerra, temblores, etc.

Angustia:

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La angustia es un componente común a los efectos de miedo, fobia o pánico. Aunque se encuentra presente en diferentes grados de intensidad. La angustia “se considera, en general, como un estado de tensión que revela la posibilidad de un desastre: inminente, como una señal de peligro que nace de la presión de actitudes internas inaceptables, que surgen a la conciencia o en forma de acción, con las consecuentes respuestas de la personalidad individual o de la sociedad a dicha interrupción.”

En el niño hay una época específica entre los 5 y 7 años en que predomina la fantasía. Imagina monstruos y seres fantásticos que se reflejan en terrores nocturnos. Para el niño es aún difícil separar la fantasía de la realidad. Las barreras entre estas dos son muy lábiles, por lo que aquello que el niño ve u oye lo cree fácilmente y lo acrecienta en su imaginación.

Los niños sufren miedos más aún de lo que podemos imaginar. Son muchas las cosas que el niño teme y que no es capaz de expresar, pues las palabras a veces no le alcanzan.
Otra fuente generadora de temor en los niños es la emocional, porque el niño depende en todo de sus padres, teme el abandono, tanto físico como emocional. En especial este último. Pues para el niño es avasalladora la posibilidad de que sus padres lo dejen de querer.

Proceso Terapéutico para afrontar el Miedo: 
Cuando el motivo de consulta es el miedo, el proceso terapéutico debe enfocarse primero a establecer la confianza y tratar de mitigar la angustia. Cuando el yo esté más liberado y fortalecido, entonces se trabaja directamente la situación que produce temor.

El primer paso es entrar en contacto con sentimientos que normalmente no se expresan en relación con el miedo, pues la actitud de los mayores es tratar de racionalizar el miedo y hacerle ver al niño que no existe razón de temer. Por el contrario, como terapeutas, facilitamos la posibilidad de que se enfrente y haga contacto con ese objeto o idea fóbico.
Posteriormente se trata que se vayan descubriendo los sentimientos que están relacionados con éste, así como de ser posible la situación que lo originó. Esta graduación puede hacerse primero con la fantasía, de manera que poco a poco el niño se vaya permitiendo el encuentro con aquello que precisamente desea evitar, y luego se pueden utilizar técnicas vivenciales más directas. En todo el proceso es necesario recordarle al niño que no se encuentra solo, que estamos con él.
Por último ayudamos al niño a que encuentre otra forma de expresar sus sentimientos, de manera que tenga mayores alternativas de comportamiento.

El caso de Tomás 
Tomás, de 7 años, desarrolló miedo irracional a quedarse solo en casa o con su mamá. Cada vez que su papá tenía que salir a algún lado, aunque fuera a trabajar, Tomás insistía en acompañarlo, evitando así quedarse solo con su mamá.
El origen de este temor era muy obvio para la familia. La mamá de Tomás tuvo un embarazo extrauterino. En el momento en que sobrevino la gravedad, ella se desmayó y Tomás, que estaba solo con ella en casa, no supo que hacer. Sintió que su mamá estaba muerta, pues no contestaba cuando él la llamaba. Sólo la veía allí, tendida en el suelo. Luego la mamá pudo recuperar el conocimiento y llegar a hasta la cama, donde por segunda vez perdió el conocimiento, y así fue llevada al hospital. Al regresar unos días después, Tomás supo que ya no iba a tener un hermanito. De alguna manera su temor no era infundado,. Había habido una pérdida.

Después de varias sesiones en que Tomás fue adquiriendo confianza y que la angustia era más controlable, le pedí que hiciera un dibujo de su mamá. La dibujó acostada en la cama “como muerta”. Al hablar de esto mostró mucha ansiedad. Pudo hablar entonces sobre su temor a que la mamá hubiera muerto, de su impotencia, de que él no hubiera podido hacer nada, de que no había quien le ayudara. A través del dibujo estableció un diálogo con la mamá y el papá, en el que pudo expresar cómo se sintió en ese momento, así como el temor a que “algo” pasara al quedarse nuevamente solo con la mamá.

Posteriormente empezamos a ver qué alternativas había de pedir ayuda, y él pudo descubrir varias: como ir rápido a casa de los vecinos, llamar por teléfono a casa de sus abuelos. De esta manera descubrió que en realidad él puede actuar ante una situación de peligro, no bloqueándose. Luego siguió haciendo dibujos sobre su familia, y finalmente dibujó a su mamá, como es siempre ella: alegre y jugando con él.

De esta manera: Tomás entró primero en contacto con su miedo, pudo encontrar lo que había detrás de él así como alternativas para el futuro. Rompiendo al mismo tiempo con la fijación a una imagen negativa y recuperando los aspectos fuertes de su mamá y de él mismo.

Referencia:
Amescua Guadalupe (1997) “La magia de los niños”© Editorial Academia, 1997, La Habana Cuba

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