El trabajo de los terapeutas desde la terapia centrada en el cliente

terapeutas: Uno de los supuestos de la terapia centrada en el cliente de Carl Rogers es que en cada persona existe una fuerza activa que se esfuerza hacia la autorrealización, un deseo de ser “todo lo que tú puedes ser”. Cuando la personalidad humana se abre a un ambiente benigno da a estas fuerzas creativas un reinado libre y surge la naturaleza interna positiva del ser humano. La miseria humana y la patología, por el otro lado, son fomentadas por los ambientes que frustran las tendencias naturales del individuo hacia su propia realización.

Carl Rogers, uno de los líderes de la psicología humanista, utilizó la imagen que la persona tiene sobre sí misma como la pieza central de su perspectiva sobre la personalidad.

Rogers relacionó la capacidad de la persona para lograr el entendimiento de sí mismo y la autorrealización con respecto a su autoestima y la percepción que tiene de la aceptación por parte de los demás. Un adulto que cuando era niño se sintió querido y valorado es probable que tenga una imagen positiva de sí mismo, que los demás piensen bien de él y que tenga capacidad para su autorrealización. El ajuste óptimo da como resultado lo que Rogers llama la personalidad que funciona en su totalidad y que se caracteriza por un bajo nivel de ansiedad. La ansiedad se debe a la incomodidad o tensión que resulta de las incoherencias entre la percepción que tienen las personas de sí mismas y sus ideas con respecto de lo que les gustaría ser.

A pesar de que las formas en que conceptualizan la conducta contrastan de manera muy marcada, tanto Rogers como Freud desarrollaron sus posiciones teóricas con base en datos de observación similares: la conducta de los pacientes y de los terapeutas en la psicoterapia. Sin embargo, Rogers rechazó la noción psicoanalítica de que las personas son irracionales y antisociales por naturaleza. Por el contrario, afirmó que cada persona es básicamente racional, social y constructiva.

Para Rogers, la psicoterapia es una situación en la cual buscan ayuda las personas ansiosas o con problemas, que tienen poco respeto por sí mismas y una percepción distorsionada de ellos y del mundo. Afirma que las personas sanas son aquellas que se alejan de los papeles creados por las expectativas de los demás, es decir, que no pretenden ser lo que no son. En vez de ello, aprenden a confiar en sí mismas y rechazan los falsos yo que los demás han creado para ellas. Por otra parte, las personas neuróticas y psicóticas tienen un concepto de sí mismas que no concuerda con sus experiencias.

Temen aceptar sus propias experiencias como válidas, de manera que las distorsionan, ya sea para protegerse o para obtener la aprobación por parte de los demás. Un terapeuta puede ayudar a que abandonen estos falsos yo.

La labor de los terapeutas rogerianos

La labor de los terapeutas rogerianos no es proporcionar interpretaciones ni dar consejos: el terapeuta debe aceptar que los pacientes tienen el derecho al valor y la dignidad a pesar de sus problemas. Esta aceptación significa que el terapeuta debe comprender los sentimientos del paciente, sin importar lo positivo o negativo que sean o la forma en que se contrapongan a las propias actitudes del terapeuta.

Rogers creía que “no existe el conocimiento científico; sólo existen percepciones individuales de lo que parece ser ese conocimiento para cada quien”. Esta afirmación expresa el punto de vista humanista-existencialista de que la experiencia interna y una búsqueda del significado de la vida deben ser el centro de atención de la psicología.

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