El uso de etiquetas en la escuela

uso de etiquetas

¿Qué harías? Si llegando a la escuela. Justo al momento de entrar a tu oficina te encuentras con los resultados de las pruebas aplicadas a los alumnos, que incluyen las puntuaciones de una prueba colectiva de inteligencia aplicada a estudiantes de primero y segundo de secundaria. Pero también encuentras los mensajes de dos padres que se enteraron de la llegada de los resultados y quieren reunirse con usted para conocer las calificaciones de sus hijos, en especial, como lo menciona uno de ellos, “averiguar qué tan listo es realmente nuestro Jaime”.

Al ver los resultados y las notas te preguntas ¿qué debe hacer? ¿Qué uso hará de la información? ¿Cómo respondería a las notas de los padres? ¿Compartiría con ellos la información de los resultados?

Psicología educativa y uso de etiquetas

En lo que refiere al área educativa, siempre abran niños que tengan puntuaciones más altas que otros. Esto sucede porque cada niño es un conjunto único de talentos, habilidades y limitaciones, y aunque en ese sentido todos somos “especiales”, por lo regular se emplea el término para referirse a estudiantes que tienen habilidades o problemas en el aprendizaje y que requieren de educación especial u otros servicios para desplegar todas sus capacidades.

En el ámbito escolar tiende a etiquetarse como “estudiantes especiales” a quienes pueden presentar retardo mental, dificultades de aprendizaje, trastornos de comunicación, emocionales o conductuales, discapacidades físicas, autismo, lesiones cerebrales traumáticas, debilidad visual o auditiva, o bien habilidades y talentos especiales.

En mi experiencia como psicólogo escolar, he notado que el uso de etiquetas es muy común, por eso mismo creo necesario advertir que el uso de etiquetas para referirse a los estudiantes es un asunto controvertido.

Una etiqueta no puede decirnos cómo es un niño, solamente nos dice que algo no está bien y debe ser tratado. Por ejemplo, el “diagnóstico” de retardo mental no indica de manera automática cuál es el tratamiento requerido, ya que es posible acudir a muchos materiales y estrategias de enseñanza.

Por otro lado, las etiquetas pueden convertirse en profecías realizadas en la medida en que los interesados (maestros, padres, compañeros y hasta los propios estudiantes) consideren que tal etiqueta es un estigma imposible de borrar.

Es común confundir etiquetas con explicaciones y esto es recurrente en educadores: por ejemplo: algunos educadores pretenden señalar que “Cristina se mete en problemas porque tiene un trastorno de conducta”. Cuando escucho decir algo como esto, siempre hago una pregunta similar a “¿Qué te hace pensar que tiene un trastorno de conducta?” y la respuesta recurrente puede ser “Porque se mete en problemas.”

Algunos educadores piensan que, si un niño es etiquetado como “especial” se protege al niño. Por ejemplo, suponen que si los compañeros saben que un chico es retardado se mostrarán más dispuestos a aceptar su comportamiento.

Al contrario, etiquetar a un niño es igual que ponerle un margen y decirle de aquí no pasas, así que el niño se verá así (como un retrasado) aunque en realidad no lo sea. De esta manera, las etiquetas estigmatizan y, al mismo tiempo, ayudan a los posibles agresores a actuar en contra del “niño especial”.

Aun pasa con diagnósticos hechos por psicólogos en los que los diagnósticos no tienen precisión, así que es necesario mostrar cautela al describir a un ser humano con una o dos palabras.

Esta advertencia se aplica también a muchas de las descripciones que es común escuchar a diario en las escuelas. Algunas personas hacen uso de etiquetas como “retardados mentales” o “estudiante en riesgo” porque piensan que representar a una persona con una o dos palabras implica que la condición descrita es su característica más sobresaliente. Sin embargo, una persona tiene muchas habilidades, y concentrarse en una discapacidad equivale a formarse una imagen errónea.

¿Cómo solucionar el uso de etiquetas?                                                                        

Una alternativa es hablar de “estudiantes con retardo mental” o de “estudiantes en situación de riesgo”, pues de esta manera el énfasis se desplaza al estudiante. Una de las etiquetas más utilizas es el de “retrasado mental” y que tiene relación con el CI (cociente intelectual) de cada persona. Estos son temas que se deben tratar y explicar con detalles para prevenir el uso de etiquetas.

Referencia:  Woolfolk, Anita E. “Psicología Educativa” Habilidades y problemas de aprendizaje. 7ma. Edición. Editorial PRENTICE HALL. México. 1999.  pág. 112

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