Teoría de las etapas cognoscitivas de Piaget

etapas cognoscitivas de Piaget

Nuestra comprensión de cómo piensan los niños se debe a la obra del teórico suizo Jean Piaget, cuya teoría de las etapas cognoscitivas es precursora de la “revolución cognoscitiva” actual, con su acento en los procesos mentales. Piaget, que se había educado como biólogo y filósofo, consideraba el desarrollo desde el ángulo organicista, como el producto del esfuerzo de los niños por entender y actuar en su mundo.

El método clínico de Piaget combinaba la observación con preguntas flexibles. Al preguntarse por qué los pequeños respondían a las preguntas de la manera en que lo hacían, se percató de que niños de las mismas edades cometían tipos similares de errores de lógica. De esta manera, descubrió que un niño común de cuatro años creía que monedas o flores eran más numerosas si se ponían en una fila que en un montón. A partir de observar a sus hijos y otros niños, Piaget creó una teoría general del desarrollo cognoscitivo.

Piaget propuso que el desarrollo cognoscitivo comienza con una capacidad innata de adaptarse al ambiente. Al girar la cabeza hacia el pezón, palpar un guijarro o explorar los límites de una habitación, los pequeños se forman una imagen más precisa de su entorno y mayor capacidad para manejarlo. Este crecimiento cognoscitivo ocurre a través de tres procesos relacionados: organización, adaptación y equilibración.

La organización es la tendencia a crear categorías, como “pájaros”, al
observar las características que tienen en común los individuos de una categoría, como gorriones y cardenales. Según Piaget, las personas crean estructuras cognoscitivas cada vez más complejas, llamadas esquemas, que son modos de organizar la información sobre el mundo, que gobiernan la forma en que los niños piensan y se conducen en una situación particular. A medida que los niños adquieren más información, sus esquemas adquieren mayor complejidad. Por ejemplo, tomemos el acto de succionar. Un recién nacido tiene un esquema simple para succionar, pero pronto forma esquemas variados sobre cómo succionar el pecho, una botella o el pulgar.

La adaptación es el término con que Piaget se refería a la forma en que los niños manejan la nueva información con base en lo que ya saben. La adaptación ocurre a través de dos procesos complementarios: 1) la asimilación, que implica tomar nueva información e incorporarla a las estructuras cognoscitivas previas, y 2) la acomodación, que consiste en ajustar las estructuras cognoscitivas para que acepten la nueva información. Volvamos al acto de succionar. Un bebé amamantado o alimentado con biberón que empieza a chupar la punta de un vaso entrenador muestra asimilación: usa un esquema previo para enfrentar una situación nueva. Cuando el lactante descubre que succionar del vaso requiere otros movimientos de la lengua y la boca, modifica el esquema anterior para acomodarse. Adapta su esquema original de succión para enfrentar una nueva experiencia: el vaso entrenador.

La equilibración (una lucha constante por alcanzar un balance estable) dicta el cambio de asimilación a acomodación. Cuando los niños no pueden manejar las nuevas experiencias en el contexto de las estructuras cognoscitivas previas, sufren un estado incómodo de desequilibración, como el bebé que trata de succionar el vaso entrenador igual que el pecho o el biberón. Al organizar nuevas pautas mentales y de conducta que integren la nueva experiencia (en este caso, el vaso entrenador), el niño restituye la equilibración. Así, asimilación y acomodación operan juntas para producir una equilibración. A lo largo de la vida, la búsqueda de la equilibración es el motor del crecimiento cognoscitivo.

Piaget sostenía que el desarrollo cognoscitivo ocurre en cuatro etapas universales y cualitativamente diferentes. Cada etapa surge en una época de desequilibración, en la que la mente del niño se adapta aprendiendo a pensar de otra manera o a modificar su forma de pensar. De la infancia a la adolescencia, las operaciones mentales evolucionan del aprendizaje basado en las actividades sensoriales y motrices simples hasta el pensamiento lógico abstracto.

Las observaciones de Piaget han dado mucha información y algunas nociones sorprendentes. Piaget demostró que la mente de los niños no es una mente de adulto en miniatura. Si padres y maestros saben cómo piensan los niños, pueden entenderlos con más facilidad. Su teoría aportó puntos de referencia aproximados sobre lo que cabe esperar de los niños a diversas edades y ha servido a los educadores para diseñar currículos apropiados a los niveles de desarrollo.

Sin embargo, parece que Piaget subestimó las capacidades de infantes y niños pequeños. Algunos psicólogos contemporáneos cuestionan sus etapas y aportan pruebas de que el desarrollo cognoscitivo es más gradual y continuo. Además, la investigación transcultural indica que el desempeño en tareas de razonamiento formal es una función tanto de la cultura como del desarrollo; personas de sociedades industrializadas que han participado en un sistema de educación formal muestran un mejor desempeño en esas tareas. Además, las investigaciones en adultos señalan que el enfoque de Piaget en la lógica formal, como el clímax del desarrollo cognoscitivo, es demasiado estrecho y no tiene en cuenta la aparición de capacidades maduras como la resolución de problemas, sabiduría y la capacidad de enfrentar situaciones ambiguas y verdades contradictorias.

Referencia: Diane E. Papalia. “Desarrollo humano” Duodécima edición. McGRAW-HILL/ Interamericana editores, s.a. de c.v. 2012. Mexico. Pàg 33.

Traducción: María Elena Ortiz Salinas, José Francisco Javier Dávila.

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