Porque necesitas dormir más   

Porque necesitas dormir más

La falta de sueño se ha convertido en una “epidemia mundial”. Por lo regular, entre la tercera parte y la mitad de todos los adultos no duermen lo suficiente, y el problema está empeorando: los estadounidenses dormían un promedio de ocho a 12 horas por la noche en la década de 1950, pero para la década de 1990 sólo dormían siete horas por la noche. En la década de 1980, más de una cuarta parte de los estadounidenses adultos dijeron que se sentían poco descansados por la mañana.

Porque necesitas dormir más  

Los problemas asociados con la falta de sueño no sólo se encuentran entre los adultos. Estimaciones recientes indican que los estudiantes de bachillerato y universidad promedian sólo alrededor de seis horas de sueño por noche, y un 30 por ciento de los estudiantes de bachillerato reportan que se quedan dormidos en clase alrededor de una vez a la semana. La falta de sueño entre los adolescentes también se considera como un factor que contribuye a la alta tasa de accidentes automovilísticos entre los jóvenes.

La investigación extensiva demuestra que perder una o dos horas de sueño cada noche, semana tras semana, mes tras mes, hace más difícil para la gente prestar atención (en especial a tareas monótonas) y recordar las cosas. El tiempo de reacción se hace más lento, la conducta se torna impredecible, el razonamiento lógico sufre mella, y los accidentes y errores de juicio se incrementan, a la vez que disminuyen la productividad y la habilidad para tomar decisiones.

Estos hallazgos tienen implicaciones importantes. Por ejemplo, los expertos estiman que la falta de sueño es un factor que interviene en 200,000 a 400,000 accidentes automovilísticos cada año, lo que arroja un saldo de aproximadamente 1,500 muertes. La investigación sugiere que conducir mientras se está adormilado es tan peligroso como conducir ebrio.

La privación de sueño también afecta de manera rutinaria el desempeño de quienes ocupan posiciones de alto riesgo, como los pilotos, el personal hospitalario y los operadores de plantas de energía nuclear, quienes a menudo tienen que tomar decisiones cruciales de manera repentina. Un ejemplo dramático de los efectos de la privación de sueño en la habilidad de afrontamiento es el accidente ocurrido en 1979 en la planta de energía nuclear en la Isla de Tres Millas, Pennsylvania, en el cual un error humano transformó un percance menor en un importante desastre nuclear.

La conciencia de la relación entre la privación de sueño y los accidentes ha dado lugar a cambios en los patrones de trabajo de la gente, cuyos empleos pueden tener consecuencias de vida y muerte. Por desgracia, la gente no siempre sabe cuándo no está durmiendo lo suficiente.

En un estudio reciente realizado por el Consejo Nacional de Seguridad en el Transporte, en Estados Unidos, la mayoría de los conductores de camiones que estuvieron implicados en accidentes que fueron un claro resultado de que se quedaron dormidos al volante afirmaron que se sentían descansados en el momento. En un estudio de laboratorio, un grupo de estudiantes universitarios saludables que dormían de siete a ocho horas por la noche no mostraban signos aparentes de privación de sueño. Pero un 20 por ciento de ellos se quedaban dormidos de inmediato cuando se les colocaba en una habitación oscura, un síntoma de la falta crónica de sueño. Otro grupo se fue a la cama de 60 a 90 minutos antes de su horario normal durante cierto tiempo. Estos estudiantes reportaron que se sentían mucho más vigorosos y alertas; de hecho tuvieron un desempeño significativamente mejor en pruebas de agudeza psicológica y mental.

De acuerdo con el reconocido investigador del sueño, el doctor William Dement, una forma de reducir el déficit de sueño es dormir siestas cortas. Por desgracia, mientras que en muchas culturas la tarde es vista como el momento de la siesta, nosotros solemos tomar una taza de café para mantenernos despiertos. Los estudios han demostrado que incluso una siesta corta de 20 minutos incrementa de manera moderada el estado de alerta, reduce la irritabilidad y mejora la eficiencia; mientras que las siestas de una hora muestran incrementos más marcados en el desempeño.

Referencia: Morris, G. Charles. “Psicología” Decimotercera edición. Editorial Pearson. México. 2009. Pág. 156

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