Una Sonrisa Patológica – Reír por no Llorar

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Sinopsis:

Cuántas veces has visto a alguien reír de tal manera que aparente una extrema felicidad, que aparente que todo va bien, que no hay nada de qué preocuparse. Que piense que todo lo tiene y que nada le falta, que piense que todo lo sabe y nada debe aprender, en mi caso he encontrado algunas personas con estas características, y desde que los conocí sabía que detrás de esa sonrisa existía algo patológico, algo enfermizo, algo que quería ocultar, pero mientras más trataba de ocultarlo lo más manifestaba

Desarrollo:
Angel- “El chico Feliz”

Hace mucho tiempo, conocí a un chico llamado Angel, aquel chico era el nuevo de la empresa, el primer día de labores tuve la oportunidad de socializar con él y noté algo, el chico reía por cualquier cosa, con el simple hecho de mencionar su nombre mostraba una sonrisa. Al inicio no le di tanta importancia pensé que quería ganarse la confianza de todo mundo, pero al transcurrir el tiempo note que aquella sonrisa era una sonrisa patológica.

Sentía que detrás de esta sonrisa, existía el corazón herido de un niño.
Así que me tomé la libertad de indagar en su vida, pero antes me gane su confianza. Al cabo de dos meses de conocerlo, comenzó a contarme su vida, me dijo que nunca había conocido a su madre y que había sido abusado por su padre. Su padre lo dejo abandonado en un refugio de huérfanos desde los ocho años de edad, y desde ese entonces vivió en aquel refugio para huérfanos.

El chico tenía 18 años, había pasado más de 10 años en aquel refugio, nunca conoció a su familia, a sus hermanos, oh por lo menos a un ser cercano a él.

Recuerdo bien aquella mañana, estábamos desayunando juntos, y fue en ese momento cuando me dijo, Ulises sabes porque río?, al instante contesté que no, y me dijo “yo río por no llorar”, no me gusta que la gente vea mi sufrimiento, por eso es que río, por eso es que me muestro alegre, pero la verdad que he sido muy desdichado.

He sufrido tanto que no quisiera recordar, por eso río. Cuando sonrío siento que el pasado se olvida, siento que puedo ver hacia adelante por eso rio por no llorar.

Me gustaría, poder contar toda la historia pero no quiero aburrirlos, así que seguiré con el post, pero prometo que en otro momento, escribiré la historia de Angel “El Chico Feliz”

La Manía
La manía viene ser una psicopatología de la alegría. Las alegrías son pasajeras, mientras el paciente maníaco presenta un estado de permanente alegría y felicidad.
La manía es lo contrario la depresión, sin embargo ambas pueden presentarse en un mismo paciente, quizás por ello es que algunos psicopatologos del siglo XIX tengan la convicción de que ambas forman parte de una misma enfermedad.

Al contrario de la depresión, existen, relativamente, pocas investigaciones sobre la manía.

Esto debido, seguramente, aquel manía es un cuadro menos frecuente que la depresión, y también aquel ser humano parece reconocerse mejor en sus tristezas que en sus alegrías.

El sujeto maniáco experimenta, aparentemente, una alegría incontenible. Su mismo aspecto exterior da buena cuenta de ello. Su cara es sonriente, se manifiesta cordial, da muestras de una gran actividad y, en términos generales, parece ser un hijo de esta tierra que lejos de encontrarse en un desierto está en un paraíso. Si nos ponemos en contacto con él se manifestará sumamente afectuoso; quiere ser nuestro amigo y pondrá todo su esfuerzo en conseguirlo. Un amigo es alguien que comparte con nosotros una visión determinada del mundo, por eso nuestro diálogo con él discurre ordenada sosegadamente. Con el maníaco las cosas no ocurren exactamente así. Se trata de una especie de amistad unilateral. El es el que quiere ser mi amigo, hirieron es el que afirma imperiosamente que nuestras visiones del mundo son las mismas. Claro que para hacer estas afirmaciones no nos ha preguntado nada. Nuestro aspecto exterior, dice él, le ha llevado al convencimiento de que somos almas gemelas.

Un profano pensaría que el maníaco, cualquiera que sea su sexo, nos está haciendo una declaración de amor. El maníaco actúa así, pero los hechos están muy lejos de sus pretensiones. El no quiere, si hemos de aceptarlo así, pero se toma el más mínimo trabajo en averiguar cómo somos. Si nosotros, tímidamente, tratamos de darnos a conocer, puede suceder que el lo encuentre todo maravilloso, pero no tardamos en darnos cuenta de que esas supuestas maravillas no nos pertenecen, sino que son imaginadas por él a su medida. Si insistimos en que dice todo lo contrario de nosotros es probable que se torne agresivo y pasemos de ser su mejor amigo al más despreciable de los hombres. Al maníaco no le interesa cómo somos, sino que le interesa que seamos de una determinada manera, que juzgan maravillosa y que a nosotros nos parece ajena a nuestra identidad.

Si el sujeto maniaco le decimos que somos psicólogos, inmediatamente se muestra tan seguro de que somos el mejor psicólogo. Porque él es ” nuestro amigo” y es capaz de darse cuenta de nuestra magnificencia.

En el maníaco, trata de crear en el otro una identidad, pero es la identidad que él desea de nosotros, no lo que en realidad somos. Bien lo dijo Martín Heidegger al decir que la esencia de la verdad consiste, en general, en dejar el ser, el maníaco está en la falsedad. El maníaco no deja que las cosas sean lo que son, para así poder captar las en su propia identidad, sino que responde el ser que le conviene.

La vida de vértigo que lleva el maníaco es una huida del mundo. Ya que detrás de la alegría del maniaco se encuentra un conflicto interno. El maníaco es un hombre que se rebela contra su destino.

Las drogas
La persona que se droga provoca artificialmente un síndrome de huida maníaco. Escapa del mundo exterior, lo mismo que para el maníaco, ha dejado de ser un lugar extraño y frustrante, para transformarse en algo próximo, unido a su cuerpo, que es capaz de propiciar y de toda suerte de satisfacciones. Es decir, la búsqueda del placer y escape a la realidad.

Para maníaco nueve límites, todos sus descabellados proyectos son fácilmente realizables, porque no hay nada que no posea. Sabe todos los idiomas, tiene todos los títulos, pero, sobre todo, el es más que nadie. A tal punto de pensar que ha tomado el lugar de Dios.

El maníaco percibe el mundo y se fuga de él, rigiendo contra la inversión en ello. Reír por no llorar; eso es lo que hace, y es consciente de por qué lo hace.

La persona hipócrita
La hipocresía o mala fe del maniáco consiste en negar su infortunio y presentarse como el más feliz de los hombres. Por eso no nos sorprende que una vez pasada su ” fase” de manía, caiga en la depresión o, en cualquier caso, sea un ser incapaz de asumir su historia.

El maníaco en la clínica
En términos clínicos la manía es, si queremos, un cuadro mucho más grave que la depresión. El deprimido capta el sin sentido auténtico de la vida, el maníaco lo niega.

El maníaco y el sentido del humor
El maníaco utiliza también en sentido del humor. Torres un humor que carece de gracia, porque no respeta las características del mundo interpersonal. Por eso, aunque el maníaco Uría, nosotros no reímos con él. Su humor carece de profundidad. Es un humor no inteligente, en el auténtico sentido de la palabra, porque no capta el fondo mismo de la realidad, sino que suele quedarse en un superficial juego de palabras. Los sujetos que padecen lesiones cerebrales pueden presentar cuadros maníaco con unas características análogas a los descritos, pero a su humor le falta tanta entraña que no nos hace ni esbozar una sonrisa. Es un humor hermético e infantiloide, que no encuentra la realidad misma.

La vida del maniaco
Mientras el hombre alegre experimenta la liberación de su ser, el maníaco huye del mismo. El maníaco vive en un presente sin pasado. Quizá sea más cierto decir que reconstruye, hipócritamente, su pasado, que es un rescatado en un futuro sin limitaciones.

En Conclusión: 
Quizás, sea que he mi recorrer en la vida, he encontrado tanta gente, que ha sufrido y rie por no llorar, sin darse cuenta que mientras mas refuerzan esta actitud se hacen mas daño, afectan mas su vida cotidiana, haciendo de su sonrisa algo patológico.

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