Reseña histórica de la psicoterapia infantil

psicoterapia infantil

La psicoterapia infantil de los problemas emocionales que se presentan en la infancia, tiene como origen los métodos utilizados al inicio del psicoanálisis; el cual surge con Freud a finales del siglo XIX. Con base en la Teoría Psicoanalítica, Freud desarrolló una serie de técnicas de tratamiento con pacientes adultos neuróticos, principalmente con mujeres que padecían de histeria. Esta corriente teórica postulaba que la conducta obedecía a motivaciones inconscientes y la enfermedad mental se debía a fallas en la estructuración del aparato psíquico (Ello, Yo y Superyó).

Esto implicaba ofrecer un tratamiento con el que fuera posible acceder al material reprimido en el inconsciente; de manera que los conflictos del pasado se pudieran elaborar con el fin de curar al individuo de los males que le aquejaban.

Las principales técnicas que la psicoterapia psicoanalítica utilizó para llegar al material reprimido y de este modo lograr sus objetivos de acceder al inconsciente fueron: la asociación libre, la interpretación de los sueños y los lapsus lingue. Mediante estos métodos, el paciente era capaz de actualizar el conflicto, ponerlo en palabras e ir en camino hacia la cura.

Con este pequeño bosquejo es posible darse cuenta que Freud, aun cuando puso en un papel primordial el desarrollo intrapsíquico y por primera vez se consideró a la infancia como un periodo crítico del desarrollo del individuo, no desarrolló una técnica para el tratamiento de los problemas que aquejaban a los infantes.

El inicio de la psicoterapia infantil

Contribuciones de Freud Dentro de las obras de Freud sobre el desarrollo y conflictos de la infancia destacan, Análisis de la fobia de un niño de cinco años (1909), Tres ensayos sobre la teoría sexual (1905), y Los dos principios del funcionamiento mental (1911).

En el primer texto, publicado posteriormente con el título de Historia de Juanito (1909), informó acerca de un tipo de psicoterapia infantil que todavía hoy se emplea, especialmente en niños pequeños; es decir el tratamiento del niño enfermo a través de sus padres. Freud vio al niño una sola vez, pero habló y mantuvo contacto epistolar con su padre, quien también era médico. Como era un observador atento e inteligente, le informaba periódicamente acerca del desarrollo y la conducta de su hijo, el cual presentaba una fobia a los caballos. De esta manera, Freud deducía sus consejos terapéuticos de la interpretación del comportamiento y de los juegos del niño (Bierman, 1973).

El propio Freud reconoció la importancia fundamental de los conocimientos de psicología profunda para la educación de los niños, pero no estaba preparado para deducir las correspondientes consecuencias terapéuticas. Si bien de manera esporádica llevó a cabo psicoterapias con menores, éstas le confirmaron sus teorías, deducidas retrospectivamente a partir de los análisis de adultos, en especial acerca de la sexualidad infantil (Bierman, 1973).

En 1908 aparecieron sus Tres ensayos sobre una teoría sexual, en los que postulaba una importante actividad sexual en el niño y definía una serie de fases en su desarrollo, que estaba caracterizada por diferentes zonas erógenas. Una etapa fundamental de esta evolución está marcada por el conflicto –al que llamó Complejo de Edipo– en la que se producen complejas relaciones de atracción y rechazo respecto a los propios padres; del éxito relativo en la superación del conflicto depende el desarrollo de una vida sexual normal, o bien, el de perversiones sexuales. A pesar del escándalo que provocaban sus teorías en esa época, a partir de 1900 se formó un grupo de investigadores y alumnos alrededor de él –el cual en 1908 se denominó Sociedad Psicoanalítica de Viena–, cuya vida estaría caracterizada por las rupturas y los cismas, en especial las de Adler y Jung. En 1916, publicó Introducción al psicoanálisis, obra en la que ampliaba y clarificaba su teoría al definir el Ello, el Superyó y el Yo, en los cuales se dirimía la relación entre los principios del placer y de realidad; aunque más tarde superpondría en parte a éstos el eros (principio de vida) y el thanatos (principio de muerte).

La segunda parte del libro sobre los Tres ensayos para una teoría sexual, consiste en una exposición de las variantes de la sexualidad infantil. La Teoría de la Libido, sirvió también para esclarecer el complejo de castración, la envidia del pene y finalmente la noción de estadio (oral, anal, fálico, genital), tomada de la biología evolucionista.

Consideraba que en la energía libidinal de las pulsiones sexuales se encuentra la base de las etapas de desarrollo que recorre el niño en el transcurso de su maduración. Cada una de esas facetas corresponde a la primacía de una zona erógena -sucesivamente oral, anal, fálica y genital- y determina un tipo particular de relación con el objeto que se vuelve a encontrar en el adulto. En 1900, en La interpretación de los sueños Freud propuso una diferenciación de tres niveles del aparato psíquico el Consciente, el Preconsciente y el Inconsciente. A partir de 1920, completó su teoría apelando a las nociones de Ello, de Yo y de Superyó. Estas nociones no serían ignoradas por ninguno de sus seguidores o detractores posteriores y marcaron todo el pensamiento científico, intelectual, cultural y cotidiano contemporáneo.

El tercer ensayo es un estudio de la pubertad, y por lo tanto del pasaje desde la sexualidad infantil a la sexualidad adulta, a través del Complejo de Edipo y la instauración de una elección de objeto basada en general en la diferencia de los sexos. A este texto se le sumó un capítulo sobre la libido, redactado en varias etapas entre 1905 y 1924. Allí expone la tesis del monismo sexual, subrayando que la libido es de naturaleza y esencia masculina. Esta tesis, propuesta en 1905 y desarrollada sobre todo en 1915, sería impugnada por los representantes de la escuela inglesa, en el marco del gran debate de la década de los veinte sobre la sexualidad femenina. A estas tres partes Freud añade una recapitulación, en la cual expone los efectos sobre la sexualidad de la represión, la herencia, la sublimación y la fijación (Rosak 2005).

La tesis que finalmente va del reconocimiento de una sexualidad infantil hasta su semejanza con la sexualidad adulta, la cual se va modificando a través de las sucesivas ediciones de los Tres ensayos para una teoría sexual, es aquella donde de acuerdo con una idea de tiempo cronológico, sitúa al niño Freud trasmitió su interés y conocimientos a sus discípulos, quienes en sus trabajos expresaron sus puntos de vista acerca de los problemas de la psicología infantil. Pronto se puso de manifiesto la importancia decisiva de los modelos parentales en la educación del niño.

La psicoterapia infantil se desarrolló en dos direcciones o escuelas: la vienesa y la suiza, las cuales en el primer peldaño de una escala evolutiva que madura hasta llegar a la edad adulta y se constituye definitivamente en el encuentro de un objeto apropiado a su sexo. Más allá del reconocimiento de una sexualidad infantil, Freud propone una idea diferente para entender lo que es un niño y, en definitiva, para pensar acerca de la constitución psíquica del sujeto.

Ninguna teoría acerca del funcionamiento y estructura de la mente ha ejercido tanta influencia ni ha adquirido un estatus tan preponderante como la doctrina psicoanalítica; sus categorías y explicaciones no tardaron en convertirse en núcleo de un modo radicalmente nuevo de entender la realidad psíquica que marcó de forma notable el siglo XX.

El psicoanálisis, que tanto en su teoría como en su práctica se ocupó de las perturbaciones y trastornos sufridos por los pacientes en su infancia, finalmente también se dedicó al tratamiento de las neurosis infantiles. Hasta aquí una breve reseña de la historia de la psicoterapia infantil.

Referencia: Fayne Esquivel y Ancona “Psicoterapia infantil con juego casos clínicos” reseña histórica de la psicoterapia infantil. Manual Moderno. México, México. Págs. 265

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