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Trastorno bipolar: Estoy Seguro que mi hijo se convertirá en la santísima trinidad

29 octubre, 2018
Trastorno bipolar

Trastorno bipolar: Pablo, de 54 años, reside desde hace poco en una ciudad española grande. Acude a una consulta privada de psicología y explica a la psicóloga que se ha traslado a esa ciudad por cuestiones que, de momento, prefiere no desvelar. Se ha puesto en contacto con ella por consejo del Dr. X (un reconocido psiquiatra), que hasta hace poco lo atendía en su ciudad natal.

A lo largo de la primera entrevista, Pablo explica su historia y su situación actual. Durante todo el encuentro, la actitud del paciente es de colaboración y facilita todos los datos que se le piden, aunque lo hace de una manera desordenada y un tanto confusa; en algunos momentos, al clínico le parece que confunde datos pasados con actuales. Viene acompañado por su madre, quien va confirmando los datos aportados por él con movimientos de cabeza continuos. En algunos momentos, la madre añade información que Pablo desvirtúa, argumentando que es importante lo general no lo particular.

Está separado de su esposa desde hace diez años, con quien tiene tres hijos (dos chicas y un chico, de 25, 23 y 18 años de edad, respectivamente). La exmujer es representante de moda infantil y algunos meses, según explica Pablo, sus comisiones pueden llegar a «cifras de cuatro ceros». Desde hace casi veinte años Pablo no trabaja. Tuvo su propia empresa de carpintería, con treinta trabajadores a su cargo, hasta que cerró. Explica que tomaba anfetaminas para aguantar el ritmo de trabajo y que ganaba muchísimo dinero. Con los empleados siempre mantuvo una relación muy buena, de irse de copas juntos. En la actualidad, tiene concedida la «larga enfermedad», aunque en los últimos años ha montado diversos negocios con autónomos que trabajan para él en la rehabilitación de pisos. En general, los negocios iban bien hasta que, de repente, se quedaba sin proyectos. En otro momento de la entrevista afirma que los problemas empezaron porque los trabajadores no cumplían con sus obligaciones.

Pablo dice que desde los 35 años presenta un trastorno bipolar. Ha sido ingresado tres veces, la última hace siete años. Respecto al episodio maníaco que provocó el primer ingreso, relata que empezó con pensamientos optimistas de que encontraría una fórmula para levantar su empresa y que iba gastando mucho dinero sin darse cuenta. Creía que todos los pisos en venta de la ciudad eran propiedad suya y que los vendería. Ha sido un gran lector de la Biblia y quería cambiar el mundo (la redención de los muertos). De esta manera, «poco a poco, te vas metiendo en la imagen de Jesucristo, te crees que eres él». Condujo tres días y tres noches sin descansar, estaba convencido que se encontraría con Dios.

En el segundo episodio maníaco vuelve a conducir durante tres días y tres noches, pero esa vez se llevó consigo a su hijo, que entonces tenía 8 años, porque estaba convencido de que el fin del niño era convertirse en la Santísima Trinidad. Solo se detenía para que el niño durmiera; él no dormía, pues tenía que vigilar que Satanás no los atacara. La policía los encontró y le pidieron que entregará al niño, pero él no lo hizo porque querían matar al pequeño, entonces huyó y logró despistarlos. Volvió a casa por sí solo. Allí lo esperaban la policía y el juez para ingresarlo.

En la tercera ocasión pensaba que él era el Espíritu Santo. Volvió a coger el coche y pensaba que se lo encontraría. Cuando se creía Dios y veía a sus hijas, lloraba porque sabía que se transformarían en inmortales y nunca más las volvería a ver.

En todas las ocasiones fue necesario hospitalizarlo durante un mes. Cuando se explora la existencia de algún episodio de depresión, Pablo dice haber tenido únicamente uno. Según él, la depresión le fue provocada por una negligencia en la medicación: durante el primer ingreso le fue recetado un medicamento que como reacción le causó «sesenta días de tristeza». El Dr. X fue quien le explicó qué le pasaba y le recetó el litio. Quiso denunciar al primer psiquiatra y a la Seguridad Social, pero el Dr. X le dijo que no valía la pena, pero él sabe que todavía podría armar un buen lío con todo aquello. Durante aquel período de tristeza, se sentía muy culpable por haber fracasado en su vida: había llevado a su empresa a la ruina y no había hecho una previsión de futuro para sus hijos. Él debía morir, e incluso planeó cómo hacerlo: llevaría a sus dos hijas en coche a un campo abierto y lo haría volar con un carga de butano y con los tres adentro. Al hijo pequeño lo dejaría con la madre, un único hijo no sería una carga muy grande. Prácticamente durante todo ese tiempo permaneció en la cama, aunque necesitó pastillas para dormir. No tenía hambre: adelgazó más de 10 kilos.

Cuando se explora la presencia de alucinaciones, Pablo comenta que, cuando trabajaba, veía en la tapia que tenía delante de la ventana de su despacho, caras cuadriculadas con movimientos en los ojos y la boca. Se le pide aportar algún informe y Pablo facilita la hoja de asistencia de urgencias de un hospital, con fecha del año anterior, en el cual se lee:

Paciente de 53 años de edad que consulta por presentar problemas de insomnio las últimas semanas. En la exploración se muestra despierto, orientado, con una leve tendencia a la hipertimia, motórico expansivo y actitud demandante aunque no hostil ni con heteroagresividad verbal.

Corresponde a un ingreso de seis días. Respecto a esto, dice que la última vez que fue ingresado por problemas de insomnio, no tomó la medicación hasta que no le administraron aquella que él sabía que le iría bien. Amenazó con ir al juzgado de guardia si el hospital seguía encubriendo las negligencias del médico.

En la actualidad, su medicación diaria incluye Plenur, Diazepan 10 y Largactil 25. Para controlar los niveles de litio, se debe hacer análisis cada tres meses.

Ahora dice encontrarse bien aunque nota que su memoria funciona lentamente. Solo puede dormir si toma pastillas. Nunca ha tenido problemas con el alcohol excepto en los períodos en que estaba eufórico; entonces llegaba a tomarse ocho whiskys al día. Le gustaría volver a montar otro negocio, pero lo ve difícil porque la gente es poco responsable en su trabajo.

Como antecedentes familiares, sobresale su abuela paterna, quien se prendió fuego siguiendo las órdenes que alguien le dictaba desde el interior de su cabeza.

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