Verónica: Una adolescente en terapia

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Verónica es una adolescente de 17 años. Ella misma pide psicoterapia. Tiene muy buenas notas, pero se acaba de pelear con Javiera, su única amiga, quien le dijo: «Hazte ver, eres demasiado rígida. Por eso te quedas sola». Esas palabras le dolieron y también le hicieron sentido.

Una adolescente en terapia

Verónica es muy correcta: no fuma, no toma, no carretea. No entra en contacto con personas que le parecen, desde lejos, inmaduras o inadecuadas. Su madre la abandonó cuando ella tenía 4 años: «Ella era alcohólica. Yo creo que todavía lo es. Perdí el contacto con ella. Vivo con mi papá, que ha sido mamá y papá conmigo. Yo no quiero ser como mi mamá: eso me aterra». Le digo: «Parece que tu esfuerzo por alejarte del ejemplo de tu mamá, que ha sido incorrecta contigo, ha hecho que a veces te vuelvas demasiado correcta». «Yo nunca voy a ser alcohólica. Tampoco me gustaría tener hijos. No quiero correr el riesgo de fallarles».

Tres meses después, Verónica me cuenta que fue por primera vez en su vida a un carrete, que probó la cerveza pero que no le gustó, aunque sí el espumante. «Lo pasé mejor de lo que pensaba. Incluso bailé. El domingo llamé a la Javi y le pedí disculpas, ella también a mí». Su papá me dice: «La Vero parece otra persona: está mucho más relajada, más suelta, más sociable. El fin de semana fue a una fiesta.

Me contó que probó el alcohol. Otros papás podrían preocuparse por esto, pero a mí me tranquiliza. Sé que ella, por su forma de ser, nunca va a pasarse para el otro lado. A mí me alivia que esté saliendo de su burbuja y que pueda vivir como una adolescente de 17 años, viviendo las experiencias que son propias de su edad. Ya no es la vieja chica del año pasado. En el colegio sigue siendo responsable con los estudios».

A la sesión siguiente, Verónica llega con una amiga: “Ella es la Javi, me va a esperar. Después nos vamos a juntar con la Pao, otra amiga. Vamos a ir las tres juntas a vitrinear por Provi”.

Conclusión: muchos hijos de padres disfuncionales tienden a forjar una personalidad opuesta a las que vieron en ellos como una forma radical de diferenciarse. En ese esfuerzo, a veces opera la ley del péndulo: se adhieren rígidamente al polo opuesto.

Una psicoterapia puede ayudar a limar estas polarizaciones y a incorporar saludables matices en la experiencia de vida. Ni demasiado incorrecta, ni demasiado correcta: poder transitar con libertad por todo el continuo. De eso se trata.

Referencia: León Pinto, Sebastián L. “Diario clínico: cuadernos de un psicoterapeuta” Santiago : RIL editores, 2015. Pág 101

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